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Arte, memoria y feminismos: teoría y praxis
feminista descolonial desde la academia. |
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Arte, memoria y
feminismos: decolonial feminist
theory and practice from academia.
María Isabel Cabrera
Manuel
isabel.cabrera@edu.uaa.mx
Universidad Autónoma de Aguascalientes, México.
ORCID: 0000-0002-6417-0792
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ARTÍCULO |
Recibido: 01|08|2025 •
Aprobado: 01|10|2025 |
RESUMEN:
Este artículo presenta
una valoración crítica del proyecto Arte, memoria y feminismo, desarrollado
entre 2021 y 2022 para analizar la producción de mujeres artistas visuales en
Aguascalientes desde marcos feministas y descoloniales. A partir del proceso colectivo
coordinado por la Dra. Raquel Mercado Salas y de la posterior publicación Arte,
memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes (2023), el
texto examina el diseño metodológico, las aportaciones epistémicas y las
implicaciones políticas del proyecto.
La investigación empleó
metodologías cualitativas y situadas que concibieron a las artistas como
agentes activas y fuentes primarias de conocimiento. Sus relatos, prácticas y
experiencias fueron fundamentales para reconstruir la historia del arte local y
cuestionar las estructuras de injusticia epistémica que han marginado
históricamente a las mujeres en los ámbitos artístico y académico.
El artículo sostiene
que iniciativas como Arte, memoria y feminismo amplían los horizontes de las
humanidades críticas al promover prácticas de investigación colaborativas y
fomentar transformaciones institucionales basadas en compromisos feministas y
descoloniales. Estos esfuerzos, se concluye, son esenciales para reconfigurar
la producción artística y académica desde la perspectiva del sur global.
Palabras clave: feminismos descoloniales, mujeres artistas,
estética feminista, injusticia epistémica, metodologías situadas, investigación
colaborativa
ABSTRACT:
This article offers a critical assessment of
Art, Memory, and Feminism, a research project conducted between 2021 and 2022
that examined the work of women visual artists in Aguascalientes through
feminist and decolonial frameworks. Building on the collective process led by
Dr. Raquel Mercado Salas and the subsequent publication Art, Memory, and
Feminism: Another History of Art in Aguascalientes (2023), the article
evaluates the project’s methodological design, epistemic contributions, and
political implications.
The study employed qualitative and situated
methodologies that positioned artists as active agents and primary sources of
knowledge. Their narratives, practices, and experiences served as key elements
in reconstructing the local art history and challenging long-standing
structures of epistemic injustice that have marginalized women within artistic
and academic fields.
The article argues that initiatives such as
Art, Memory, and Feminism contribute to the expansion of critical humanities by
promoting collaborative research practices and fostering institutional
transformations grounded in feminist and decolonial commitments. These efforts,
it concludes, are essential for reconfiguring artistic and academic production
from the perspective of the Global South.
Key words: decolonial
feminisms, women artists, feminist aesthetics, epistemic injustice, situated
methodologies, collaborative research
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Vivir una vida feminista, es vivir muy bien acompañada.
–
Sara Ahmed
Entre los años 2021 y
2022, se llevó a cabo una investigación centrada en el trabajo de
documentación, análisis biopolítico y estético de la producción de mujeres
artistas visuales activas en Aguascalientes[1] y que, en
su versión de seminario permanente, proyecto de investigación y la de grupo
colegiado, ha cultivado como
coordinadora la Dra. Raquel Mercado Salas durante más de un lustro. Entre otros
productos, esta investigación dio como resultado un libro que lleva por título Arte,
memoria y feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes. Documentación,
Análisis biopolítico y estético de la producción de mujeres artistas visuales
en Aguascalientes (Mercado, et al., 2023). A partir de los resultados que
se observan del mismo, es necesario reflexionar acerca de los objetivos,
alcances y necesidades que dicha investigación (con su respectiva publicación)
ha generado y puesto en evidencia. Esto permite destacar la relevancia de un
esfuerzo de esta naturaleza en su contexto inmediato (para el que fue pensado),
así como a sus repercusiones como parte de diferentes proyectos comunitarios
para evidenciar y luchar contra las formas de discriminación y violencia
patriarcal en la academia universitaria. Asimismo, este análisis permite
establecer puntos de encuentro y tejido en el entramado de esfuerzos y
aportaciones similares en los ámbitos de la filosofía, las artes y las
humanidades, campos de acción prioritarios en los que nos hemos enfocado.
El presente documento
busca llevar a cabo una valoración y reflexión autocrítica[2] del
ejercicio y resultados investigativos del proyecto Arte memoria y feminismo, lo cual en sí mismo es valioso para el
ejercicio académico pues nos permite reconocer las estrategias que pueden
mejorar la forma en que desarrollamos nuestro quehacer y futuros proyectos. A
la vez, al poner este trabajo en conversación con otros productos de la
investigación en el ámbito de la filosofía, las artes y las humanidades que han
tenido un espíritu cercano, puede destacarse no sólo la importancia de las
aportaciones de las mujeres a la academia y a la construcción del conocimiento,
sino lo vital de un enfoque feminista, crítico y descolonial para el trabajo y
las comunidades universitarias desde un horizonte situado.
El artículo estará
dividido en dos momentos: una primera parte en la que se trata la relevancia de
asumir un enfoque y estética feminista descolonial en el estudio de las artes y
la cultura tal como se hizo en el proyecto. El segundo momento busca poner en
diálogo al proyecto Arte, memoria y feminismo
con otros similares que, en su conjunto, muestran la relevancia de las
académicas feministas para atender diferentes problemáticas que se presentan en
sus campos de estudio.
Asumimos un enfoque
feminista y descolonial, por lo que el trabajo se abordará desde una
metodología cualitativa que permita destacar y valorar los elementos
significativos de análisis, a lo que suman estrategias críticas,
autoetnográficas y de enfoque situado que abonen al campo de estudio a través
de la investigación participativa y el desarrollo de comunidades de
conocimiento, no sólo valiéndose de sus herramientas sino contribuyendo al
fundamento del enfoque que las justifica.
1.
Arte, memoria y feminismo(s): una apuesta estética
descolonial
Si empezamos cerca de
casa, nos abrimos al afuera.
–
Sara Ahmed
En el verano de 2020,
como parte de la convocatoria institucional para nuevos proyectos de
investigación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, se registró el
proyecto Arte, memoria y feminismo. Documentación y análisis desde la
perspectiva biopolítica y estética contemporánea de las prácticas artísticas
hechas por mujeres artistas en Aguascalientes en el siglo XXI, con el
equipo de investigación integrado por la Dra. Raquel Mercado Salas (como
titular responsable del proyecto), Brenda María Antonieta Rodríguez Rodríguez y
María Isabel Cabrera Manuel.
Este proyecto de
investigación estuvo motivado a partir de la experiencia común de quienes lo
integramos de ser docentes de largo tiempo en el ámbito de las artes (visuales,
audiovisuales, teorías del arte) con formación teórico filosófica que nos
permitía enfocar el objeto de estudio de las artes desde una perspectiva
crítica que cuestionaba sus presupuestos, objetivos, ideas acerca de quiénes lo
producen.
En nuestra práctica
docente, investigaciones doctorales, en el cotidiano compartir nuestras
experiencias como académicas del área, se hacía cada vez más evidente no sólo
del prejuicio existente en contra de las mujeres que forman parte del “mundo
del arte” en cualquiera de sus posibilidades, sino también de los efectos
negativos que dichos prejuicios sexistas y claramente colonialistas tenían en
las comunidades de conocimiento de las que formábamos parte, principalmente en
las dos Instituciones Educación Superior en las que se ofrecen estudios
profesionales en el ámbito de las artes en el estado de Aguascalientes, pero
que no se limitaban a dichos entornos.
Era para nosotras cada
vez más evidente que ciertas ideas y prácticas patriarcales que colocan a las mujeres
y disidencias sexo-genéricas en posición de subordinación tenían su correlato
fuertemente anclado en la teoría, historia, noción y enseñanza de las prácticas
artísticas y que, en su repetición, reiteración y representación, no sólo
dificultaban el reconocimiento, desarrollo e incorporación de las mujeres a la
vida artística, sino que incluso en las circunstancias complejas en las que las
mujeres logran ir estableciendo una trayectoria artística, el discurso sexista
en el arte puede (como de hecho lo hace) invisibilizar y anular su
participación, logros e importancia en el ámbito de su trabajo.
Estas circunstancias
nos habían llevado a nosotras mismas, en nuestros procesos formativos, así como
en el ámbito de la investigación o la docencia, a normalizar, minimizar y/o
pasar por alto el lugar que habían tenido o que se les había negado a las
mujeres en los campos disciplinares a los que nos dedicamos. Pero siendo
nosotras mujeres y académicas, no tardamos en vivir en carne propia las
violencias estructurales que hacen del desarrollo artístico, intelectual,
profesional de las mujeres una actividad tan llena de dificultades, máxime en
el ámbito académico, lo que nos acerca a las razones de fondo por las que la
participación de nuestras congéneres en el campo del conocimiento era
dificultada e invisibilizada.
Distinguimos eso al
mismo tiempo de que éramos conscientes de las diversas ventajas que cada una de
nosotras pudo tener para desarrollarse personal y profesionalmente aún en un
ámbito hostil. Es decir, las condiciones de clase, racialidad o capital cultural
que permitieron que tuviéramos carreras académicas. De tal manera que para
nosotras era fundamental, desde una perspectiva crítica y descolonial,
reconocer que a los sesgos basados en sexo y género había necesariamente que
sumar los de clase y raza que complican aún más el acceso a la educación, al
bienestar y al desarrollo no sólo a las mujeres, sino a las disidencias
sexogenéricas, a las mujeres racializadas y a aquellas que padecen violencia
clasista.
Con esa ideas como base
de nuestro piso político, y con la convicción de que para ver el cambio en la
academia que esperamos que suceda, tenemos necesariamente que sumar al mismo,
nos propusimos desarrollar una investigación que, desde nuestro contexto
situado permitiera cuestionar la idea de canon artístico que deja de lado el
trabajo de las mujeres, así como los prejuicios que lo alimentan y los efectos
nocivos que tiene no sólo en la historia y teorías del arte, sino en la vida
concreta de las comunidades y particularmente de las mujeres que a él se dedican.
Ese ejercicio crítico
fue acompañado de las herramientas teóricas y conceptuales que las autoras y
artistas feministas han construido y que permiten por un lado señalar el
problema y, por otro, abrir un horizonte de posibilidad para una forma de pensamiento
que difiera de la forma tradicional existente, que en su misma forma
imposibilita el surgimiento de diferencia.
Pero nuestro trabajo no
podía quedarse en el trabajo teórico, que no por valioso es suficiente y al que
afortunadamente tantas mujeres han ido contribuyendo de manera significativa
para brindar un horizonte en el que podemos darnos cita. Parte de nuestro
compromiso con la teoría está fundamentado con una de las pretensiones eje de
la investigación: no podíamos, o no podía tener sentido real, hacer una crítica
de la visión hegemónica del canon artístico y sus efectos en la vida de las
mujeres concretas si dicho ejercicio crítico no pasaba y se nutría también, pero,
sobre todo, directamente de la obra y testimonio de las mujeres concretas. Es por
ello que la investigación tomó como referencia fundamental a las “fuentes
primarias”, como Mónica Mayer, nombra a las artistas y mujeres que hacen y son
aquello de lo que teorizamos, las sujetas de estudio no en un sentido pasivo,
sino como agentes altamente participativas de lo que la investigación buscaba
señalar y destacar.
Así que la
investigación, además de haberse sustentado y nutrido de las referencias y
reflexiones teórico conceptuales que nos permitieron delinear nuestras
preguntas y trayecto crítico, se fundamentó de manera vital en el testimonio,
obra y reflexión de diez artistas visuales que residen en el Estado de
Aguascalientes: Alicia Cruz, Klaudia González, Olga Terán Cortés, América del
Pilar Padilla Coronel, Pilar Ramos, Gabriela Itzagueri Mendoza Sánchez, Alondra
Alonso, Sumi Hamano Yabuta, Lucía Castañeda Garma y Cristina Franco. Las
trayectorias y producción de las artistas se abordaron reflexivamente desde los
ejes críticos de la idea de arte, de la memoria y el feminismo.
Más datos del proyecto
y su resultado concreto, se pueden cotejar en el libro Arte, memoria y
feminismo. Otra historia del arte en Aguascalientes. Documentación, análisis
estético y biopolítico de la producción de mujeres artistas visuales en
Aguascalientes, editado por el Instituto Cultural de Aguascalientes en 2023
y que se puede consultar para mayor detalle y referencia de lo que aquí se
expone. Para este trabajo me centraré en los otros ejes de la labor académica
que implicó el proyecto y que forma parte sustantiva de las aportaciones que
desde los feminismos llevamos a cabo a la academia universitaria de forma
situada.
Para dar contexto del
crecimiento de Arte, memoria y feminismos[3], hay que
aclarar que es a la vez un grupo colegiado de académicas de la Universidad
Autónoma de Aguascalientes que trabajamos en el ámbito de las artes, la cultura
y la filosofía y que también bajo ese nombre se reconoce una feminaria[4]
permanente de investigación que existe desde 2018[5]. Como
hemos dicho, se trata asimismo del título que han llevado el proyecto de
investigación antes referido y el libro resultante del mismo.
“Arte, memoria y
feminismo” en un inicio, “Arte, memoria y feminismos” (en plural) en la
actualidad para poner el acento en la pluralidad de las corrientes feministas,
de mujeres y sobre todo de los feminismos descoloniales, es una
agrupación/investigación/feminaria, que ha sido el paraguas conceptual y
político que nos ha permitido desarrollar buena parte de nuestra actividad
académica, desde donde hemos podido organizar, articular y proyectar nuestros
intereses, necesidades y apuestas como académicas en el ámbito de las artes, la
filosofía y la cultura, como docentes universitarias tanto dentro como fuera de
una institución de educación superior pública de la región centro-norte de
México. En palabras de Ximena Gómez Goyzueta:
Las que conformamos la
línea de investigación que da nombre al seminario, lo hemos hecho a partir de
una discusión que, consideramos, debe ser profunda y permanente sobre la
necesidad de visibilizar las problemáticas de las violencias de género que se
manifiestan en todos los ámbitos de nuestras vidas, y las alternativas o
posibles soluciones con las que, desde el arte, la cultura y la investigación
humanística y de ciencias sociales con una mirada de género, podemos
contribuir. (2020, pp. 55-56).
Bajo ese título, al que
se le han ido agregando ideas más concretas para nuestras diferentes
actividades y proyectos, hemos buscado compartir desde la experiencia, la
investigación y saberes comunes, los planteamientos, objetivos, las metodologías,
la posición discursiva, el piso político y el establecimiento de compromisos a
partir de los cuales construimos y abordamos nuestros tópicos de estudio.
Trabajamos principalmente con subjetividades, cuerpos/territorio, prácticas
artísticas y culturales, pensamiento y producción simbólica, así como estéticas
feministas con la intención explícita de visibilizar, reconocer y estudiar la
producción artística, simbólica, cultural y de pensamiento de las mujeres en
nuestro contexto.
[...] conceptualizar y
redefinir el sentido de lo que significa ser fuente primaria y construir a
partir de lo vital de la idea, nos permitió y comprometió a centrar el proyecto
en las experiencias, obras procesos creativos e intereses de las artistas,
dentro del territorio en que nos localizamos. Su trabajo y lo que han
compartido con nosotras dirigen y alimentan la reflexión, los pasos a seguir
que requerimos para procesar tan relevante material que necesita ser compartido
y conocido. También la fuente primaria implica cambiar el enfoque tradicional
que entiende la idea de investigación, y consecuentemente a nosotras como
investigadoras, no sólo por lo que conlleva la crítica necesaria al oficio, o
al hecho de despatriarcalizar la mirada y la forma de preguntar, también, como
fuente primaria, pues nuestras experiencias, trabajos y vidas son las que nos
permiten, además de plantear, cuidar y sostener este proyecto como se requiere,
como se merece y merecemos. (Mercado, et al., 2023, p.15).
Buscamos así contribuir
a disminuir el déficit que la injusticia epistémica producto de una mirada
patriarcal y hegemónica ha generado en el campo para enriquecer nuestro
ejercicio investigativo y docente, para que las, los, les estudiantes y nuestra
comunidad en general puedan y podamos acceder a una visión más justa, amplia,
situada y representativa de los estudios del arte, la filosofía y la cultura
que no les/nos excluyan de manera tácita.
Aunque las aristas y
actividades que Arte, memoria y feminismos ha tenido hasta el momento son de
una pluralidad disciplinar y temática que nos llena de satisfacción, en este
apartado se verán algunos elementos generales de lo que ha englobado. Más adelante
se profundizará sobre la reflexión del impacto que el proyecto de investigación
de 2021-2022 y el libro resultante van mostrando en nuestra comunidad (dentro y
fuera de la Universidad) y cómo se vincula con otros proyectos, recientes y no
tanto, en los que reconocemos una motivación en la que encontramos valiosos
aprendizajes que hay que destacar como parte de lo que hoy hacemos las mujeres
dentro de los entornos académicos como parte vital de nuestros quehaceres,
tanto en sus similitudes como en sus diferencias: visibilizar las formas de discriminación y
violencia sexista normalizadas en los entornos de creación y formación de
conocimientos, la estrategias para acabar con ellas y el reconocimiento del
trabajo académico realizado por las mujeres de nuestra área.
Entendemos el problema
del sexismo como uno de descalificación ontológica de las mujeres y las
disidencias sexo-genéricas, como lo plantea Geneviève Fraisse:
C’est même la finalité
du sexisme, que de dire: «Vous n’êtes pas de la même qualité que moi». Si on
pense en termes de qualité, on se place, même malgré soi, dans un langage
ontologique et non juridique, ontologie que dit l’être et non le droit. Oui, on
peut prendre acte de ce que le juridique peine à lutter contre le sexisme et
c’est là que nous devons être exigeants quant à la définition. (2020, p. 191)[6].
Es por ello que, como
su nombre lo indica por su primera palabra, nuestros trabajo y comunidad se
desarrollan desde una perspectiva feminista, puesto que es el lugar desde donde
podemos comprender, visibilizar, resistir las formas patriarcales presentes en
nuestro ámbito de competencia, con lo que además de atender a una cuestión de
justicia epistémica, se nutren y enriquecen nuestros campos de estudio:
Pensar desde el
feminismo implica reconocer no solo una proliferación de objetos de reflexión
antes considerados intrascendentes, sino aceptar la existencia de una
subjetividad compleja que nos obliga, no sólo a duplicar, sino multiplicar, los
objetos tanto como las perspectivas del conocimiento científico y filosófico.
(Gómez Campos, 2014, p. 2)
Aunque las artistas de
los feminismos son de una vastedad difícil de abarcar, nuestro trabajo se
coloca en la intersección de la filosofía, la cultura y las artes, desde donde
buscamos construir alternativas sensibles que apunten a una forma de pensamiento,
acción y creación que no reiteren las formas de violencia que solemos
experimentar en los espacios abocados a la enseñanza y las artes.
Es fundamental
reconocer que ese camino no lo andamos solas, y que el trabajo que las mujeres
han realizado desde hace décadas en ese terreno es muy importante para
nosotras, no sólo porque forman parte de nuestras referentes, sino porque son
una muestra explícita de la necesidad histórica de un enfoque feminista en el
quehacer teórico enfocado a las artes y la cultura, pues este se ha
caracterizado por ser uno de los espacios simbólicos donde más claramente opera
la violencia sexista, clasista y racista, en suma, de un pensamiento
“tradicional” que justifica dichas formas de violencia y exclusión:
Estoy convencida de que
es importante elaborar una estética no «femenina» sino «feminista». Para llegar
a lo segundo hay que reflexionar sobre lo primero y tomar en cuenta las
complicaciones de la subjetividad, y las investigaciones feministas sobre la
teoría estética necesariamente se dirigen a una crítica de los supuestos
tradicionales. (Ecker, 1986, p.18)
Además, para nosotras
es fundamental distinguir que los esfuerzos de nuestra comunidad están
orientados por su praxis descolonial. El trabajo de los feminismos en el arte
tiene un momento de referencia muy reconocido en la teoría y arte feministas
del norte global de las décadas de los sesenta y los setenta del siglo pasado.
Reconocemos en ese campo el trabajo elaborado por autoras como Linda Nochlin,
Griselda Pollock, Rozsika Parker, Laura
Mulvey, Gisela Ecker, Claire Johnston, Kate Millet entre otras muchas otras
teóricas, o de artistas como Agnes Varda, Cindy Sherman, Mary Shapiro, las
Guerrilla Girls, Judy Chicago y de las que dieron vida al Woman’s Building por
ejemplo, impulsadas por el deseo feminista de ver formas artísticas y hacer una
teoría e historia del arte que desafiara las ideas patriarcales, que apuntara a
la liberación de las mujeres, así como al reconocimiento de su producción
artística y simbólica.
Sin embargo, como
mujeres situadas en el sur global, cuyos cuerpos-territorio están atravesados
por las formas del poder y la violencia colonialista que incide en la
intensidad del patriarcado (Segato, 2018) a través de la multiplicación de las
formas y profundidad de las violencias propias de la opresión patriarcal, es
importante recurrir al trabajo teórico y artístico que, particularmente desde
Abya Yala, se ha realizado para reconocer las aportaciones de las mujeres en el
campo de las artes y de la cultura, pensando antes que nada, desde el sur
global, desde su diferencia, necesidades y posibilidades.
Aunque el
cuestionamiento a la distribución desigual entre centros y periferias en el
campo de la cultura se haya discutido durante décadas, esta sigue articulando
el circuito global. El arte latinoamericano ingresa en el mercado internacional
por aquello que es generalizable, comprensible desde un punto de vista externo;
y es este ángulo de lo generalizable el que bloquea la posibilidad de percibir
y analizar lo específico (Giunta, 2020, p. 12).
Este compromiso de
pensar desde una perspectiva feminista y descolonial obedece además a la
claridad de que trabajamos con estudiantes y con una comunidad cuya realidad no
alcanza a ser descrita ni comprendida desde los presupuestos más hegemónicos
del saber, pero, sobre todo, que no quiere ya “adaptarse” o “traducirse” para
poder ser leída desde los códigos que no sólo no le acomodan, sino que
domestican su diferencia y diluyen su potencial disruptor. De ahí nuestro
interés por las prácticas artísticas y estéticas desde nuestro contexto, pues
vemos cómo desde ahí se configuran estrategias sensibles de creación y de
resistencia desde nuestro contexto.
La producción de arte
feminista agudiza con su discurso el campo de la subversión de todo el esquema
de representación androcéntrica, como ya lo hemos visto, también constituye una
vindicación de un territorio para la autorepresentación de las identidades. Por
lo tanto, de cómo queremos ver ser vistas/os. Conscientes del peso que significa
la cultura visual en el mundo y en especial en esta región muchas artistas han
utilizado sus medios para hacer/ se presente. (Antivilo, 2015, p. 111)
En ese sentido, la
investigación suma a la generación de estrategias de diferente para denunciar
tanto las formas discriminatorias contra mujeres y personas de la disidencia
sexo-genérica, como para acabar con las lógicas y las prácticas de poder que
las sostienen en los medios de los que formamos parte, a la vez que ensayamos
alternativas para construir un tejido comunitario y de conocimiento orientado a
prácticas pedagógicas, formas de saber, intercambio y vincularidades que
construyan lo común alejándose de la crueldad que, lamentablemente, aún
caracteriza a la academia.
Arte, memoria y
feminismo es pues, una suma de afectos y vínculos de mujeres en la academia
dedicadas a los estudios y producción de arte y cultura con enfoque feminista y
descolonial. Tratamos de cuestionar y erradicar las formas de enseñanza y
producción de conocimiento que han justificado la exclusión e invisibilización
de las mujeres como parte de la historia y vida de las comunidades artísticas y
culturales. Como hemos dicho, los esfuerzos que nos reúnen no se quedan en la
teoría, si no que tienen al terreno de la praxis como objetivo, pues no
se queda ni se centra en el terreno más abstracto de la investigación, si no
que va directamente a nuestra vida docente, a la creación de estrategias en el
ámbito de la academia y fuera de ella, al tejido de redes y construcción de
vínculos y afectividades.
Como se ha podido
observar, este ejercicio no puede llevarse a cabo sin establecer la importancia
de la incorporación de la autoetnografía, no sólo porque el objeto de estudio
lo requiere, sino porque como señala Sara Ahmed en Vivir una vida feminista (2021),
la reflexión y socialización en torno a estas experiencias de vida son las que
dotan de sentido y carácter al discurso, a la vez que muestran de manera
puntual la manera en la que adquiere dimensión en el campo de la vida: son
cuestiones que no se van a “ver” si no las mostramos a partir de lo concreto y
la forma en la que lo experimentamos.
A continuación, veremos
cómo estas experiencias que son particulares pero colectivas, han encontrado en
otros proyectos, voces y latitudes un eco del que se nutren.
2.
Arte, memoria y feminismos: otro hilo en un telar
La necesidad de
desarrollar proyectos feministas desde el ámbito de la academia y que de ello
la tenga como objetivo de transformación, afortunadamente, no es una cosa
nueva. Los esfuerzos de las mujeres por cambiar los entornos educativos para
hacerlos menos hostiles para ellas, sus congéneres y otros de los mal llamados
grupos “minoritarios” tiene hondas raíces en las que podríamos remitir, por ejemplo,
al caso de por ejemplo hasta la escuela de Newington Green, que Mary
Wollstonecraft (2010) funda para asegurar a las niñas que puedan acceder a
educación apropiada que no asumiera desde un inicio su inferioridad. En la
actualidad, aunque es bien sabido que un mayor número de estudiantes
universitarias son mujeres (ANUIES, 2025), es notable también cómo dichas
estudiantes encuentran dificultades relacionadas con el género en el camino,
que disminuye su participación en posgrados y posteriormente las oportunidades
de hacer trayectoria en la academia.
Normalmente, cuando el
problema se aborda desde una perspectiva masculina, “neutral”, o no feminista,
sucede las preguntas que se hacen para abordar el fenómeno, los presupuestos o
la misma finalidad de la pregunta normalizan el estado de desigualdad de las
mujeres. En el ámbito de la educación, lo mismo que en los estudios sobre la
violencia, la familia y en general de los fenómenos sociales que atraviesan las
vidas de las mujeres, es necesario aplicar una mirada feminista que ayude a
problematizar una supuesta normalidad que desfavorece a las mujeres y que, de hecho,
nos coloca en una posición de subordinación:
Los estudios feministas
inaugurados durante las décadas de 1970 y 1980 se distinguen por abordar el
problema desde la perspectiva de las víctimas. Esta mirada no pertenece al
canon ni constituye la narrativa reinante, son ojos que observan desde la
diferencia los puntos ciegos y revelan la hondura de raíces. Detectan con
agudeza los comportamientos sociales que son tanto aceptados como aceptables.
(García Rodríguez, 2023, p. 308)
La contundencia de los
hallazgos de los estudios feministas del siglo pasado siguen siendo para
nosotras referente de la necesidad de seguir trabajando a partir del
reconocimiento de esos puntos ciegos si lo que queremos es cambiar con la
condición de víctima, de subordinación, de inferioridad con la que las mujeres
hemos sido tratadas, leídas, interpretadas y representadas a lo largo de la
historia, en las que el arte y la academia son un notorio botón de muestra del
sexismo hasta nuestros días.
Por lo anterior,
encontramos particularmente valiosos otros trabajos con un enfoque que busca
romper con la narrativa de que las mujeres no tienen o no han tenido un papel
vital en los espacios de construcción de conocimiento. Es indispensable
reconocer lo que vemos y aprendemos de nuestras “grandes maestras”, colegas
irremplazables. Verlas, conocer su trabajo y aportaciones es un compromiso
feminista y una ganancia comunitaria.
En el ámbito de los
estudios filosóficos en el que las autoras de Arte, memoria y feminismo.
Otra historia del arte en Aguascalientes nos hemos formado, encontramos por
ejemplo el trabajo de Fanny del Río publicado en el libro Las filósofas
tienen la palabra (2020) en la que lleva a cabo entrevistas a diez
importantes filósofas, protagonistas en sus respectivas áreas de especialidad
filosófica, de las que dan cuenta de su trayectoria (en diferentes cargos
docentes, directivos, de gestión e investigativos en la Universidad Nacional
Autónoma de México) mientras conversan con la autora, que a su vez pone a las
ideas de las entrevistadas a dialogar entre sí. Un elemento interesante del
documento, es que en él las filósofas son cuestionadas acerca de la percepción que
tienen de ser mujeres en la academia y como mujeres de la academia, cuestión
que independientemente de lo que revelan las entrevistadas, es un asunto
fundamental del proyecto que llevó a la autora a plantear la necesidad de un
libro de esta naturaleza que, además de visibilizar el trabajo de las
filósofas, es una herramienta fundamental que, leída desde una perspectiva
feminista, permite distinguir con claridad las condiciones explícitas y tácitas
del sexismo en la academia y la manera en que las académicas las han entendido
y manejado.
Un antecedente
fundamental de este y otros trabajos, dentro de los que se incluye Arte,
memoria y feminismo como libro y como proyecto, es el de Norma Blazquez
Graf, filósofa pionera en los proyectos aplicados del feminismo en la academia,
que desde hace años ha enfocado su interés y habilidades metodológicas y
epistemológicas al desarrollo de la investigación feminista. Su libro Trayectorias
y contribuciones de Académicas de la UNAM (2008) ha sido un referente para quienes,
desde las diversas áreas del saber, nos hemos preocupado y ocupado de luchar
contra los sesgos y prácticas sexistas desde los espacios de la academia,
siendo el reconocimiento del trabajo y la experiencia de las mujeres en sus
diferentes ámbitos una de las estrategias fundamentales para despatriarcalizar
la academia y los saberes.
A los casos anteriores,
quisiera sumar uno más, se trata del libro Las filósofas que nos formaron.
Injusticias, retos y propuestas en la Filosofía (2022) de reciente
publicación, coordinado por Aurora Georgina Bustos Arellano y Mayra Jocelin
Martínez Martínez. Dentro de los contenidos de este interesante documento que
busca hacer justicia a las maestras (cercanas o no) que han enseñado a las
autoras (y a muchas filósofas) a hacer filosofía desde una perspectiva que no
sólo no nos excluye como mujeres, si no que vuelve nuestro pensamiento y luchas
pertinentes. Al respecto, María Esperanza Rodríguez Zaragoza hace evidente que
ir en contra de la injusticia epistémica que minimiza el alcance de nuestro
trabajo es una tarea que nos corresponde:
Las principales
interesadas debemos ser las filósofas, aquellas que nos desempeñamos como
investigadoras, docentes y estudiantes de esta disciplina, las que hacemos a la
Filosofía desde nuestra mirada. El reto es grande; nuestro momento histórico
nos demanda estar preparadas para crear y allanar nuevos caminos, que, en
breve, serán transitados por muchas más. (Rodríguez Zaragoza, en Bustos
Arellano y Martínez Martínez, 2022, p. 127)
En el ámbito de las
artes los esfuerzos no se han quedado atrás. Desde una perspectiva filosófica,
uno de los señalamientos más sostenidos frente a la idea del artista como
varón, la idea de un canon que es prácticamente masculino y una academia que
naturaliza el sexismo de la enseñanza de las artes, hacer evidente el sesgo ha
sido y sigue siendo percibido como una ofensa y amenaza del estatus quo de los
varones en la academia. Sabemos que si no somos nosotras quienes fomenten el
cambio, este no sucederá. Esto queda remarcado si vemos como Gisela Ecker
señala el papel y responsabilidad de las instituciones desde hace casi cuatro
décadas:
Esto también se refiere
a la relación de uno y otro con los valores de género de las instituciones y de
las teorías que aplican. No se puede insistir demasiado en la imposibilidad de
construir este mito de neutralidad de género en el arte si los artistas y
críticos varones no desarrollan, al mismo tiempo, una conciencia de su propio
sexo. Si no lo hacen, tendremos que demostrar claramente que lo que ellos
llaman normas «naturales» o «generales» es cuestionable. [...] En cuanto
analizamos como mujeres, con nuestras preocupaciones y capacidades específicas
(desarrolladas en nuestra posición histórica), la institución universitaria,
aparentemente neutral en cuanto al género y desinteresada, se ofende
pavorosamente. Utiliza su propia intrincada red de trivializaciones y pequeños
gestos amables de censura, que sin embargo terminan frecuentemente con la
exclusión. (1986, 18-19)
Tal como Ecker anticipa,
esta tarea la hemos tomado en nuestras manos las interesadas, no sin las
suspicacias, cuestionamientos y descalificaciones, sean estos “pequeños gestos
amables” o grandes muestras de hostilidad que suelen suscitar en los entornos
que no por filosóficos están exentos de dogmas.
Sin embargo, la tarea
de pensar y de pensarnos construyendo horizontes simbólicos y de ideas que nos
excluyan ni a nosotras ni a otros grupos o subjetividades que tanto suman al
mundo del arte y de la vida, tiene un sentido y una razón de ser que aunque la
implica directamente, rebasa a la academia. Raquel Mercado Salas destaca el
valor de las visualidades que se filtran a las formas hegemónicas de poder y
nos recuerda por qué es tan importante no cejar en el esfuerzo, sobre todo,
como pensadoras en el sur global:
[...] podemos observar
que efectivamente, las visualidades juegan un papel importantísimo en la
construcción de resistencias a la reproducción del falogocentrismo en el mundo
simbólico y fáctico de supervivencia. No obstante, dichas resistencias no se
encuentran en las visualidades masivas de las industrias creativas, sino en las
prácticas localizadas en distintos territorios y entre los que más nos interesa
replicar y analizar son los del sur global, en los que habitamos por su
cercanía y por sus posibilidades creadoras con mayor justicia epistémica.
(Mercado Salas, en Hernández, p. 197-198)
Entre esas prácticas
localizadas, encontramos proyectos plurales, valiosos, tanto de relevancia
histórica como de mucha actualidad. Entre los excelentes casos que existen,
quisiera mencionar el trabajo de Martha Patricia Medellín Martínez, que ha
coordinado el Archivo AGBC (Arte y Género Baja California) y que en 2021
impulsó con Olga Margarita Dávila García y Daril Isael Fortis la publicación de
Archivo vivo/a. Primer mapeo de artistas mujeres de Baja California.
[...] es una manera
proactiva de dar cauce hacia una (otra) realidad —tentacular— de las artes,
desviándose del heterocapitalismo de la historia del arte oficial, que no ha
contemplado plenamente a las mujeres artistas como entes activos en el devenir
histórico, con motivaciones específicas, ni sus aportaciones particulares en el
fenómeno artístico. Somos las mujeres creadoras, las artistas, las
investigadoras, las docentes y las gestoras, las que asumimos de manera crítica
con la respons-habilidad ante este reto, que en esta publicación lo hacemos de
manera colectiva y auto inclusiva. (2021, p. 10).
Esta idea de Medellín
Martínez y Dávila García es una invitación a no tirar la toalla. A seguir
construyendo y fomentando lo común. El ejercicio de mapeo de las artistas de
Baja California tiene un valor especial desde la óptica de este trabajo, pues
conjunta elementos que coinciden profundamente con el impulso de Arte,
memoria y feminismo: se trata de un trabajo localizado, que piensa el arte
y la producción artística de las mujeres fuera del eje de la centralidad, que
acentúa el valor de la diferencia de la producción creativa de las mujeres; su
ejercicio de territorialización posibilita lecturas plurales y críticas, pone
el acento en la respons-habilidad (como ellas la llaman) de las mujeres
en las diferentes áreas para romper con los sesgos y cercos patriarcales en el
arte y la academia, lo que también es un acto de creación.
En ese mismo tenor se
encuentra un esfuerzo magnífico que, en un sentido es parte de los contagios
del proceso de investigación de Arte, memoria y feminismo, como, a su vez, este
proyecto lo ha sido de otros tantos. Se trata de la convocatoria para integrar
(2023) y posterior publicación del Catálogo de artistas visuales Mujeres en
Aguascalientes (2024). Proyecto por convocatoria impulsado por la entonces
Coordinadora de la Galería de la Ex-escuela de Cristo del Instituto Cultural de
Aguascalientes (ICA). Aunque no se menciona explícitamente ni en el catálogo ni
en la convocatoria para formar parte del mismo, es importante destacar que, en
ese momento quien se encontraba al frente de la Galería de la Ex-escuela de
Cristo, que planeó y buscó que el producto de este ejercicio se incluyera en su
programación anual, fue Claudia González Hernández, artista visual, museógrafa
y gestora cultural (UAATV, 2024) que formó parte de las artistas que integran
la investigación publicada en Arte, memoria y feminismo. Otra historia del
arte en Aguascalientes. Como parte del jurado que llevó a cabo la selección
de las artistas que integraron el catálogo, estuvo Pilar Ramos Sánchez, quien a
su vez participó también en la investigación de Arte, memoria y feminismo. El
mérito de Claudia González Hernández y del Catálogo de artistas visuales
Mujeres en Aguascalientes está aún por verse, en el sentido de que las
colaboraciones, el conocimiento mutuo, las alianzas y los alcances del
catálogo, seguramente han de multiplicarse en los años por venir. Sin embargo,
a pesar de su muy reciente publicación se pueden ver ya los frutos que ha
traído. Uno de ellos es la satisfacción de las artistas que lo integran al ver
difundido su trabajo, lo que no es menor sobre todo en los casos de las
artistas que tienen décadas de trabajo pero que no habían sido reconocidas de
esta manera, es decir, fuera del marco de ser “alumna del maestro tal” y
no como artistas por derecho propio. Una ventaja más del catálogo: representa
una referencia al trabajo de las artistas, lo que facilita otros pasos en su
trayectoria, por ejemplo, al contestar convocatorias a posgrados o a los
estímulos de creación convocados por el Estado o particulares. Pero quizá la
ventaja más grande que ya se atisba son las redes de colaboración,
reconocimiento, intercambio y afectos que se van gestando de manera cada vez
más evidente entre las artistas, lo que ya genera cambios que serán cada vez
más visibles en una escena cultural que las había relegado.
Este trabajo busca
también reconocer los esfuerzos decididos de las mujeres que dentro de las
instituciones han llevado a cabo para sumar desde sus capacidades y posiciones
a que el cambio de la situación de las mujeres en el gremio suceda. Tal es el caso del brazo editorial del ICA,
Fraguas Ediciones, representado por Carolina Sánchez Contreras y un equipo de
mujeres profesionales en el área que han apostado por desarrollar un proyecto
editorial que difunda y reconozca el trabajo intelectual y creativo de las
mujeres en el Estado.
Otro de los efectos de
las redes y esfuerzos independientes a la investigación, pero de alguna manera
vinculados con ella, fue la Convocatoria de Apoyo a la producción artística
dirigida a mujeres profesionales de las artes visuales y plásticas (2023), que
culminó con una exposición que se inauguró en diciembre de 2023 en el ICA. La
convocatoria no buscaba únicamente exponer el trabajo de las profesionales de
las artes beneficiadas por la misma, si no que financió la producción
presentada en la exposición resultante. Luisa Fernanda Alcaraz Damián, auxiliar
de la Oficina de la Dirección de Promoción y Difusión del ICA, fue quien, a
través de sus gestiones y su interés decidido por favorecer el trabajo de las
artistas, logró acceder a los fondos de un recurso federal a través de la
Convocatoria 2023 AIEC Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura con la que se
financió el proyecto. El proyecto y la exposición resultante han sido un
parteaguas en nuestra comunidad por su calidad y el reconocimiento del trabajo
y la pluralidad de las artistas en Aguascalientes que, a la vez y de forma
crítica da cuenta de la exigencia y frecuentemente de la sobreexigencia que las
mujeres imponen a su trabajo.
Conclusiones
En el año 2007 Karen
Cordero e Inda Saenz publicaron Crítica feminista en la teoría e historia
del arte, un relevante libro en el que reúnen textos fundamentales de
autoras y artistas que han abordado, desde los feminismos, la crítica y la historia
del arte, cambiando así las nociones, conceptos y narrativas tradicionales
desde donde se han pensado las prácticas artísticas desde una mirada hegemónica
y patriarcal. Además de popularizar y ofrecer por primera vez en español y
reunidos textos que ahora integran referencias fundamentales de la teoría del
arte feminista, Cordero y Saenz convocan además a importantes figuras del arte
feminista en nuestro país, dentro de las que no podía faltar Mónica Mayer,
pionera del arte feminista en México. El capítulo con el que participa Mayer
lleva como título “De la vida y el arte como feminista” y en ella ofrece una
visión panorámica de su trayectoria de vida como artista y feminista, a la vez
que reflexiona y evalúa las ideas, alcances y logros de esta praxis tanto de
forma personal como colectiva. Aunque Mayer destaca con claridad la importancia
del feminismo en su vida y su obra, hasta el punto de asegurar que “un buen día
me di cuenta que yo sin el feminismo, no puedo vivir” (401), también señala,
casi al cierre del capítulo, las muchísimas carencias a las que aún nos
enfrentamos en el ámbito:
Sin embargo, tanto en
exposiciones colectivas como individuales, la presencia de la mujer sigue
siendo menor y por cada diez críticas que se escriben de ellos, sólo se nos
dedica una a nosotras.
A pesar de los avances
que hemos visto y de que cuando hablo con las artistas más jóvenes, éstas me
dicen que todo ha cambiado y que ya no perciben sexismo en nuestro medio
profesional (aunque las que empiezan a tener hijos parece que están cambiando
de opinión), a mí me siguen desesperando las carencias. En verdad, son pocos
los libros sobre mujeres artistas y menos aún los que tienen una perspectiva
feminista. Aun en los centros de estudios de género, el tema del arte casi no se
trata, aunque sé que hay dos o tres estudios y tesis en proceso. (Mayer, en
Cordero y Saenz, 2007, p. 411)
Este texto de Mónica
Mayer fue publicado originalmente en el no. 8 de N.Paradoxa, en el año
de 1999. Ha pasado desde entonces un cuarto de siglo. Una generación completa
de jóvenes artistas y académicas se han sumado con su obra y reflexiones al
plural territorio de los feminismos. Mucho ha cambiado desde entonces, pero
coincido con Mayer en que aún es poco en comparación de lo mucho que falta. El
vasto archivo de Mónica Mayer y Víctor Lerma, Pinto mi raya, es una
muestra de que los proyectos con enfoque feminista prosperan, aunque sea con
necia lentitud, pues son producto de una a-puesta en común y se cultivan con
afecto y compromiso.
Además, este paso
relativamente lento y los titubeos en el camino de las trayectorias feministas
de las artísticas, teóricas del arte y de la cultura son también un síntoma de
un movimiento social e intelectual orgánico, que a pesar de los intentos de
cooptación por parte de las estructuras institucionales y de poder, se mantiene
vivo, autocrítico, vigente y plural, mediante la acentuación de su diferencia.
Respecto al campo del arte Griselda Pollock señala:
The play on the word
'movement' allows us to keep in mind the political collectivity in which
feminist work must be founded and, at the same time, it enables us to refuse
containment in a category called feminism. Feminism will not just be one more
approach in the chaotic pluralisation to which a threatened art history
desperately turns in the hope of maintaining its hegemony by tactical
incorporation. (Pollock, p. 26)[7].
Si nos reconocemos
feministas, si añadimos el sustantivo a nuestros estudios, a nuestro enfoque y
nuestras prácticas no es entonces para legitimar una forma de discurso, para
establecer un nuevo canon o para fundar una categoría. Hablar de y desde los
feminismos es una posición política que nos recuerda de forma cotidiana que lo
que hacemos, pensamos, escribimos, enseñamos y sentimos no se da en abstracto
ni en un territorio neutro. Que nuestra práctica tiene un peso, un objetivo y
un compromiso de por medio y una comunidad como fin.
De Arte, memoria y
feminismo y su relativamente reciente memoria puedo señalar en este momento que
seguro aún hay transformaciones por venir. Que las preguntas y objetivos de
investigación de quienes participamos en la feminaria seguirán
nutriéndose y reformulándose. Que seguramente si hoy emprendiéramos nuevamente
el proyecto, habría cosas que haríamos de forma distinta y ciertamente hay un
montón de deseos e intenciones que no se han concretado. Pero pensar como
feminista dentro de la academia universitaria pasa también por reconocer los
límites a las exigencias a nuestro trabajo y valorar con cuidado lo que, de
hecho, sí hemos hecho, sin olvidar que aún queda mucho por hacer. Aunque quizá,
lo más importante de ello es tener la certeza de que no es un trabajo
individual ni solitario, que lo que falta no depende de una o unas cuantas y
que las posibilidades de lo que nos motiva y anima ya se viven y están aún por
verse. En ese camino el trabajo vinculado con la creación tiene la gran ventaja
de encontrar vetas en donde el sentido y la alegría de la lucha nos mantienen
activas y acompañadas. Quisiera terminar este documento citando a Francesca
Gargallo Celentani, quien integra en gran medida el sentir de este trayecto:
La liberación estética
y la liberación de las mujeres son procesos que se entretejen y apelan a más.
Probablemente a una ideología difusa que no descansa en la economía, sino en la
creación. A una poética no violenta y, por ende, no épica. A reiteraciones de
imágenes de una belleza desligada de la búsqueda de un lucimiento personal. A
elaboraciones de objetos, cartas, cantos, teatralizaciones, danzas que convocan
a sesiones de olfatos, de tactos, de gusto, de ejercicio, de vista, de oído. A
tiempos que suspenden las actividades y tiempos que las aceleran, descanso y
vórtice. (Gargallo Celentani, p. 20).
Fuentes
de consulta
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Wollstonecraft, M.
(2010) La educación de las hijas. El Desvelo Ediciones.
[1] El nombre del proyecto fue “Arte, memoria y
feminismo. Documentación y análisis desde la perspectiva biopolítica y estética
contemporánea de las prácticas artísticas hechas por mujeres artistas en
Aguascalientes en el siglo XXI”, fue parte del sistema de proyectos de
investigación de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y con vigencia de
dos años y clave PIECu 21-8. Para facilitar la lectura del presente documento,
me referiré al proyecto como Arte, memoria y feminismo. Cuando se hable del
seminario permanente y/o al grupo colegiado, se hará alusión a la feminaria Arte,
memoria y feminismos. Cuando se hable del libro, se usarán las cursivas
correspondientes y se llevará a cabo la especificación.
[2] En la
redacción del presente trabajo recurriré a la primera persona del singular
cuando me refiera específicamente a la labor que llevo a cabo para este documento
y en primera persona del plural cuando remito al trabajo colegiado y colectivo
el proyecto de investigación sobre el que versa este trabajo.
[3] La Feminaria permanente y las actividades de
Arte, memoria y feminismos son coordinadas por la Dra. Raquel Mercado Salas y
cultivadas por ella y otras compañeras docentes y estudiantes de la Universidad
Autónoma de Aguascalientes. Los diversos productos de nuestro quehacer pueden
ser consultados en el sitio de Google sites, en donde se accede también al podcast
homónimo y a otros materiales y recursos que forman parte o son resultado de
los procesos de trabajo colaborativo que realizamos. https://sites.google.com/view/arte-memoria-y-feminismo/inicio?authuser=0 y el podcast en https://open.spotify.com/show/0k82laa4gfI24JM46A7PwI?si=6ea51ef30aee4234
[4] En vez del usual “seminario”. El uso de
“feminaria” lo retomamos del uso y práctica del mismo que hacen las compañeras
de la UNICACH-CESMECA en Chiapas.
[5] Las actividades de Arte, Memoria y Feminismos, entre las que se encuentra la
Feminaria, se enmarcan en el trabajo del Cuerpo Académico de Estudios y
producción en arte, imagen y sonido.
[6] La finalidad misma del sexismo es decir: «No
tienes la misma calidad que yo». Si pensamos en términos de calidad, nos
situamos, incluso a pesar nuestro, en un lenguaje ontológico y no jurídico, una
ontología que habla del ser y no de la ley. Sí, podemos reconocer que el
sistema jurídico lucha por combatir el sexismo, y es aquí donde debemos ser
exigentes con la definición. (Traducción propia).
[7] El juego de sentido en la palabra ‘movimiento’
nos permite tener presente la colectividad política en la que debe
fundamentarse el trabajo feminista y, al mismo tiempo, nos permite rechazar que
se contenga en una categoría denominada feminismo. El feminismo no será
simplemente un enfoque más en la pluralización caótica a la que una amenazada
historia del arte recurre desesperadamente con la esperanza de mantener su
hegemonía mediante la incorporación táctica. (La traducción es mía).