2025 • https://revistas.uaa.mx/caleidoscopio/index
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Mujeres en la
academia universitaria: contribuciones significativas en el avance
del conocimiento. |
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PRESENTACIÓN
Cynthia Alejandra Ramírez Félix
cynthia.ramirez@edu.uaa.mx Universidad Autónoma de Aguascalientes, México
ORCID: 0009-0000-7644-6509
En las últimas décadas, se ha puesto sobre la mesa la necesidad de adoptar un carácter crítico acerca de la producción de conocimiento, el cual ha mostrado que la academia no constituye un espacio neutral, sino un entramado institucional, histórico y simbólico atravesado por relaciones de poder. El conjunto de estudios y análisis sobre los supuestos epistemológicos, metodológicos y simbólicos que han estructurado la ciencia moderna, identifica en un primer sentido que el desarrollo científico no es una estructura neutra, universal y del todo objetiva, sino que posee una serie de sesgos que transforman de manera profunda las formas de conocer, investigar, aplicar la tecnología y de interpretar la realidad social. Uno de los ejes principales al identificar dichos sesgos se presenta desde la perspectiva feminista, desde donde se cuestiona la exclusión histórica de las mujeres el ámbito académico. La sola exclusión implica que el organismo científico, junto con sus ramas académicas se presenten no como inocentes ni ahistóricas, sino que han sido construidas bajo el eje patriarcal, occidental y dominante. Y que como sabemos son quienes sustentan qué cuenta como conocimiento válido, y quiénes si pueden acceder y ser reconocidos (as) como sujetos con un valor cognoscente.
Las reflexiones por parte de la epistemología feminista han logrado identificar dichos sesgos dentro de una epistemología plenamente androcéntrica, pero también ha logrado plantear rupturas y reinterpretaciones sobre la idea de un sujeto abstracto y desvinculado de su contexto sociopolítico y cultural, y proponer
nuevas nociones como el conocimiento situado (Haraway, 1995). Blazquez y F. Flores, en su texto Investigación feminista: Epistemología, metodología y representaciones sociales (Blazquez y Flores, 2002) argumenta que todo conocimiento se produce desde una posición concreta, que es atravesado por cuestiones de género, clase social, color de piel, etnia, etc. Identificar dichos factores, conlleva asumir una responsabilidad tanto educativa como epistemológica, que finalmente no busca destituir el rigor científico, sino ampliar los horizontes de conocimiento y con ello abordar los problemas y las múltiples experiencias por los que las diferentes subjetividades han atravesado y continúan enfrentando exclusiones. En este sentido, resulta necesario exponer que uno de los puntos olvidados en el estudio del desarrollo del conocimiento, es que la experiencia desde la subjetividad y la vida cotidiana es también fuente de conocimiento, lo cual permite reconocer que las experiencias individuales están contenidas e imbricadas en una red social de conocimiento, esto último ha logrado finalmente visibilizar las desigualdades de género, y de cómo el mismo sistema científico y académico acentúa y sostiene formas de represión. Reconocer por lo tanto las desigualdades de género en este ámbito, no sólo tiene un manifiesto concreto en la representación numérica, sino en la forma en que se establecen cánones propios de cada disciplina, criterios y estereotipos que estipulan la legitimación del conocimiento.
El presente dossier, que presenta el Volumen 29, Número 53 (2025) de la Revista Caleidoscopio, revista del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, bajo el título Mujeres en la academia universitaria: contribuciones significativas en el avance del conocimiento, se inscribe en un horizonte crítico bajo el propósito de contribuir a la reflexión interdisciplinaria sobre las formas y modos en que las mujeres han sido de manera sistemática y estructural excluidas, subordinadas o incluso invisibilizadas dentro de los ámbitos científicos, y de manera concreta de los espacios universitarios. Visibilizar dichas estructuras, alienta y promueve la
reflexión sobre estrategias contemporáneas de resistencia, reconfigura los modos y las relaciones de producción de conocimiento, al considerar que dicha producción nace de manera específica de un conocimiento situado. El conjunto de textos presentados aquí, posee la virtud de no abordar la cuestión desde una perspectiva homogénea o de carácter universal, sino que parten del reconocimiento de la pluralidad de experiencias, disciplinas y desde distintos contextos, en los que se despliega la vida académica de las mujeres. Podría decirse que el conjunto de textos dialoga entre sí, al tener como marco o cimiento los estudios de género, una perspectiva feminista epistemológica, y rubros que competen a estudios del arte y la cultura. Otra cualidad es que recuperan experiencias empíricas, prácticas artísticas y análisis institucionales que permiten complejizar la comprensión de este enfoque. De este modo, el dossier no responde solamente a identificar las brechas de género, sino que también interroga los supuestos epistémicos que han sostenido la exclusión femenina del “conocimiento legítimo”, así como las formas contemporáneas en que dichas exclusiones se reproducen, a menudo de manera sutil y normalizada.
Encontraremos que uno de los ejes transversales que articula los distintos textos es la crítica al androcentrismo como principio organizador de la academia moderna. Desde que los centros de estudios se consolidaron y después se instituyeron como universidades modernas, bajo el sustento de una legitimidad epistémica, los saberes producidos por mujeres han sido sistemáticamente desvalorizados o excluidos. Este proceso no solo implicó la marginación de las mujeres como sujetas productoras de conocimiento, sino también la definición de un ideal de objetividad, racionalidad y neutralidad que se construyó en oposición a lo femenino. En este sentido, los textos del dossier ponen de manifiesto que la desigualdad de género en la academia no es un problema accesorio, sino constitutivo de la forma en que el conocimiento ha sido históricamente concebido y organizado.
Desde una aproximación feminista en el ámbito de las Relaciones Internacionales, Diana Mantilla y María Fernanda González en su artículo “Las mujeres en las relaciones internacionales” reflexionan sobre la baja representación de las mujeres en esta disciplina y la persistente exclusión de sus aportaciones teóricas y metodológicas. Su trabajo pone de relieve cómo el sesgo androcéntrico ha limitado el desarrollo del campo, al privilegiar ciertas problemáticas y enfoques que sesgan lo que podría ser un panorama completo sobre las relaciones internacionales. A partir de un análisis cualitativo, y a partir de una revisión crítica, las autoras muestran que la falta de integración de perspectivas feministas en los planes de estudio no solo reproduce desigualdades de género, sino que empobrece la comprensión de las dinámicas internacionales. Este texto subraya entonces, la necesidad de una transformación dentro de los programas educativos que reconozca la pluralidad de enfoques como condición para el fortalecimiento disciplinar. Por otra parte, la contribución de Marta Rizo García en “Maternidad y Academia. Obstáculos y Retos” introduce importantes reflexiones para comprender las desigualdades de género en el ámbito universitario: la maternidad. A partir de un conjunto de estudios y de experiencias compartidas con académicas pertenecientes a distintas áreas del conocimiento, el texto examina las tensiones entre vida personal y vida profesional, así como las barreras estructurales que enfrentan las mujeres madres en sus trayectorias académicas. Desde un estudio de género, la autora cuestiona el modelo de productividad académica dominante, que presupone una disponibilidad total y desatiende las responsabilidades de cuidado. Exponer la maternidad como una experiencia situada y socialmente construida, este trabajo identifica la necesidad de repensar las políticas universitarias desde una perspectiva de género que reconozca la diversidad de trayectorias y condiciones de vida.
En el campo de la filosofía, el texto de María Isabel Cabrera Manuel, Arte, memoria y feminismos: teoría y praxis feminista descolonial desde la academia, nos ofrece una valoración autocrítica de un conjunto de trabajos que se reúnen en el proyecto de investigación titulado Arte memoria y feminismo, el cual se instaura como un ejercicio académico pero que trasciende hacia espacios no institucionales. La pertinencia y valor social que presenta el escrito, es la reflexión en el impacto que dicho proyecto de investigación tuvo lugar. Ya que como indica la autora “la reflexión y socialización en torno a estas experiencias de vida son las que dotan de sentido y carácter al discurso (p. 328). Aurora Bustos, en su texto “¿Qué se siente ser filósofa? ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos y cómo vivimos? Reflexiones sobre la academia en tres tiempos”, reflexiona sobre una disciplina que de forma particular y de modo histórico ha sido resistente a la inclusión de las mujeres. Su investigación, surgida a partir del proyecto audiovisual que tiene el mismo nombre ¿Qué se siente ser filósofa? va más allá de ser un registro testimonial, para ofrecer un análisis estadístico y demográfico sobre la presencia de las filósofas en las universidades públicas mexicanas. Los resultados, que son respuestas parciales y silencios por parte de las instituciones, revelan una forma de ignorancia estructural que contribuye a la invisibilización de las mujeres en la filosofía. Dicho trabajo establece la importancia de producir datos sistemáticos como herramienta crítica, así como denunciar que existe de forma muy marcada una la falta de voluntad institucional para reconocer y atender las desigualdades a las cuales se han referido las demás académicas. El trabajo de Claudia Fragoso, situado en el campo de las artes escénicas, “Contribuciones en el conocimiento universitario desde las artes escénicas” ofrece una reflexión importante al cuestionar los formatos tradicionales de producción y circulación del conocimiento académico. A través de una mirada teatral que integra narrativas propias, experiencias artísticas, un lenguaje corporal y dispositivos tecnológicos, identifica las distintas problemáticas contemporáneas como la violencia de género, los movimientos feministas recientes y las nuevas masculinidades. Fragoso expresa cómo una obra nunca es cerrada ni acabada, propone en su lugar, una postura crítica performática, que reconoce la participación activa del público y la dimensión relacional del saber.
Por su parte en “Las mujeres y su lugar en el campo de la ciencia” el texto de Gabriela Martínez Ortiz, la autora nos ofrece un interesante marco histórico y filosófico que permite situar de entrada las problemáticas abordadas en este dossier. Martínez Ortiz analiza la configuración del campo científico en la modernidad, muestra también, cómo la delimitación del conocimiento legítimo y la emergencia de nuevas instituciones académicas contribuyeron a excluir a las mujeres de los espacios de saber. Desde hace siglos, la ciencia moderna, al
establecer criterios cada vez más controlados de cientificidad, invisibiliza y deslegitima no sólo a las mujeres con gran valor epistémico, sino también a prácticas y saberes que no se ajustaban a dichos parámetros. Esta reflexión, me parece que es fundamental para comprender que las desigualdades actuales no son como tal anomalía del sistema, sino efectos históricos de su propio desarrollo. Finalmente, Sandra Cortés Moreno reflexiona sobre la relación entre el arte y la artesanía, así como el lugar que ocupa esta última en el arte contemporáneo. En su artículo “Entre manos y conceptos: Artesanía, arte contemporáneo y la redefinición de lo artístico desde la experiencia de mujeres creadoras” Cortés Moreno relaciona un breve marco teórico con las experiencias de las artesanas y cómo sus prácticas nos conducen a redefinir lo que comprendemos por creación, arte y artesanía.
El conjunto de dichos textos resulta un conjunto de conocimientos con gran valor tanto académico y epistemológico, pero también de experiencias situadas y compartidas. Propone una mirada crítica y situada sobre los modos en que se produce, legitima y se distribuye el conocimiento en la educación superior. Abre un espacio de preguntas, pero también de afirmaciones que invita a repensar las prácticas académicas, las normativas institucionales y los criterios epistémicos desde donde se valida el conocimiento.
Referencias
Haraway D.J. (1995). Ciencia, Cyborg y Mujeres, La reinvención de la Naturaleza. Catedra.
Blazquez, Flores y Ríos (Coords.). (2002).
Investigación feminista: Epistemología,
metodología y representaciones sociales. UNAM.