Reseña de Veena Das (2016). Violencia, cuerpo y lenguaje.

Review of Veena Das (2016). Violencia, cuerpo y lenguaje.

Ángel Gael González Madariaga

an_m4@outlook.com

Universidad Autónoma de Aguascalientes, México

ORCID: 0009-0000-2360-4411

 

 

RESEÑA

 

Recibido: 10|03|2026 • Aprobado: 18|03|2026

Das, V. (2016). Violencia, cuerpo y lenguaje. Fondo de Cultura Económica.

RESUMEN

El texto Violencia, cuerpo y lenguaje de Veena Das analiza la violencia no como un acontecimiento excepcional, sino como una fuerza que reconfigura las condiciones mismas de la experiencia y la vida cotidiana. Después de la partición de la India, la autora explora como la violencia se adhiere a los cuerpos y transforma la relación entre lenguaje, dolor y mundo. Asimismo, se examina la dimensión ética de la reconstrucción de la vida cotidiana tras la catástrofe y la implicación del Estado en la administración de los cuerpos y la soberanía. En conjunto, la obra plantea que la violencia transforma no solo los cuerpos, sino también las formas de habitar el mundo.

Palabras clave: Violencia; Cuerpo; Vida Cotidiana; Estado; Lenguaje

 

 

Reseña

 

 

Introducción:

La obra Violencia, cuerpo y lenguaje de Veena Das articula su reflexión a partir de escenas etnográficas, narraciones fragmentarias y desplazamientos conceptuales que atraviesan múltiples niveles de análisis: el lenguaje, el cuerpo, la vida cotidiana, el Estado y la experiencia del dolor. En este sentido, una lectura estrictamente lineal que se limite a seguir el orden de los capítuloscorre el riesgo de reducir la densidad conceptual del texto a una simple reconstrucción temática. Por tal razón, el presente ejercicio no revisa el libro siguiendo de manera estricta la secuencia de sus capítulos, sino que organiza su análisis en torno a algunos de los problemas filosóficos que atraviesan la obra. Esta metodología busca poner en relieve la arquitectura conceptual del texto y mostrar cómo las reflexiones de Das se articulan en torno a una serie de tensiones fundamentales.

Esta forma de lectura permite comprender que el proyecto de Das no consiste simplemente en describir episodios de violencia asociados a la Partición de la India, sino en interrogar las condiciones bajo las cuales el mundo puede seguir siendo habitable después de haber sido atravesado por la devastación. La violencia no aparece en la obra como un acontecimiento excepcional o marginal, sino como una fuerza que transforma las condiciones mismas de la experiencia, alterando la relación entre cuerpo, lenguaje y vida cotidiana. A partir de este marco interpretativo, la presente reseña consta de cuatro momentos principales. En primer lugar, se examina la manera en que Das sitúa la violencia en el umbral entre lo metafísico y lo ordinario, mostrando cómo la devastación redefine las condiciones de habitabilidad del mundo. En segundo lugar, se analiza el problema del dolor y su relación con el lenguaje, especialmente en el marco de la crítica a las limitaciones de las ciencias sociales para comprender el sufrimiento. Posteriormente, se aborda la dimensión ética de la vida cotidiana y la responsabilidad que emerge después de la catástrofe. Finalmente, se examina la dimensión política del texto, particularmente la relación entre violencia, soberanía estatal y administración de los cuerpos. Más que ofrecer un simple resumen del contenido del libro, el objetivo es mostrar cómo, en el pensamiento de Das, la violencia se desplaza desde el registro del acontecimiento hacia el de la transformación del mundo y de las formas de habitarlo.

 

I. El río entre lo metafísico y lo ordinario.

Veena Das aborda la violencia no como un acontecimiento excepcional, sino como un fenómeno que trastoca la experiencia del mundo y que reproduce y define las condiciones mismas de habitabilidad en lo cotidiano. “Lenguaje y cuerpo” es el segundo capítulo de esta obra y sitúa la reflexión en la Partición de la India, momento en el que el deseo nacionalista fue trastocado en violencia sexual” (Das, 2016, p. 65). La violencia no aparece como una mera irrupción histórica, sino como una inscripción brutal sobre los cuerpos particularmente los de las mujeres, convertidos en superficies de memoria y en espacios de disputa simbólica. Este momento, describe Das, puede entenderse como una escena en la que el mundo se vuelve ajeno. La autora se pregunta cómo debe una habitar un mundo que se ha vuelto extraño a través de la experiencia desoladora de la violencia y la pérdida” (2016, p. 76). La violencia no es un hecho relegado al pasado: implica una transformación radical del sentido. Las escenas de violación, rapto y brutalidad constituyen el umbral (quizá metafísico) en el que se viven las escenas de la vida ordinaria” (2016, p. 76).

La noción de umbral es una figura recurrente en el análisis, pues la violencia no queda confinada al registro de lo extraordinario, sino que marca el punto de transición desde el cual la vida cotidiana debe reconstituirse. Para pensar esta relación entre ruptura y continuidad, Das retoma una metáfora de Stanley Cavell: la filosofía como un río que corre entre la orilla de la metafísica y la de lo cotidiano. Para Das, estas orillas son precisamente los espacios donde ocurren los sucesos de violencia, la violación brutal y el rapto de mujeres, así como las dolorosas inscripciones de eslóganes nacionalistas sobre los cuerpos femeninos.

La autora advierte que no podemos desterrar tales imágenes a un horizonte lejano, pues siempre existe la tentación de mantener la violencia oculta. En este sentido, la violencia no pertenece exclusivamente al ámbito de lo extraordinario: su fuerza radica en la manera en que reconfigura silenciosamente la textura misma de lo ordinario. Este tipo de desplazamiento ontológico se profundiza cuando Das analiza el duelo. En muchas sociedades, afirma, la antifonía del lenguaje y el silencio recrea el mundo en medio de la pérdida trágica a través de las transacciones entre el lenguaje y el cuerpo” (Das, 2016, p. 76).

La violencia no destruye sin dejar restos: deja tras de sí un mundo inhabitable que debe ser reconstruido mediante prácticas corporales y lingüísticas. De este modo, las transacciones entre el cuerpo y el lenguaje” permiten que la extrañeza del mundo revelado por la muerte […] pueda transformarse en un mundo en el que sea posible morar de nuevo” (Das, 2016, p. 76). La violencia es, entonces, tanto una devastación como la condición de posibilidad de una nueva configuración del mundo.

La dimensión corporal de esta transformación se reitera de manera particular en el concepto de conocimiento envenenado”. Las mujeres que sufrieron violaciones durante la Partición recuerdan esas experiencias como un veneno inoculado en su interior: hablan de haber tomado veneno y haberlo guardado dentro de su cuerpo” (Das, 2016, p. 84), incorporando el dolor a su vida cotidiana. La violencia no es un hecho externo, sino una sustancia que se internaliza y altera la relación entre cuerpo, memoria y mundo. Este despliegue ontológico de la violencia no se reduce a los actos violentos en sí, sino que se abre como una reflexión sobre cómo el dolor se vuelve constitutivo de la subjetividad y de la experiencia ordinaria. Así, Das desplaza la comprensión de la violencia desde el registro del evento hacia el de la transformación del mundo y de las formas de habitarlo.

 

 

 

II. Dolor, cuerpo y lenguaje.

Uno de los problemas que atraviesa Violencia, cuerpo y lenguaje es la dificultad de pensar el dolor desde las categorías tradicionales de las ciencias sociales. Das reconoce explícitamente esta limitación al afirmar que, cuando se intenta escribir los significados de la violencia contra las mujeres, rara vez se alcanza a comprender “los lenguajes del dolor a través de los cuales las ciencias sociales podrían mirar o tocar los cuerpos textuales en los que se escribe este dolor, o bien convertirse en ellos” (Das, 2016, p. 67). La cuestión no es meramente descriptiva, ¿Cómo puede el conocimiento académico dar cuenta de un dolor que se inscribe en el cuerpo y que sobrepasa los marcos analíticos habituales?

El problema crece con el contexto de la Partición, donde la violencia colectiva alcanzó dimensiones sin precedentes. Das recuerda uno de los primeros estudios sobre ese periodo, y cómo este afirmaba que la historia nunca había conocido una guerra fratricida de tales dimensiones, una caracterizada por el asesinato de ancianos decrépitos, mujeres indefensas, niños desvalidos y bebés de brazos” (Das, 2016, p. 67). Sin embargo, mas allá de los registros cuantitativos, la autora desplaza la atención a la experiencia vivida del dolor y la manera en que logra o fracasa articularse en el lenguaje.

De esta forma, la relación entre el dolor y el lenguaje no queda clara. Das advierte que la idea deromper el silencio” puede convertirse en un gesto problemático si se supone que basta con desenterrar hechos ocultos para restituir la verdad de la experiencia. En este sentido, la tarea de conferir poder a las mujeres para que estas hablen se vuelve muy complicada”, ya que la imaginería de romper el silencio puede terminar convirtiéndose en un arma (Das, 2016, p. 73). El dolor no se deja simplemente extraer y traducir; sino que exige comprender la relación entre dolor y lenguaje que ha evolucionado en una cultura” (2016, p. 73). Por lo que el conocimiento del dolor no depende exclusivamente de la voluntad de decir, sino de las formas culturales que hacen posible su expresión.

La conceptualización del dolor que propone Das se apoya en la lectura de Wittgenstein que permite desplazar el problema desde la certeza hacia el reconocimiento. Das afirma que, al seguir esta línea, dejamos de pensar que las afirmaciones acerca del dolor son del mismo tipo que las preguntas sobre la certeza o la duda, y empezamos a concebir el dolor como como una solicitud de reconocimiento y aceptación” (Das, 2016, p. 74). Formulación que transforma el estatuto epistemológico del sufrimiento, ya que conocer el dolor del otro no es verificarlo como un dato, sino responder éticamente una demanda de reconocimiento.

Finalmente, en relación con esto quiero hacer hincapié sobre la escena narrada a partir del relato de Manto, que ilustra de qué forma el lenguaje crea espacios de habitabilidad incluso en el límite de la devastación. Cuando el padre exclama “¡Mi hija está viva!”, su voz da vida a su hija en el discurso” (Das, 2016, p. 82). Es una palabra que no niega la violencia sufrida, pero produce una especie de hogar discursivo en el que el cuerpo violentado es reconocido. El dolor del otro no sólo pide un hogar en el lenguaje, sino que también busca un hogar en el cuerpo” (Das, 2016, p. 74). El conocimiento del sufrimiento no es solo representación, pues implica la creación de un espacio donde el dolor pueda ser acogido.

 

III. Ética de la vida cotidiana y responsabilidad después de la devastación.

Quedan varias preguntas por plantear. La reflexión avanza hacia la pregunta por la vida después de la catástrofe. En este desplazamiento, la cuestión central deja de ser sobre qué ocurrió, para pasar a ser sobre cómo se vuelve posible habitar el mundo tras la devastación. La autora sugiere que, incluso donde la violencia parece haber desgarrado de forma irreversible el tejido social, la reconstrucción no se logra a partir de los grandes gestos políticos, sino en la trama discreta de lo ordinario.

Para Das, la vida cotidiana no es un simple retorno a la normalidad previa, sino un espacio de trabajo ético. Después de la Partición, las familias, las comunidades y las mujeres que sobrevivieron a la violencia tuvieron que reconfigurar sus vínculos en condiciones profundamente alteradas. La recuperación de todas las mujeres secuestradas, por ejemplo, no fue un acto humanitario, sino una práctica atravesada por tensiones morales, sociales y políticas. El cuerpo femenino se convirtió en un campo de disputa en el que se jugaba no sólo la honra familiar, sino la identidad nacional. La violencia sexual, descrita como transformación del deseo nacionalista” en brutalidad sobre los cuerpos (Das, 2016, p. 65), deja ver que la nación misma se inscribe en prácticas íntimas y domésticas.

La responsabilidad ética no es solo la condena abstracta de la violencia, es reconocer el sufrimiento, que implica la disposición a dejarse interpelar por el otro. Introduce una exigencia que no es jurídica ni meramente política, sino ética, la de acoger la vulnerabilidad ajena sin expulsarla de la vida cotidiana, el lugar donde realmente se pone a prueba esta capacidad del entendimiento.

 

IV. Estado, soberanía y administración del cuerpo.

En la Partición, la violencia no fue únicamente un exceso colectivo o un estallido irracional, sino un fenómeno profundamente imbricado con la formación del Estado y la consolidación de la nación, puesto que fue el cuerpo femenino lo que devino en superficie donde se inscribía la pertenencia nacional. La nación no se constituyó únicamente mediante declaraciones jurídicas o delimitaciones territoriales, sino a través de prácticas que regularon, controlaron y disputaron los cuerpos de las mujeres.

De hecho, la intervención estatal no se orientó exclusivamente a proteger a las víctimas, sino también a restaurar el honor colectivo y reafirmar los límites de la comunidad nacional. El cuerpo femenino operó como marcador de soberanía, como territorio simbólico cuya recuperación” implicaba la restitución de la integridad nacional. Por lo tanto, la violencia y su posterior administración revelan que la nación se construye también a través de la regulación íntima de la sexualidad y la pertenencia.

Si bien la autora sostiene que el mundo puede reinscribirse mediante transacciones entre el lenguaje y el cuerpo” (Das, 2016, p. 76), esas transacciones no ocurren en un vacío social, sino que están atravesadas por decisiones institucionales, mecanismos burocráticos y narrativas oficiales que determinan quién puede regresar, bajo qué condiciones y con qué estatus. El reconocimiento del dolor no es únicamente interpersonal; está mediado por estructuras de poder que delimitan su inteligibilidad. El cuerpo se convierte así en un archivo político, en un lugar donde la historia colectiva se inscribe de manera irreversible.

La obra de Das muestra que la violencia no puede pensarse al margen del Estado. La soberanía no se ejerce meramente en leyes y fronteras, sino también mediante la administración de cuerpos y afectos. La dimensión política del libro no contradice su énfasis en lo ordinario; más bien revela que lo cotidiano está ya atravesado por configuraciones institucionales que condicionan la posibilidad misma de habitar el mundo después de la devastación.

 

 

 

 

 

Referencias

Das, V. (2016). Violencia, cuerpo y lenguaje. Fondo de Cultura Económica.