Arte, memoria y feminismos: teoría y praxis feminista descolonial desde la academia.

 

Arte, memoria y feminismos: decolonial feminist theory and practice from academia.

 

María Isabel Cabrera Manuel

isabel.cabrera@edu.uaa.mx

Universidad Autónoma de Aguascalientes, México.

ORCID: 0000-0002-6417-0792

 

 

ARTÍCULO

 

Recibido: 01|08|2025 • Aprobado: 01|10|2025

RESUMEN:

Este artículo presenta una valoración crítica del proyecto Arte, memoria y feminismo, desarrollado entre 2021 y 2022 para analizar la producción de mujeres artistas visuales en Aguascalientes desde marcos feministas y descoloniales. A partir del proceso colectivo coordinado por la Dra. Raquel Mercado Salas y de la posterior publicación Arte, memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes (2023), el texto examina el diseño metodológico, las aportaciones epistémicas y las implicaciones políticas del proyecto.

La investigación empleó metodologías cualitativas y situadas que concibieron a las artistas como agentes activas y fuentes primarias de conocimiento. Sus relatos, prácticas y experiencias fueron fundamentales para reconstruir la historia del arte local y cuestionar las estructuras de injusticia epistémica que han marginado históricamente a las mujeres en los ámbitos artístico y académico.

El artículo sostiene que iniciativas como Arte, memoria y feminismo amplían los horizontes de las humanidades críticas al promover prácticas de investigación colaborativas y fomentar transformaciones institucionales basadas en compromisos feministas y descoloniales. Estos esfuerzos, se concluye, son esenciales para reconfigurar la producción artística y académica desde la perspectiva del sur global.

Palabras clave: feminismos descoloniales, mujeres artistas, estética feminista, injusticia epistémica, metodologías situadas, investigación colaborativa

 

ABSTRACT:

This article offers a critical assessment of Art, Memory, and Feminism, a research project conducted between 2021 and 2022 that examined the work of women visual artists in Aguascalientes through feminist and decolonial frameworks. Building on the collective process led by Dr. Raquel Mercado Salas and the subsequent publication Art, Memory, and Feminism: Another History of Art in Aguascalientes (2023), the article evaluates the project’s methodological design, epistemic contributions, and political implications.

The study employed qualitative and situated methodologies that positioned artists as active agents and primary sources of knowledge. Their narratives, practices, and experiences served as key elements in reconstructing the local art history and challenging long-standing structures of epistemic injustice that have marginalized women within artistic and academic fields.

The article argues that initiatives such as Art, Memory, and Feminism contribute to the expansion of critical humanities by promoting collaborative research practices and fostering institutional transformations grounded in feminist and decolonial commitments. These efforts, it concludes, are essential for reconfiguring artistic and academic production from the perspective of the Global South.

Key words: decolonial feminisms, women artists, feminist aesthetics, epistemic injustice, situated methodologies, collaborative research

 

 

 

Vivir una vida feminista, es vivir muy bien acompañada.

     Sara Ahmed

 

Entre los años 2021 y 2022, se llevó a cabo una investigación centrada en el trabajo de documentación, análisis biopolítico y estético de la producción de mujeres artistas visuales activas en Aguascalientes[1] y que, en su versión de seminario permanente, proyecto de investigación y la de grupo colegiado,  ha cultivado como coordinadora la Dra. Raquel Mercado Salas durante más de un lustro. Entre otros productos, esta investigación dio como resultado un libro que lleva por título Arte, memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes. Documentación, Análisis biopolítico y estético de la producción de mujeres artistas visuales en Aguascalientes (Mercado, et al., 2023). A partir de los resultados que se observan del mismo, es necesario reflexionar acerca de los objetivos, alcances y necesidades que dicha investigación (con su respectiva publicación) ha generado y puesto en evidencia. Esto permite destacar la relevancia de un esfuerzo de esta naturaleza en su contexto inmediato (para el que fue pensado), así como a sus repercusiones como parte de diferentes proyectos comunitarios para evidenciar y luchar contra las formas de discriminación y violencia patriarcal en la academia universitaria. Asimismo, este análisis permite establecer puntos de encuentro y tejido en el entramado de esfuerzos y aportaciones similares en los ámbitos de la filosofía, las artes y las humanidades, campos de acción prioritarios en los que nos hemos enfocado.

El presente documento busca llevar a cabo una valoración y reflexión autocrítica[2] del ejercicio y resultados investigativos del proyecto Arte memoria y feminismo, lo cual en sí mismo es valioso para el ejercicio académico pues nos permite reconocer las estrategias que pueden mejorar la forma en que desarrollamos nuestro quehacer y futuros proyectos. A la vez, al poner este trabajo en conversación con otros productos de la investigación en el ámbito de la filosofía, las artes y las humanidades que han tenido un espíritu cercano, puede destacarse no sólo la importancia de las aportaciones de las mujeres a la academia y a la construcción del conocimiento, sino lo vital de un enfoque feminista, crítico y descolonial para el trabajo y las comunidades universitarias desde un horizonte situado.

El artículo estará dividido en dos momentos: una primera parte en la que se trata la relevancia de asumir un enfoque y estética feminista descolonial en el estudio de las artes y la cultura tal como se hizo en el proyecto. El segundo momento busca poner en diálogo al proyecto Arte, memoria y feminismo con otros similares que, en su conjunto, muestran la relevancia de las académicas feministas para atender diferentes problemáticas que se presentan en sus campos de estudio.

Asumimos un enfoque feminista y descolonial, por lo que el trabajo se abordará desde una metodología cualitativa que permita destacar y valorar los elementos significativos de análisis, a lo que suman estrategias críticas, autoetnográficas y de enfoque situado que abonen al campo de estudio a través de la investigación participativa y el desarrollo de comunidades de conocimiento, no sólo valiéndose de sus herramientas sino contribuyendo al fundamento del enfoque que las justifica.

 

1.         Arte, memoria y feminismo(s): una apuesta estética descolonial

 

Si empezamos cerca de casa, nos abrimos al afuera.

     Sara Ahmed

 

En el verano de 2020, como parte de la convocatoria institucional para nuevos proyectos de investigación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se registró el proyecto Arte, memoria y feminismo. Documentación y análisis desde la perspectiva biopolítica y estética contemporánea de las prácticas artísticas hechas por mujeres artistas en Aguascalientes en el siglo XXI, con el equipo de investigación integrado por la Dra. Raquel Mercado Salas (como titular responsable del proyecto), Brenda María Antonieta Rodríguez Rodríguez y María Isabel Cabrera Manuel.

Este proyecto de investigación estuvo motivado a partir de la experiencia común de quienes lo integramos de ser docentes de largo tiempo en el ámbito de las artes (visuales, audiovisuales, teorías del arte) con formación teórico filosófica que nos permitía enfocar el objeto de estudio de las artes desde una perspectiva crítica que cuestionaba sus presupuestos, objetivos, ideas acerca de quiénes lo producen.

En nuestra práctica docente, investigaciones doctorales, en el cotidiano compartir nuestras experiencias como académicas del área, se hacía cada vez más evidente no sólo del prejuicio existente en contra de las mujeres que forman parte del “mundo del arte” en cualquiera de sus posibilidades, sino también de los efectos negativos que dichos prejuicios sexistas y claramente colonialistas tenían en las comunidades de conocimiento de las que formábamos parte, principalmente en las dos Instituciones Educación Superior en las que se ofrecen estudios profesionales en el ámbito de las artes en el estado de Aguascalientes, pero que no se limitaban a dichos entornos.

Era para nosotras cada vez más evidente que ciertas ideas y prácticas patriarcales que colocan a las mujeres y disidencias sexo-genéricas en posición de subordinación tenían su correlato fuertemente anclado en la teoría, historia, noción y enseñanza de las prácticas artísticas y que, en su repetición, reiteración y representación, no sólo dificultaban el reconocimiento, desarrollo e incorporación de las mujeres a la vida artística, sino que incluso en las circunstancias complejas en las que las mujeres logran ir estableciendo una trayectoria artística, el discurso sexista en el arte puede (como de hecho lo hace) invisibilizar y anular su participación, logros e importancia en el ámbito de su trabajo.

Estas circunstancias nos habían llevado a nosotras mismas, en nuestros procesos formativos, así como en el ámbito de la investigación o la docencia, a normalizar, minimizar y/o pasar por alto el lugar que habían tenido o que se les había negado a las mujeres en los campos disciplinares a los que nos dedicamos. Pero siendo nosotras mujeres y académicas, no tardamos en vivir en carne propia las violencias estructurales que hacen del desarrollo artístico, intelectual, profesional de las mujeres una actividad tan llena de dificultades, máxime en el ámbito académico, lo que nos acerca a las razones de fondo por las que la participación de nuestras congéneres en el campo del conocimiento era dificultada e invisibilizada.

Distinguimos eso al mismo tiempo de que éramos conscientes de las diversas ventajas que cada una de nosotras pudo tener para desarrollarse personal y profesionalmente aún en un ámbito hostil. Es decir, las condiciones de clase, racialidad o capital cultural que permitieron que tuviéramos carreras académicas. De tal manera que para nosotras era fundamental, desde una perspectiva crítica y descolonial, reconocer que a los sesgos basados en sexo y género había necesariamente que sumar los de clase y raza que complican aún más el acceso a la educación, al bienestar y al desarrollo no sólo a las mujeres, sino a las disidencias sexogenéricas, a las mujeres racializadas y a aquellas que padecen violencia clasista.

Con esa ideas como base de nuestro piso político, y con la convicción de que para ver el cambio en la academia que esperamos que suceda, tenemos necesariamente que sumar al mismo, nos propusimos desarrollar una investigación que, desde nuestro contexto situado permitiera cuestionar la idea de canon artístico que deja de lado el trabajo de las mujeres, así como los prejuicios que lo alimentan y los efectos nocivos que tiene no sólo en la historia y teorías del arte, sino en la vida concreta de las comunidades y particularmente de las mujeres que a él se dedican.

Ese ejercicio crítico fue acompañado de las herramientas teóricas y conceptuales que las autoras y artistas feministas han construido y que permiten por un lado señalar el problema y, por otro, abrir un horizonte de posibilidad para una forma de pensamiento que difiera de la forma tradicional existente, que en su misma forma imposibilita el surgimiento de diferencia.

Pero nuestro trabajo no podía quedarse en el trabajo teórico, que no por valioso es suficiente y al que afortunadamente tantas mujeres han ido contribuyendo de manera significativa para brindar un horizonte en el que podemos darnos cita. Parte de nuestro compromiso con la teoría está fundamentado con una de las pretensiones eje de la investigación: no podíamos, o no podía tener sentido real, hacer una crítica de la visión hegemónica del canon artístico y sus efectos en la vida de las mujeres concretas si dicho ejercicio crítico no pasaba y se nutría también, pero, sobre todo, directamente de la obra y testimonio de las mujeres concretas. Es por ello que la investigación tomó como referencia fundamental a las “fuentes primarias”, como Mónica Mayer, nombra a las artistas y mujeres que hacen y son aquello de lo que teorizamos, las sujetas de estudio no en un sentido pasivo, sino como agentes altamente participativas de lo que la investigación buscaba señalar y destacar.

Así que la investigación, además de haberse sustentado y nutrido de las referencias y reflexiones teórico conceptuales que nos permitieron delinear nuestras preguntas y trayecto crítico, se fundamentó de manera vital en el testimonio, obra y reflexión de diez artistas visuales que residen en el Estado de Aguascalientes: Alicia Cruz, Klaudia González, Olga Terán Cortés, América del Pilar Padilla Coronel, Pilar Ramos, Gabriela Itzagueri Mendoza Sánchez, Alondra Alonso, Sumi Hamano Yabuta, Lucía Castañeda Garma y Cristina Franco. Las trayectorias y producción de las artistas se abordaron reflexivamente desde los ejes críticos de la idea de arte, de la memoria y el feminismo.

Más datos del proyecto y su resultado concreto, se pueden cotejar en el libro Arte, memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes. Documentación, análisis estético y biopolítico de la producción de mujeres artistas visuales en Aguascalientes, editado por el Instituto Cultural de Aguascalientes en 2023 y que se puede consultar para mayor detalle y referencia de lo que aquí se expone. Para este trabajo me centraré en los otros ejes de la labor académica que implicó el proyecto y que forma parte sustantiva de las aportaciones que desde los feminismos llevamos a cabo a la academia universitaria de forma situada.

Para dar contexto del crecimiento de Arte, memoria y feminismos[3], hay que aclarar que es a la vez un grupo colegiado de académicas de la Universidad Autónoma de Aguascalientes que trabajamos en el ámbito de las artes, la cultura y la filosofía y que también bajo ese nombre se reconoce una feminaria[4] permanente de investigación que existe desde 2018[5]. Como hemos dicho, se trata asimismo del título que han llevado el proyecto de investigación antes referido y el libro resultante del mismo.

“Arte, memoria y feminismo” en un inicio, “Arte, memoria y feminismos” (en plural) en la actualidad para poner el acento en la pluralidad de las corrientes feministas, de mujeres y sobre todo de los feminismos descoloniales, es una agrupación/investigación/feminaria, que ha sido el paraguas conceptual y político que nos ha permitido desarrollar buena parte de nuestra actividad académica, desde donde hemos podido organizar, articular y proyectar nuestros intereses, necesidades y apuestas como académicas en el ámbito de las artes, la filosofía y la cultura, como docentes universitarias tanto dentro como fuera de una institución de educación superior pública de la región centro-norte de México. En palabras de Ximena Gómez Goyzueta:

Las que conformamos la línea de investigación que da nombre al seminario, lo hemos hecho a partir de una discusión que, consideramos, debe ser profunda y permanente sobre la necesidad de visibilizar las problemáticas de las violencias de género que se manifiestan en todos los ámbitos de nuestras vidas, y las alternativas o posibles soluciones con las que, desde el arte, la cultura y la investigación humanística y de ciencias sociales con una mirada de género, podemos contribuir. (2020, pp. 55-56).

 

Bajo ese título, al que se le han ido agregando ideas más concretas para nuestras diferentes actividades y proyectos, hemos buscado compartir desde la experiencia, la investigación y saberes comunes, los planteamientos, objetivos, las metodologías, la posición discursiva, el piso político y el establecimiento de compromisos a partir de los cuales construimos y abordamos nuestros tópicos de estudio. Trabajamos principalmente con subjetividades, cuerpos/territorio, prácticas artísticas y culturales, pensamiento y producción simbólica, así como estéticas feministas con la intención explícita de visibilizar, reconocer y estudiar la producción artística, simbólica, cultural y de pensamiento de las mujeres en nuestro contexto.

[...] conceptualizar y redefinir el sentido de lo que significa ser fuente primaria y construir a partir de lo vital de la idea, nos permitió y comprometió a centrar el proyecto en las experiencias, obras procesos creativos e intereses de las artistas, dentro del territorio en que nos localizamos. Su trabajo y lo que han compartido con nosotras dirigen y alimentan la reflexión, los pasos a seguir que requerimos para procesar tan relevante material que necesita ser compartido y conocido. También la fuente primaria implica cambiar el enfoque tradicional que entiende la idea de investigación, y consecuentemente a nosotras como investigadoras, no sólo por lo que conlleva la crítica necesaria al oficio, o al hecho de despatriarcalizar la mirada y la forma de preguntar, también, como fuente primaria, pues nuestras experiencias, trabajos y vidas son las que nos permiten, además de plantear, cuidar y sostener este proyecto como se requiere, como se merece y merecemos. (Mercado, et al., 2023, p.15).

Buscamos así contribuir a disminuir el déficit que la injusticia epistémica producto de una mirada patriarcal y hegemónica ha generado en el campo para enriquecer nuestro ejercicio investigativo y docente, para que las, los, les estudiantes y nuestra comunidad en general puedan y podamos acceder a una visión más justa, amplia, situada y representativa de los estudios del arte, la filosofía y la cultura que no les/nos excluyan de manera tácita.

Aunque las aristas y actividades que Arte, memoria y feminismos ha tenido hasta el momento son de una pluralidad disciplinar y temática que nos llena de satisfacción, en este apartado se verán algunos elementos generales de lo que ha englobado. Más adelante se profundizará sobre la reflexión del impacto que el proyecto de investigación de 2021-2022 y el libro resultante van mostrando en nuestra comunidad (dentro y fuera de la Universidad) y cómo se vincula con otros proyectos, recientes y no tanto, en los que reconocemos una motivación en la que encontramos valiosos aprendizajes que hay que destacar como parte de lo que hoy hacemos las mujeres dentro de los entornos académicos como parte vital de nuestros quehaceres, tanto en sus similitudes como en sus diferencias:  visibilizar las formas de discriminación y violencia sexista normalizadas en los entornos de creación y formación de conocimientos, la estrategias para acabar con ellas y el reconocimiento del trabajo académico realizado por las mujeres de nuestra área.

Entendemos el problema del sexismo como uno de descalificación ontológica de las mujeres y las disidencias sexo-genéricas, como lo plantea Geneviève Fraisse:

C’est même la finalité du sexisme, que de dire: «Vous n’êtes pas de la même qualité que moi». Si on pense en termes de qualité, on se place, même malgré soi, dans un langage ontologique et non juridique, ontologie que dit l’être et non le droit. Oui, on peut prendre acte de ce que le juridique peine à lutter contre le sexisme et c’est là que nous devons être exigeants quant à la définition. (2020, p. 191)[6].

Es por ello que, como su nombre lo indica por su primera palabra, nuestros trabajo y comunidad se desarrollan desde una perspectiva feminista, puesto que es el lugar desde donde podemos comprender, visibilizar, resistir las formas patriarcales presentes en nuestro ámbito de competencia, con lo que además de atender a una cuestión de justicia epistémica, se nutren y enriquecen nuestros campos de estudio:

Pensar desde el feminismo implica reconocer no solo una proliferación de objetos de reflexión antes considerados intrascendentes, sino aceptar la existencia de una subjetividad compleja que nos obliga, no sólo a duplicar, sino multiplicar, los objetos tanto como las perspectivas del conocimiento científico y filosófico. (Gómez Campos, 2014, p. 2)

Aunque las artistas de los feminismos son de una vastedad difícil de abarcar, nuestro trabajo se coloca en la intersección de la filosofía, la cultura y las artes, desde donde buscamos construir alternativas sensibles que apunten a una forma de pensamiento, acción y creación que no reiteren las formas de violencia que solemos experimentar en los espacios abocados a la enseñanza y las artes.

Es fundamental reconocer que ese camino no lo andamos solas, y que el trabajo que las mujeres han realizado desde hace décadas en ese terreno es muy importante para nosotras, no sólo porque forman parte de nuestras referentes, sino porque son una muestra explícita de la necesidad histórica de un enfoque feminista en el quehacer teórico enfocado a las artes y la cultura, pues este se ha caracterizado por ser uno de los espacios simbólicos donde más claramente opera la violencia sexista, clasista y racista, en suma, de un pensamiento “tradicional” que justifica dichas formas de violencia y exclusión:

Estoy convencida de que es importante elaborar una estética no «femenina» sino «feminista». Para llegar a lo segundo hay que reflexionar sobre lo primero y tomar en cuenta las complicaciones de la subjetividad, y las investigaciones feministas sobre la teoría estética necesariamente se dirigen a una crítica de los supuestos tradicionales. (Ecker, 1986, p.18)

Además, para nosotras es fundamental distinguir que los esfuerzos de nuestra comunidad están orientados por su praxis descolonial. El trabajo de los feminismos en el arte tiene un momento de referencia muy reconocido en la teoría y arte feministas del norte global de las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado. Reconocemos en ese campo el trabajo elaborado por autoras como Linda Nochlin, Griselda  Pollock, Rozsika Parker, Laura Mulvey, Gisela Ecker, Claire Johnston, Kate Millet entre otras muchas otras teóricas, o de artistas como Agnes Varda, Cindy Sherman, Mary Shapiro, las Guerrilla Girls, Judy Chicago y de las que dieron vida al Woman’s Building por ejemplo, impulsadas por el deseo feminista de ver formas artísticas y hacer una teoría e historia del arte que desafiara las ideas patriarcales, que apuntara a la liberación de las mujeres, así como al reconocimiento de su producción artística y simbólica.

Sin embargo, como mujeres situadas en el sur global, cuyos cuerpos-territorio están atravesados por las formas del poder y la violencia colonialista que incide en la intensidad del patriarcado (Segato, 2018) a través de la multiplicación de las formas y profundidad de las violencias propias de la opresión patriarcal, es importante recurrir al trabajo teórico y artístico que, particularmente desde Abya Yala, se ha realizado para reconocer las aportaciones de las mujeres en el campo de las artes y de la cultura, pensando antes que nada, desde el sur global, desde su diferencia, necesidades y posibilidades.

Aunque el cuestionamiento a la distribución desigual entre centros y periferias en el campo de la cultura se haya discutido durante décadas, esta sigue articulando el circuito global. El arte latinoamericano ingresa en el mercado internacional por aquello que es generalizable, comprensible desde un punto de vista externo; y es este ángulo de lo generalizable el que bloquea la posibilidad de percibir y analizar lo específico (Giunta, 2020, p. 12).

Este compromiso de pensar desde una perspectiva feminista y descolonial obedece además a la claridad de que trabajamos con estudiantes y con una comunidad cuya realidad no alcanza a ser descrita ni comprendida desde los presupuestos más hegemónicos del saber, pero, sobre todo, que no quiere ya “adaptarse” o “traducirse” para poder ser leída desde los códigos que no sólo no le acomodan, sino que domestican su diferencia y diluyen su potencial disruptor. De ahí nuestro interés por las prácticas artísticas y estéticas desde nuestro contexto, pues vemos cómo desde ahí se configuran estrategias sensibles de creación y de resistencia desde nuestro contexto.

La producción de arte feminista agudiza con su discurso el campo de la subversión de todo el esquema de representación androcéntrica, como ya lo hemos visto, también constituye una vindicación de un territorio para la autorepresentación de las identidades. Por lo tanto, de cómo queremos ver ser vistas/os. Conscientes del peso que significa la cultura visual en el mundo y en especial en esta región muchas artistas han utilizado sus medios para hacer/ se presente. (Antivilo, 2015, p. 111)

En ese sentido, la investigación suma a la generación de estrategias de diferente para denunciar tanto las formas discriminatorias contra mujeres y personas de la disidencia sexo-genérica, como para acabar con las lógicas y las prácticas de poder que las sostienen en los medios de los que formamos parte, a la vez que ensayamos alternativas para construir un tejido comunitario y de conocimiento orientado a prácticas pedagógicas, formas de saber, intercambio y vincularidades que construyan lo común alejándose de la crueldad que, lamentablemente, aún caracteriza a la academia.

Arte, memoria y feminismo es pues, una suma de afectos y vínculos de mujeres en la academia dedicadas a los estudios y producción de arte y cultura con enfoque feminista y descolonial. Tratamos de cuestionar y erradicar las formas de enseñanza y producción de conocimiento que han justificado la exclusión e invisibilización de las mujeres como parte de la historia y vida de las comunidades artísticas y culturales. Como hemos dicho, los esfuerzos que nos reúnen no se quedan en la teoría, si no que tienen al terreno de la praxis como objetivo, pues no se queda ni se centra en el terreno más abstracto de la investigación, si no que va directamente a nuestra vida docente, a la creación de estrategias en el ámbito de la academia y fuera de ella, al tejido de redes y construcción de vínculos y afectividades.

Como se ha podido observar, este ejercicio no puede llevarse a cabo sin establecer la importancia de la incorporación de la autoetnografía, no sólo porque el objeto de estudio lo requiere, sino porque como señala Sara Ahmed en Vivir una vida feminista (2021), la reflexión y socialización en torno a estas experiencias de vida son las que dotan de sentido y carácter al discurso, a la vez que muestran de manera puntual la manera en la que adquiere dimensión en el campo de la vida: son cuestiones que no se van a “ver” si no las mostramos a partir de lo concreto y la forma en la que lo experimentamos.

A continuación, veremos cómo estas experiencias que son particulares pero colectivas, han encontrado en otros proyectos, voces y latitudes un eco del que se nutren.

 

 

2.         Arte, memoria y feminismos: otro hilo en un telar

La necesidad de desarrollar proyectos feministas desde el ámbito de la academia y que de ello la tenga como objetivo de transformación, afortunadamente, no es una cosa nueva. Los esfuerzos de las mujeres por cambiar los entornos educativos para hacerlos menos hostiles para ellas, sus congéneres y otros de los mal llamados grupos “minoritarios” tiene hondas raíces en las que podríamos remitir, por ejemplo, al caso de por ejemplo hasta la escuela de Newington Green, que Mary Wollstonecraft (2010) funda para asegurar a las niñas que puedan acceder a educación apropiada que no asumiera desde un inicio su inferioridad. En la actualidad, aunque es bien sabido que un mayor número de estudiantes universitarias son mujeres (ANUIES, 2025), es notable también cómo dichas estudiantes encuentran dificultades relacionadas con el género en el camino, que disminuye su participación en posgrados y posteriormente las oportunidades de hacer trayectoria en la academia.

Normalmente, cuando el problema se aborda desde una perspectiva masculina, “neutral”, o no feminista, sucede las preguntas que se hacen para abordar el fenómeno, los presupuestos o la misma finalidad de la pregunta normalizan el estado de desigualdad de las mujeres. En el ámbito de la educación, lo mismo que en los estudios sobre la violencia, la familia y en general de los fenómenos sociales que atraviesan las vidas de las mujeres, es necesario aplicar una mirada feminista que ayude a problematizar una supuesta normalidad que desfavorece a las mujeres y que, de hecho, nos coloca en una posición de subordinación:

Los estudios feministas inaugurados durante las décadas de 1970 y 1980 se distinguen por abordar el problema desde la perspectiva de las víctimas. Esta mirada no pertenece al canon ni constituye la narrativa reinante, son ojos que observan desde la diferencia los puntos ciegos y revelan la hondura de raíces. Detectan con agudeza los comportamientos sociales que son tanto aceptados como aceptables. (García Rodríguez, 2023, p. 308)

La contundencia de los hallazgos de los estudios feministas del siglo pasado siguen siendo para nosotras referente de la necesidad de seguir trabajando a partir del reconocimiento de esos puntos ciegos si lo que queremos es cambiar con la condición de víctima, de subordinación, de inferioridad con la que las mujeres hemos sido tratadas, leídas, interpretadas y representadas a lo largo de la historia, en las que el arte y la academia son un notorio botón de muestra del sexismo hasta nuestros días.

Por lo anterior, encontramos particularmente valiosos otros trabajos con un enfoque que busca romper con la narrativa de que las mujeres no tienen o no han tenido un papel vital en los espacios de construcción de conocimiento. Es indispensable reconocer lo que vemos y aprendemos de nuestras “grandes maestras”, colegas irremplazables. Verlas, conocer su trabajo y aportaciones es un compromiso feminista y una ganancia comunitaria.

En el ámbito de los estudios filosóficos en el que las autoras de Arte, memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes nos hemos formado, encontramos por ejemplo el trabajo de Fanny del Río publicado en el libro Las filósofas tienen la palabra (2020) en la que lleva a cabo entrevistas a diez importantes filósofas, protagonistas en sus respectivas áreas de especialidad filosófica, de las que dan cuenta de su trayectoria (en diferentes cargos docentes, directivos, de gestión e investigativos en la Universidad Nacional Autónoma de México) mientras conversan con la autora, que a su vez pone a las ideas de las entrevistadas a dialogar entre sí. Un elemento interesante del documento, es que en él las filósofas son cuestionadas acerca de la percepción que tienen de ser mujeres en la academia y como mujeres de la academia, cuestión que independientemente de lo que revelan las entrevistadas, es un asunto fundamental del proyecto que llevó a la autora a plantear la necesidad de un libro de esta naturaleza que, además de visibilizar el trabajo de las filósofas, es una herramienta fundamental que, leída desde una perspectiva feminista, permite distinguir con claridad las condiciones explícitas y tácitas del sexismo en la academia y la manera en que las académicas las han entendido y manejado.

Un antecedente fundamental de este y otros trabajos, dentro de los que se incluye Arte, memoria y feminismo como libro y como proyecto, es el de Norma Blazquez Graf, filósofa pionera en los proyectos aplicados del feminismo en la academia, que desde hace años ha enfocado su interés y habilidades metodológicas y epistemológicas al desarrollo de la investigación feminista. Su libro Trayectorias y contribuciones de Académicas de la UNAM (2008) ha sido un referente para quienes, desde las diversas áreas del saber, nos hemos preocupado y ocupado de luchar contra los sesgos y prácticas sexistas desde los espacios de la academia, siendo el reconocimiento del trabajo y la experiencia de las mujeres en sus diferentes ámbitos una de las estrategias fundamentales para despatriarcalizar la academia y los saberes.

A los casos anteriores, quisiera sumar uno más, se trata del libro Las filósofas que nos formaron. Injusticias, retos y propuestas en la Filosofía (2022) de reciente publicación, coordinado por Aurora Georgina Bustos Arellano y Mayra Jocelin Martínez Martínez. Dentro de los contenidos de este interesante documento que busca hacer justicia a las maestras (cercanas o no) que han enseñado a las autoras (y a muchas filósofas) a hacer filosofía desde una perspectiva que no sólo no nos excluye como mujeres, si no que vuelve nuestro pensamiento y luchas pertinentes. Al respecto, María Esperanza Rodríguez Zaragoza hace evidente que ir en contra de la injusticia epistémica que minimiza el alcance de nuestro trabajo es una tarea que nos corresponde:

Las principales interesadas debemos ser las filósofas, aquellas que nos desempeñamos como investigadoras, docentes y estudiantes de esta disciplina, las que hacemos a la Filosofía desde nuestra mirada. El reto es grande; nuestro momento histórico nos demanda estar preparadas para crear y allanar nuevos caminos, que, en breve, serán transitados por muchas más. (Rodríguez Zaragoza, en Bustos Arellano y Martínez Martínez, 2022, p. 127)

En el ámbito de las artes los esfuerzos no se han quedado atrás. Desde una perspectiva filosófica, uno de los señalamientos más sostenidos frente a la idea del artista como varón, la idea de un canon que es prácticamente masculino y una academia que naturaliza el sexismo de la enseñanza de las artes, hacer evidente el sesgo ha sido y sigue siendo percibido como una ofensa y amenaza del estatus quo de los varones en la academia. Sabemos que si no somos nosotras quienes fomenten el cambio, este no sucederá. Esto queda remarcado si vemos como Gisela Ecker señala el papel y responsabilidad de las instituciones desde hace casi cuatro décadas:

Esto también se refiere a la relación de uno y otro con los valores de género de las instituciones y de las teorías que aplican. No se puede insistir demasiado en la imposibilidad de construir este mito de neutralidad de género en el arte si los artistas y críticos varones no desarrollan, al mismo tiempo, una conciencia de su propio sexo. Si no lo hacen, tendremos que demostrar claramente que lo que ellos llaman normas «naturales» o «generales» es cuestionable. [...] En cuanto analizamos como mujeres, con nuestras preocupaciones y capacidades específicas (desarrolladas en nuestra posición histórica), la institución universitaria, aparentemente neutral en cuanto al género y desinteresada, se ofende pavorosamente. Utiliza su propia intrincada red de trivializaciones y pequeños gestos amables de censura, que sin embargo terminan frecuentemente con la exclusión. (1986, 18-19)

Tal como Ecker anticipa, esta tarea la hemos tomado en nuestras manos las interesadas, no sin las suspicacias, cuestionamientos y descalificaciones, sean estos “pequeños gestos amables” o grandes muestras de hostilidad que suelen suscitar en los entornos que no por filosóficos están exentos de dogmas.

Sin embargo, la tarea de pensar y de pensarnos construyendo horizontes simbólicos y de ideas que nos excluyan ni a nosotras ni a otros grupos o subjetividades que tanto suman al mundo del arte y de la vida, tiene un sentido y una razón de ser que aunque la implica directamente, rebasa a la academia. Raquel Mercado Salas destaca el valor de las visualidades que se filtran a las formas hegemónicas de poder y nos recuerda por qué es tan importante no cejar en el esfuerzo, sobre todo, como pensadoras en el sur global:

[...] podemos observar que efectivamente, las visualidades juegan un papel importantísimo en la construcción de resistencias a la reproducción del falogocentrismo en el mundo simbólico y fáctico de supervivencia. No obstante, dichas resistencias no se encuentran en las visualidades masivas de las industrias creativas, sino en las prácticas localizadas en distintos territorios y entre los que más nos interesa replicar y analizar son los del sur global, en los que habitamos por su cercanía y por sus posibilidades creadoras con mayor justicia epistémica. (Mercado Salas, en Hernández, p. 197-198)

Entre esas prácticas localizadas, encontramos proyectos plurales, valiosos, tanto de relevancia histórica como de mucha actualidad. Entre los excelentes casos que existen, quisiera mencionar el trabajo de Martha Patricia Medellín Martínez, que ha coordinado el Archivo AGBC (Arte y Género Baja California) y que en 2021 impulsó con Olga Margarita Dávila García y Daril Isael Fortis la publicación de Archivo vivo/a. Primer mapeo de artistas mujeres de Baja California.

[...] es una manera proactiva de dar cauce hacia una (otra) realidad —tentacular— de las artes, desviándose del heterocapitalismo de la historia del arte oficial, que no ha contemplado plenamente a las mujeres artistas como entes activos en el devenir histórico, con motivaciones específicas, ni sus aportaciones particulares en el fenómeno artístico. Somos las mujeres creadoras, las artistas, las investigadoras, las docentes y las gestoras, las que asumimos de manera crítica con la respons-habilidad ante este reto, que en esta publicación lo hacemos de manera colectiva y auto inclusiva. (2021, p. 10).

Esta idea de Medellín Martínez y Dávila García es una invitación a no tirar la toalla. A seguir construyendo y fomentando lo común. El ejercicio de mapeo de las artistas de Baja California tiene un valor especial desde la óptica de este trabajo, pues conjunta elementos que coinciden profundamente con el impulso de Arte, memoria y feminismo: se trata de un trabajo localizado, que piensa el arte y la producción artística de las mujeres fuera del eje de la centralidad, que acentúa el valor de la diferencia de la producción creativa de las mujeres; su ejercicio de territorialización posibilita lecturas plurales y críticas, pone el acento en la respons-habilidad (como ellas la llaman) de las mujeres en las diferentes áreas para romper con los sesgos y cercos patriarcales en el arte y la academia, lo que también es un acto de creación.

En ese mismo tenor se encuentra un esfuerzo magnífico que, en un sentido es parte de los contagios del proceso de investigación de Arte, memoria y feminismo, como, a su vez, este proyecto lo ha sido de otros tantos. Se trata de la convocatoria para integrar (2023) y posterior publicación del Catálogo de artistas visuales Mujeres en Aguascalientes (2024). Proyecto por convocatoria impulsado por la entonces Coordinadora de la Galería de la Ex-escuela de Cristo del Instituto Cultural de Aguascalientes (ICA). Aunque no se menciona explícitamente ni en el catálogo ni en la convocatoria para formar parte del mismo, es importante destacar que, en ese momento quien se encontraba al frente de la Galería de la Ex-escuela de Cristo, que planeó y buscó que el producto de este ejercicio se incluyera en su programación anual, fue Claudia González Hernández, artista visual, museógrafa y gestora cultural (UAATV, 2024) que formó parte de las artistas que integran la investigación publicada en Arte, memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes. Como parte del jurado que llevó a cabo la selección de las artistas que integraron el catálogo, estuvo Pilar Ramos Sánchez, quien a su vez participó también en la investigación de Arte, memoria y feminismo. El mérito de Claudia González Hernández y del Catálogo de artistas visuales Mujeres en Aguascalientes está aún por verse, en el sentido de que las colaboraciones, el conocimiento mutuo, las alianzas y los alcances del catálogo, seguramente han de multiplicarse en los años por venir. Sin embargo, a pesar de su muy reciente publicación se pueden ver ya los frutos que ha traído. Uno de ellos es la satisfacción de las artistas que lo integran al ver difundido su trabajo, lo que no es menor sobre todo en los casos de las artistas que tienen décadas de trabajo pero que no habían sido reconocidas de esta manera, es decir, fuera del marco de ser “alumna del maestro tal” y no como artistas por derecho propio. Una ventaja más del catálogo: representa una referencia al trabajo de las artistas, lo que facilita otros pasos en su trayectoria, por ejemplo, al contestar convocatorias a posgrados o a los estímulos de creación convocados por el Estado o particulares. Pero quizá la ventaja más grande que ya se atisba son las redes de colaboración, reconocimiento, intercambio y afectos que se van gestando de manera cada vez más evidente entre las artistas, lo que ya genera cambios que serán cada vez más visibles en una escena cultural que las había relegado.

Este trabajo busca también reconocer los esfuerzos decididos de las mujeres que dentro de las instituciones han llevado a cabo para sumar desde sus capacidades y posiciones a que el cambio de la situación de las mujeres en el gremio suceda.   Tal es el caso del brazo editorial del ICA, Fraguas Ediciones, representado por Carolina Sánchez Contreras y un equipo de mujeres profesionales en el área que han apostado por desarrollar un proyecto editorial que difunda y reconozca el trabajo intelectual y creativo de las mujeres en el Estado.

Otro de los efectos de las redes y esfuerzos independientes a la investigación, pero de alguna manera vinculados con ella, fue la Convocatoria de Apoyo a la producción artística dirigida a mujeres profesionales de las artes visuales y plásticas (2023), que culminó con una exposición que se inauguró en diciembre de 2023 en el ICA. La convocatoria no buscaba únicamente exponer el trabajo de las profesionales de las artes beneficiadas por la misma, si no que financió la producción presentada en la exposición resultante. Luisa Fernanda Alcaraz Damián, auxiliar de la Oficina de la Dirección de Promoción y Difusión del ICA, fue quien, a través de sus gestiones y su interés decidido por favorecer el trabajo de las artistas, logró acceder a los fondos de un recurso federal a través de la Convocatoria 2023 AIEC Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura con la que se financió el proyecto. El proyecto y la exposición resultante han sido un parteaguas en nuestra comunidad por su calidad y el reconocimiento del trabajo y la pluralidad de las artistas en Aguascalientes que, a la vez y de forma crítica da cuenta de la exigencia y frecuentemente de la sobreexigencia que las mujeres imponen a su trabajo.

 

 

 

Conclusiones

En el año 2007 Karen Cordero e Inda Saenz publicaron Crítica feminista en la teoría e historia del arte, un relevante libro en el que reúnen textos fundamentales de autoras y artistas que han abordado, desde los feminismos, la crítica y la historia del arte, cambiando así las nociones, conceptos y narrativas tradicionales desde donde se han pensado las prácticas artísticas desde una mirada hegemónica y patriarcal. Además de popularizar y ofrecer por primera vez en español y reunidos textos que ahora integran referencias fundamentales de la teoría del arte feminista, Cordero y Saenz convocan además a importantes figuras del arte feminista en nuestro país, dentro de las que no podía faltar Mónica Mayer, pionera del arte feminista en México. El capítulo con el que participa Mayer lleva como título “De la vida y el arte como feminista” y en ella ofrece una visión panorámica de su trayectoria de vida como artista y feminista, a la vez que reflexiona y evalúa las ideas, alcances y logros de esta praxis tanto de forma personal como colectiva. Aunque Mayer destaca con claridad la importancia del feminismo en su vida y su obra, hasta el punto de asegurar que “un buen día me di cuenta que yo sin el feminismo, no puedo vivir” (401), también señala, casi al cierre del capítulo, las muchísimas carencias a las que aún nos enfrentamos en el ámbito:

Sin embargo, tanto en exposiciones colectivas como individuales, la presencia de la mujer sigue siendo menor y por cada diez críticas que se escriben de ellos, sólo se nos dedica una a nosotras.

A pesar de los avances que hemos visto y de que cuando hablo con las artistas más jóvenes, éstas me dicen que todo ha cambiado y que ya no perciben sexismo en nuestro medio profesional (aunque las que empiezan a tener hijos parece que están cambiando de opinión), a mí me siguen desesperando las carencias. En verdad, son pocos los libros sobre mujeres artistas y menos aún los que tienen una perspectiva feminista. Aun en los centros de estudios de género, el tema del arte casi no se trata, aunque sé que hay dos o tres estudios y tesis en proceso. (Mayer, en Cordero y Saenz, 2007, p. 411)

Este texto de Mónica Mayer fue publicado originalmente en el no. 8 de N.Paradoxa, en el año de 1999. Ha pasado desde entonces un cuarto de siglo. Una generación completa de jóvenes artistas y académicas se han sumado con su obra y reflexiones al plural territorio de los feminismos. Mucho ha cambiado desde entonces, pero coincido con Mayer en que aún es poco en comparación de lo mucho que falta. El vasto archivo de Mónica Mayer y Víctor Lerma, Pinto mi raya, es una muestra de que los proyectos con enfoque feminista prosperan, aunque sea con necia lentitud, pues son producto de una a-puesta en común y se cultivan con afecto y compromiso.

Además, este paso relativamente lento y los titubeos en el camino de las trayectorias feministas de las artísticas, teóricas del arte y de la cultura son también un síntoma de un movimiento social e intelectual orgánico, que a pesar de los intentos de cooptación por parte de las estructuras institucionales y de poder, se mantiene vivo, autocrítico, vigente y plural, mediante la acentuación de su diferencia. Respecto al campo del arte Griselda Pollock señala:

The play on the word 'movement' allows us to keep in mind the political collectivity in which feminist work must be founded and, at the same time, it enables us to refuse containment in a category called feminism. Feminism will not just be one more approach in the chaotic pluralisation to which a threatened art history desperately turns in the hope of maintaining its hegemony by tactical incorporation. (Pollock, p. 26)[7].

Si nos reconocemos feministas, si añadimos el sustantivo a nuestros estudios, a nuestro enfoque y nuestras prácticas no es entonces para legitimar una forma de discurso, para establecer un nuevo canon o para fundar una categoría. Hablar de y desde los feminismos es una posición política que nos recuerda de forma cotidiana que lo que hacemos, pensamos, escribimos, enseñamos y sentimos no se da en abstracto ni en un territorio neutro. Que nuestra práctica tiene un peso, un objetivo y un compromiso de por medio y una comunidad como fin.

De Arte, memoria y feminismo y su relativamente reciente memoria puedo señalar en este momento que seguro aún hay transformaciones por venir. Que las preguntas y objetivos de investigación de quienes participamos en la feminaria seguirán nutriéndose y reformulándose. Que seguramente si hoy emprendiéramos nuevamente el proyecto, habría cosas que haríamos de forma distinta y ciertamente hay un montón de deseos e intenciones que no se han concretado. Pero pensar como feminista dentro de la academia universitaria pasa también por reconocer los límites a las exigencias a nuestro trabajo y valorar con cuidado lo que, de hecho, sí hemos hecho, sin olvidar que aún queda mucho por hacer. Aunque quizá, lo más importante de ello es tener la certeza de que no es un trabajo individual ni solitario, que lo que falta no depende de una o unas cuantas y que las posibilidades de lo que nos motiva y anima ya se viven y están aún por verse. En ese camino el trabajo vinculado con la creación tiene la gran ventaja de encontrar vetas en donde el sentido y la alegría de la lucha nos mantienen activas y acompañadas. Quisiera terminar este documento citando a Francesca Gargallo Celentani, quien integra en gran medida el sentir de este trayecto:

La liberación estética y la liberación de las mujeres son procesos que se entretejen y apelan a más. Probablemente a una ideología difusa que no descansa en la economía, sino en la creación. A una poética no violenta y, por ende, no épica. A reiteraciones de imágenes de una belleza desligada de la búsqueda de un lucimiento personal. A elaboraciones de objetos, cartas, cantos, teatralizaciones, danzas que convocan a sesiones de olfatos, de tactos, de gusto, de ejercicio, de vista, de oído. A tiempos que suspenden las actividades y tiempos que las aceleran, descanso y vórtice. (Gargallo Celentani, p. 20).

 

Fuentes de consulta

Ahmed, S. (2021). Vivir una vida feminista. Caja Negra.

Antivilo, J. (2015). Entre lo sagrado y lo profano se tejen rebeldías. Arte feminista latinoamericano. Ediciones desde abajo.

ANUIES, Anuario Educación Superior – Técnico Superior, Licenciatura y Posgrado 2024-2025, https://www.anuies.mx/informacion-y-servicios/informacion-estadistica-de-educacion-superior/anuario-estadistico-de-educacion-superior

Bustos Arellano, A., Martínez Martínez, M. J. (coords.). (2022). Las filósofas que nos formaron Injusticias, retos y propuestas en la Filosofía. Centro de Estudios Humanísticos, UANL.

Catálogo de Artistas Visuales Mujeres en Aguascalientes. (2024). Instituto Cultural de Aguascalientes. Fraguas Ediciones. https://www.aguascalientes.gob.mx/ICA/pdf/CAVMA_Digital24.pdf

Cordero, K., Saenz, H.(comps.). (2007). Crítica feminista en la teoría e historia del arte, Universidad Iberoamericana. Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM, Conaculta-Fonca, Curare.

Del Río, F. (2020). Las filósofas tienen la palabra. Siglo XXI.

Ecker, G. (ed.). (1986). Estética feminista. Icaria.

Fraisse, G. (2020). Féminisme et philosophie. Gallimard.

García Rodríguez, L. (2023). Violación y culpabilidad de las mujeres. Dos notas sobre la representación del asesinato sistemático de mujeres. En Revista Valenciana, 31, Universidad de Guanajuato.

Gargallo Celentani, F. (2020). Las bordadoras de arte. Aproximaciones estéticas feministas, Editores y Viceversa.

Giunta, A. (2020). Contra el canon. El arte contemporáneo en un mundo sin centro. Siglo XXI.

Gómez Campos, R.de M. (2014). El feminismo es un humanismo. Antrhopos.

Gómez Goyzueta, X. (2020). Seminario permanente: Arte, memoria y feminismo. En Gómez Goyzueta, X., y Andrade Zamarripa, A. (Coords.). Narrativas virtuales del arte y la cultura en confinamiento. Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Instituto Cultural de Aguascalientes.(2023). Convocatoria para formar parte del catálogo de artistas visuales mujeres en Aguascalientes. https://www.aguascalientes.gob.mx/ICA/pdf/ARTISTASVISUALES23.pdf?fbclid=IwAR0C1gJOx8DynvdlNHTNfxqsMSMRswShYcyP7WgRCkdx-e8OwqAJ12t9tT8

LJA.MX. (22 de diciembre de 2023). Se inaugura la exposición conformada por obras de artistas visuales y plásticas.  https://www.lja.mx/2023/12/se-inaugura-la-exposicion-conformada-por-obras-de-artistas-visuales-y-plasticas/

Medellín Martínez, M. P., Dávila García, O. M., y Fortis, D. I. (2021). Archivo vivo/a. Primer mapeo de artistas mujeres de Baja California, Fondo Editorial La Rumorosa.

Mercado Salas, R., Cabrera Manuel, M. I., Rodríguez Rodríguez, B. M. A. (2023). Arte, memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes. Documentación, análisis biopolítico y estético de la producción de mujeres artistas visuales en Aguascalientes. Fraguas Ediciones.

Mercado Salas, R. (2024). Lo grotesco. En Hernández López, D. (Coord.). Filosofía feminista: Intervenciones Primera edición. Universidad de Guadalajara.

Pollock, G. (2006). Differencing the canon. Feminist desire and the writing of art’s histories, Routlege.

Segato, R. (2018). Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo Libros.

Resultados Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura AIEC 2023. (2023). https://vinculacion.cultura.gob.mx/subsidios/padron-beneficiarios/instrumentos-juridicos-2023/docs/AIEC%20Resultados_2023_060823_AIEC.pdf

UAA TV. El oficio del artista. Claudia González.  https://www.youtube.com/watch?v=gZQ5nXf0PHc

Wollstonecraft, M. (2010) La educación de las hijas. El Desvelo Ediciones.

 

 

 

 

 

 

 



[1] El nombre del proyecto fue “Arte, memoria y feminismo. Documentación y análisis desde la perspectiva biopolítica y estética contemporánea de las prácticas artísticas hechas por mujeres artistas en Aguascalientes en el siglo XXI”, fue parte del sistema de proyectos de investigación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y con vigencia de dos años y clave PIECu 21-8. Para facilitar la lectura del presente documento, me referiré al proyecto como Arte, memoria y feminismo. Cuando se hable del seminario permanente y/o al grupo colegiado, se hará alusión a la feminaria Arte, memoria y feminismos. Cuando se hable del libro, se usarán las cursivas correspondientes y se llevará a cabo la especificación.

[2]  En la redacción del presente trabajo recurriré a la primera persona del singular cuando me refiera específicamente a la labor que llevo a cabo para este documento y en primera persona del plural cuando remito al trabajo colegiado y colectivo el proyecto de investigación sobre el que versa este trabajo.

[3] La Feminaria permanente y las actividades de Arte, memoria y feminismos son coordinadas por la Dra. Raquel Mercado Salas y cultivadas por ella y otras compañeras docentes y estudiantes de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Los diversos productos de nuestro quehacer pueden ser consultados en el sitio de Google sites, en donde se accede también al podcast homónimo y a otros materiales y recursos que forman parte o son resultado de los procesos de trabajo colaborativo que realizamos. https://sites.google.com/view/arte-memoria-y-feminismo/inicio?authuser=0 y el podcast en https://open.spotify.com/show/0k82laa4gfI24JM46A7PwI?si=6ea51ef30aee4234

[4] En vez del usual “seminario”. El uso de “feminaria” lo retomamos del uso y práctica del mismo que hacen las compañeras de la UNICACH-CESMECA en Chiapas.

[5] Las actividades de Arte, Memoria y Feminismos, entre las que se encuentra la Feminaria, se enmarcan en el trabajo del Cuerpo Académico de Estudios y producción en arte, imagen y sonido.

[6] La finalidad misma del sexismo es decir: «No tienes la misma calidad que yo». Si pensamos en términos de calidad, nos situamos, incluso a pesar nuestro, en un lenguaje ontológico y no jurídico, una ontología que habla del ser y no de la ley. Sí, podemos reconocer que el sistema jurídico lucha por combatir el sexismo, y es aquí donde debemos ser exigentes con la definición. (Traducción propia).

[7] El juego de sentido en la palabra ‘movimiento’ nos permite tener presente la colectividad política en la que debe fundamentarse el trabajo feminista y, al mismo tiempo, nos permite rechazar que se contenga en una categoría denominada feminismo. El feminismo no será simplemente un enfoque más en la pluralización caótica a la que una amenazada historia del arte recurre desesperadamente con la esperanza de mantener su hegemonía mediante la incorporación táctica. (La traducción es mía).