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Las mujeres
en las Relaciones Internacionales: una aproximación feminista. |
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Women in
International Relations: a feminist approach.
Diana Karina Mantilla Gálvez
diana.mantilla@correo.buap.mx
Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla, México.
ORCID: 0000-0001-5716-4389
María
Fernanda González Rivera
maría.gonzalezrive@alumno.buap.mx
Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla, México.
ORCID: 0009-0002-2793-4535
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ARTÍCULO |
Recibido: 31|03|2025 • Aprobado: 01|10|2025 |
RESUMEN
Las Relaciones
Internacionales son una disciplina relativamente nueva que surgió a comienzos
del siglo XX, para estudiar las interacciones entre los actores del sistema
internacional, tales como los países, las organizaciones, las empresas, los
grupos humanos, entre otros. Sin embargo, la baja representación de las mujeres
en esta disciplina, la exclusión de sus aportaciones y la brecha de genero
laboral en las academias, han perpetuado las barreras estructurales, dando
lugar a un sesgo androcéntrico en sus metodologías y sus conceptos claves. A
pesar de que en las últimas décadas las contribuciones de las mujeres a la
disciplina han permitido dar lugar a nuevas teorías, metodologías y enfoques,
estos aportes no suelen recibir la misma importancia que sus pares masculinos.
Por eso, haciendo uso de una metodología cualitativa, incluyendo la revisión y
análisis de literatura académica de las Relaciones Internacionales, el objetivo
de este artículo es analizar la participación y contribuciones de las mujeres
en esta disciplina y los principales retos que enfrentan. El trabajo pone de
relieve que la exclusión y la falta de integración de contribuciones femeninas
al currículo académico no solo daña a las mujeres al despojarlas del
reconocimiento que les corresponde, sino que también impide el desarrollo pleno
de la disciplina de las Relaciones Internacionales.
Palabras
clave: Brecha de género;
Androcentrismo; Mujeres en la academia; Teoría de Relaciones
Internacionales; Barreras estructurales.
ABSTRACT
International Relations is a relatively new discipline that emerged in
the early 20th century to study interactions between actors in the
international system, such as countries, organizations, corporations, and human
groups, among others. However, the low representation of women in this
discipline, the exclusion of their contributions, and the gender gap in
academic institutions have perpetuated structural barriers, leading to an
androcentric bias in its methodologies and key concepts. Although in recent
decades, women’s contributions to discipline have fostered new theories,
methodologies, and approaches, these contributions often do not receive the
same recognition as those of their male counterparts. Therefore, using a
qualitative methodology, including the review and analysis of academic
literature in International Relations, this article aims to analyze the
participation and contributions of women in this discipline and the main
challenges they face. The study highlights the exclusion and lack of
integration of women’s contributions into the academic curriculum not only harm
women by depriving them of the recognition they deserve but also hinder the
full development of the field of International Relations.
Key Words: Gender gap; Androcentrism; Women in academia; International Relations theory; Structural barriers.
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Introducción
Las Relaciones Internacionales
son una disciplina que estudia las interacciones entre los Estados, organismos
internacionales, actores no estatales y otros agentes que influyen en la
política, la economía y la sociedad en general[1]
(Mingst, 2006). Esta disciplina académica es relativamente nueva, pues
surgió luego de la Primera Guerra Mundial, para tratar cuestiones relacionadas
con el poder, la soberanía y la seguridad desde una óptica estatalista y militarista (Lozano, 2019, p. 9). Por eso, los
primeros estudios y enfoques de esta disciplina estuvieron dominados por
perspectivas masculinas que han influido en la manera en que se han analizado
fenómenos internacionales, priorizando las relaciones de dominación y conflicto
en lugar de otros enfoques más inclusivos que consideren temas relacionados con
la pluralidad y la cooperación en la política mundial (Arendt,
1959).
En otras palabras, el punto de
partida de las Relaciones Internacionales, así como otras disciplinas del saber
social, ha sido la perspectiva androcéntrica, donde las principales teorías,
metodologías y enfoques han sido desarrollados por hombres, a menudo dejando en
la sombra las contribuciones de las mujeres (Tickner, 1992). Esto quiere decir
que el papel de la mujer en las Relaciones Internacionales ha sido
históricamente relegado a un segundo plano. Si bien en las últimas décadas se
han realizado avances significativos en la equidad de género en distintos campos de las
Ciencias Sociales, en las Relaciones Internacionales, aún persisten desigualdades
estructurales que limitan el reconocimiento y desarrollo de las mujeres en esta
disciplina.
El
reconocimiento de las mujeres en los estudios de relaciones internacionales
además de ser un asunto de justicia social es también una oportunidad para enriquecer
la disciplina con nuevas perspectivas, metodologías y enfoques que pueden
aportar a una comprensión más holística de los fenómenos internacionales
(Enloe, 2014). La falta de equidad en este campo perpetúa una narrativa sesgada
y limita el acceso de nuevas generaciones de investigadoras a oportunidades
laborales y de desarrollo profesional. Es por ello por lo que, la hipótesis que
guía este trabajo es que, a pesar de los
avances en equidad de género, las mujeres continúan subrepresentadas en la producción
académica y en los espacios de toma de decisión dentro de las Relaciones
Internacionales, sobre todo por las estructuras institucionales y culturales
que perpetúan una visión androcéntrica del conocimiento. Ante ello, el objetivo
de este texto es analizar la participación y contribución de las mujeres en la
disciplina de las Relaciones Internacionales y los principales retos que
enfrentan.
Para
lograr este cometido, el trabajo parte de una metodología cualitativa, que
incluye la revisión y análisis de literatura académica de Relaciones
Internacionales, para develar el aporte de las mujeres en este campo del saber.
El trabajo se divide en cuatro partes. La primera de ellas aborda el concepto
de la mujer en los estudios internacionales, explorando su papel histórico y la
importancia de su inclusión en este campo de conocimiento. La segunda parte
examina el sesgo androcéntrico de las Relaciones Internacionales, destacando
cómo las perspectivas dominantes han marginalizado las experiencias de las
mujeres en los debates de esta disciplina. La tercera sección se centra en los
aportes de las mujeres en el campo de los estudios internacionales, mostrando
cómo sus intervenciones han transformado teorías y prácticas en áreas como la
seguridad, la cooperación internacional y los derechos humanos. El trabajo cierra con una cuarta parte de
consideraciones finales.
1.
Pensar a la mujer en los
estudios internacionales
Las Relaciones Internacionales,
como disciplina científica y académica, van más allá de la mera descripción de
los hechos, para tratar de proporcionar explicaciones elaboradas que permiten
comprender su ocurrencia y prever posibles escenarios futuros en un contexto de
transformación e incertidumbre constante (Tomassini,
1988, p. 4). Sin embargo, el problema de la teorización es que no es neutral,
pues toda construcción teórica implica una posición política y responde a
propósitos específicos[2] (Cox,
1993, p. 124), abriendo una pugna constante en la teorización de las relaciones
internacionales (Dougherty y Pfaltzgraff, 1993).
En este panorama, recuperando las
perspectivas críticas, las autoras feministas, por ejemplo, se han dedicado a
cuestionar la historia convencional y a mostrar que la exclusión de las mujeres
no se resuelve simplemente agregándole a la narrativa histórica, sino
replanteando la idea del “hombre universal” que permea tanto la investigación
como el relato histórico (Tarrés, 2013, pp. 8-9). De esta manera, se ha logrado
situar el género como una categoría simbólica y culturalmente construida,
vinculada a relaciones de poder que se ven modificadas por la historicidad y la
organización social (Kenny y Mackay, 2018), evidenciando cómo, en las
sociedades contemporáneas, las relaciones de poder son asimétricas y subordinan
los intereses de las mujeres a los de los hombres (Weedon, 1987, p.1).
En este
panorama, Joan Scott destaca cómo el análisis de género permite desentrañar las
formas en que las mujeres han sido sistemáticamente excluidas o marginalizadas
en diversos ámbitos como las ciencias, a menudo invisibilizando sus
contribuciones (Scott, 2011). Sin embargo, Sherry Turkle (1995) cree que, si
bien las mujeres han sido marginalizadas, en algunos contextos, han tenido un
impacto significativo en otros. Asimismo, Londa (2001) enfatiza que, a pesar de
que las mujeres han estado ausentes de los relatos oficiales de la ciencia, las
contribuciones de las mujeres desafían esas narrativas. Por
eso, Donna Haraway (1988) sugiere que las contribuciones de las mujeres a las ciencias
están situadas en contextos
específicos de la producción del conocimiento. De hecho, Patricia Hills Collins
(2008) señala que la identidad de las mujeres no puede separarse de factores
como raza, clase, etnicidad, lengua y nacionalidad, por lo que debe entenderse
como múltiple, cambiante y contradictoria.
Por eso, la novedad de este texto es
deconstruir las narrativas tradicionales, visibilizando las experiencias y
contribuciones de las mujeres y otras identidades marginalizadas. En el caso particular de las
Relaciones Internacionales, los enfoques feministas tienen sus raíces en la
crisis de las divisiones disciplinarias de finales de la década de 1970, cuando
algunas autoras criticaron las bases epistemológicas, teóricas y metodológicas
de la disciplina. Para fines de la década de 1980, los enfoques feministas de
Relaciones Internacionales se alinearon con el marxismo, los postmodernismos y,
en su mayoría, también siguieron los planteamientos políticos del feminismo
radical (Salomón, 2002: 35). Esta alineación, puede entenderse como una
respuesta a la incapacidad de las Ciencias Sociales para comprender los
movimientos sociales emergentes, como los de mujeres, estudiantes e indígenas,
que rompieron con los guiones establecidos por las teorías dominantes, que eran
más conservadoras y androcéntricas (Tarrés, 2013).
Es por ello por lo que, en la década de
1980, Robert O. Keohane trató de encasillar estas perspectivas en la idea de
los “enfoques reflectivistas”, refiriéndose a aquellas perspectivas críticas
que cuestionaban las teorías racionalistas en Relaciones Internacionales
(Keohane, 1986). Desde este punto de vista, la teorización feminista se habría
incorporado tardíamente al estudio formal de las relaciones internacionales,
pero adquirió relevancia al evidenciar la falta de sensibilidad de las
perspectivas tradicionales en el análisis de la política mundial, especialmente
en cuestiones de género (Sodupe, 2003, pp. 197-198), o bien, como afirman J.
Tickner y J. True que “el feminismo no llegó tarde a las Relaciones Internacionales.
Contrariamente fueron estas las que llegaron tarde al feminismo” (Tickner y
True, 2018, p.221). En la siguiente tabla se muestran las principales
corrientes feministas en las relaciones internacionales.
Tabla 1.
Principales corrientes feministas en las
Relaciones Internacionales
|
Corriente |
Enfoque
en Relaciones Internacionales |
Autoras
Claves |
|
Feminismo
Liberal |
Denuncia la falta de representación femenina en
la política internacional y aboga por la igualdad de derechos. |
Cynthia Enloe, J.
Ann Tickner |
|
Feminismo
Radical |
Crítica el patriarcado como sistema global que
sostiene la dominación masculina en la política y las relaciones
internacionales. |
J. Ann Tickner,
Christine Sylvester |
|
Feminismo
Marxista |
Relaciona la opresión de género con la
explotación capitalista en la economía global. |
Silvia Federici, Heidi Hartmann |
|
Feminismo
Poscolonial |
Analiza cómo el género, la raza y el
colonialismo estructuran el sistema internacional. |
Chandra Mohanty, Gayatri Spivak |
|
Feminismo
Constructivista |
Examina cómo las normas de género influyen en la
política global y el comportamiento de los Estados. |
Marysia Zalewski, Jutta Weldes |
|
Feminismo
Postestructuralista |
Cuestiona las categorías fijas de género y
poder, mostrando cómo el lenguaje y el discurso crean jerarquías en RI. |
Judith Butler, Cynthia Weber |
Fuente: elaboración propia.
Estas teóricas de las Relaciones
Internacionales buscaron insertar la cuestión de la mujer en la agenda
internacional, especialmente en un sistema globalizado donde el Estado, como
actor central, es cuestionado en su rol identitario (Villarroel, 2007, p. 71).
Según Ruíz-Giménez (2000), estas teorías revelan las distorsiones y exclusiones
de género en los paradigmas de las Relaciones Internacionales, mostrando cómo
realismo, liberalismo y estructuralismo refuerzan un sistema de género
occidental (Ruíz-Giménez, 2000, p. 329). De una u otra manera, todas ellas
criticaron los principales postulados de la disciplina, por invisibilizar la
dominación masculina y la exclusión de los puntos de vista de las mujeres en
las relaciones internacionales.
Desde finales del siglo XX, el aporte de
intelectuales y activistas feministas ha favorecido la integración de la
perspectiva de género en las agendas de Estados, organismos multilaterales y
organizaciones de la sociedad civil, impulsando cambios para fortalecer la
equidad de género en el ámbito político global (Soto, Mantilla & Crivelli,
2024). Sin embargo, la incorporación del concepto de género en estas dinámicas
trastoca las academias, permitiendo analizar la masculinidad y la feminidad
como identidades construidas y modificables, desafiando la idea de que son
categorías fijas (Sodupe, 2003, p. 198). Runyan y Peterson dejan en claro que
el género no es solo una dicotomía hombre-mujer, sino una jerarquía donde lo
masculino se impone sobre lo femenino, construido en oposición. Para resistir
esta estructura, proponen rechazar las categorizaciones rígidas y entender el
género como un significado fluido e inestable (Runyan y Peterson, 2014, p.
134).
Dicho de otro modo, los estudios feministas
en Relaciones Internacionales han buscado cuestionar las bases tradicionales
del conocimiento y proponer una teoría que integre la perspectiva de género
(Peterson, 1992, p. 6). Esto es debido a que las relaciones internacionales
representan intereses hegemónicos que sostienen estructuras patriarcales,
relegando a las mujeres a una posición subordinada (Ruíz-Giménez, 2000). Por
tanto, las Relaciones Internacionales, dominadas históricamente por hombres
vinculados a la diplomacia y la guerra (Aron, 1966), han sido influenciadas por
una visión masculina del mundo, lo que genera un sesgo androcéntrico
(Ruíz-Giménez, 2000). Es así como, la tarea de los estudiosos de esta disciplina,
en este sentido, consiste en revisar y cuestionar las estructuras
epistemológicas establecidas para abordar las relaciones internacionales lejos
de una perspectiva masculina y patriarcal.
2.
El sesgo androcéntrico de las
Relaciones Internacionales
Las Relaciones Internacionales
como disciplina nacen con una clara perspectiva angloamericana, con la
fundación del programa de posgrado de la Universidad de Georgetown en 1919 por
Edmund A. Flash y la creación del primer Departamento de Política Internacional
en la Universidad de Aberystwyth en Gran Bretaña. Esta perspectiva estuvo
dominada por una visión masculina y occidental que definió el curso inicial de
la disciplina, sin considerar las experiencias y perspectivas de otras voces,
especialmente las femeninas. La reflexión teórica sobre las relaciones entre
los Estados y el orden internacional abrió los primeros debates en la
disciplina, donde figuras clave como Alfred Zimmern (1922) defensor del
internacionalismo liberal, fueron criticadas por E.H. Carr, quien abogó por un
enfoque más realista, centrado en el poder y los intereses nacionales como
factores determinantes en las relaciones internacionales (Carr, 1939).
A finales de la década de 1920,
Hans Morgenthau y Quincy Wright fundaron el Comité de Relaciones
Internacionales y el primer programa de maestría en Relaciones Internacionales
en los Estados Unidos. A nivel institucional, la Universidad de Princeton y la
Universidad de Yale fueron clave en la formalización de la disciplina, sentando
las bases para la estructuración de programas académicos en Relaciones
Internacionales durante las décadas de 1920 y 1930 (Ochoa, 2011)[3]. Estas
instituciones académicas, como el resto de la disciplina, estuvieron dominadas
por hombres, lo que excluye las contribuciones femeninas al desarrollo de la
teoría y la práctica de ese primer momento de estudio formal de las relaciones
internacionales.
Después de la Segunda Guerra
Mundial, se abrió un segundo debate en el marco del paradigma estatocéntrico,
que enfrentó a los teóricos influidos por el realismo tradicional, centrados en
el análisis de las relaciones de poder y la soberanía estatal, con aquellos que
adoptaron un enfoque más científico y empírico. En medio de este debate, los
estudios formales de Relaciones Internacionales comenzaron a expandirse por el
mundo. En América Latina, por ejemplo, la disciplina de Relaciones
Internacionales se institucionalizó en universidades como la Universidad
Nacional de México y el Colegio de México, que fundó el Centro de Estudios
Internacionales en 1960, pero una vez más, la mayoría de los académicos
influyentes fueron hombres, lo que limitó la inclusión de voces femeninas en
los debates.
Entre las décadas de 1960 y
1990, se desarrolló el Debate Interparadigmático, que permitió clasificar los
paradigmas de Relaciones Internacionales en tres enfoques: el estatocéntrico,
el globalista y el estructuralista. Aunque este debate permitió la inclusión de
nuevos actores, como los actores transnacionales y no estatales, las mujeres
seguían estando ausentes de las discusiones más influyentes. Sin embargo, en
este periodo, se debe destacar el papel de la politóloga ruso-estadounidense
Vera Micheles Dean (1903-1972) que trabajó como jefa de investigación en la Foreign Policy Association, donde se
convirtió en una autoridad en el estudio de la política exterior, enfocándose
en la Guerra Fría y las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética,
promoviendo un enfoque de seguridad colectiva (Dean, 1964).
También se debe decir que
muchos de los debates de esa época fueron influenciados por los análisis de
mujeres como Simone de Beauvoir (1949), Hannah Arendt (1951) y María Zambrano
(1958), que, a pesar de no ser precisamente internacionalistas, desde
diferentes perspectivas y disciplinas de las ciencias sociales, se interesaron
por estudiar la experiencia humana en las estructuras de poder y la libertad de
la política internacional. Asimismo, entre el segundo y el tercer debate de las
Relaciones Internacionales, la Teoría de la Dependencia comenzó a desafiar las
explicaciones tradicionales del desarrollo y las interacciones económicas entre
Estados, incorporando un enfoque crítico basado en el marxismo y la economía
política internacional. Aquí destacó Vania Bambirra (1973) al analizar el subdesarrollo
y la dependencia como un fenómeno ligado al imperialismo, y María da Conceição
Tavares (1971) también contribuyó al estudio de la dependencia y el desarrollo
periférico. Asimismo, Monica Bruckmann (2011) es reconocida por sus
investigaciones sobre recursos naturales y geopolítica en América Latina.
A finales de la década de 1980,
el Debate Interparadigmático perdió relevancia, y surgió el Cuarto Debate,
centrado en la controversia entre racionalistas y reflectivistas, que abordaba
cuestiones de teoría social. Este debate se caracterizó por discusiones
ontológicas sobre materialismo frente al idealismo, y el individualismo frente
al holismo, pero una vez más, las voces femeninas no tuvieron una
representación significativa (López, 2024). Las discusiones dieron lugar a nuevas
clasificaciones teóricas, como los Análisis de Sistema-Mundo, el Neorrealismo,
y el Neoliberalismo. Estas perspectivas continuaron siendo predominantemente
masculinas y no reflejaron adecuadamente las contribuciones de las mujeres en
el ámbito de las Relaciones Internacionales.
A pesar de ello, Janet
Abu-Lughod (1989) contribuyó significativamente al análisis del sistema-mundo
al proponer que existió un sistema global interconectado antes del capitalismo
europeo, específicamente en el siglo XIII. En esta línea Beverly Silver (2003)
también hizo importantes aportaciones a la relación entre el capital, el
trabajo y los ciclos hegemónicos en el sistema-mundo, destacando la resistencia
obrera y las reubicaciones del capital. Desde el neorrealismo Helen Milner
(1991) exploró la relación entre política doméstica e internacional, desafiando
la visión estrictamente estructuralista de Kenneth Waltz. El neoliberalismo
institucional fue enriquecido con los aportes de Lisa Martin (1992), quien analizó
cómo las instituciones internacionales facilitan la cooperación entre estados,
y de Beth Simmons (2000), que estudió el impacto de tratados y normas en el
comportamiento estatal.
3.
Las Relaciones Internacionales desde el
aporte de las mujeres
A pesar de la presencia de
académicas influyentes como Jan Jindy Pettman (1996), Ann Tickner (2001),
Christine Sylvester (2002), Spike Peterson (2005) y Ann Runyan (2006) en el
campo de las Relaciones Internacionales, su número es considerablemente menor en
comparación con los autores masculinos, lo que plantea la pregunta de si sus
contribuciones tienen la misma relevancia. Las académicas feministas,
influenciadas por su activismo, consideran que es un deber moral incluir las
voces de las mujeres y redirigir tanto los sujetos como los objetos de estudio.
Esta perspectiva ofrece una vía para prácticas más inclusivas y responsables en
el campo del conocimiento, sobre todo porque la brecha de género pone de
relieve la disparidad entre hombres y mujeres en relación con oportunidades y
control de recursos económicos, sociales, culturales y políticos (Eternod,
2018.).
Diana Maffia destaca la doble
consecuencia de la exclusión de las mujeres en la ciencia, la cual por una
parte impide su participación en las comunidades epistémicas y, por otro lado, legitima el conocimiento
basado en lo que se considera “masculino” (Maffia, 2007). Por eso, el
Cuarto Debate en Relaciones Internacionales representó un cambio significativo
en la disciplina, destacando el papel de las mujeres académicas. Ann Tickner
fue pionera en cuestionar la dominación masculina en el conocimiento académico
y en promover la inclusión de voces femeninas. Otras académicas feministas se
sumaron a este esfuerzo, visibilizando el sesgo androcéntrico de la disciplina
y aplicando un análisis de género para deconstruir conceptos claves que
tradicionalmente han sido definidos desde una perspectiva masculina, tal y como
se observa en la siguiente tabla.
Tabla 2.
Principales teóricas mujeres en Relaciones
Internacionales
|
Teórica |
Años
de Actividad |
Aportes
Principales |
Enfoques
y Temáticas |
|
J. Ann Tickner |
1980 - presente |
- Teoría feminista en Relaciones
Internacionales. |
- Feminismo, género, poder, seguridad, crítica
al realismo y la teoría tradicional. |
|
Cynthia Enloe |
1980 - presente |
- Análisis de género en la política
internacional. |
- Feminismo, militarismo, relaciones de poder de
género. |
|
V. Spike Peterson |
1980 - presente |
- Feminismo, globalización y seguridad. |
- Crítica feminista, globalización, conflicto
internacional. |
|
Kimberly Hutchings |
1990 - presente |
- Feminismo y teoría crítica en RRII. |
- Teoría feminista, cultura política, relaciones
de género en conflictos. |
|
Nina Tannenwald |
1990 - presente |
- Seguridad, poder y el papel del género en la
política internacional. |
- Seguridad internacional, teoría
constructivista, crítica de género en RRII. |
|
Saba Mahmood |
2000 - 2018 (fallecimiento) |
- Religión, género y política internacional. |
- Género, religión, poder y la política
internacional. |
|
Laura Sjoberg |
2000 - presente |
- Feminismo, guerra y seguridad. |
- Género, militarismo, teorías feministas
aplicadas a la guerra y la paz. |
|
Jacqui True |
2000 - presente |
- Relaciones internacionales y feminismo. |
- Violencia sexual en conflictos, seguridad,
derechos humanos. |
Fuente: elaboración propia
Estas
autoras han propuesto nuevas formas de análisis de las problemáticas
internacionales, cuestionando las estructuras de poder y el androcentrismo, y
han sido reconocidas tanto en la academia como en debates clave dentro de la
disciplina, sobre todo en aquellos que tienen que ver con seguridad y poder, y
la capacidad para diversificar y transformar las relaciones internacionales. Bien decía Maffia (2007) que la historia de las
mujeres en la ciencia es reciente, y su trabajo ha sido frecuentemente dejado
de lado a favor de teorías dominantes en las Relaciones Internacionales. Esta
exclusión también se refleja en la estructura misma de la ciencia, que no sólo
establece diferencias entre géneros, sino que jerarquiza estas diferencias,
respaldando los roles sociales y creando obstáculos que mantienen a las mujeres
alejadas de la academia (Maffia, 2007).
Las mujeres tienen una baja
representación en las Relaciones Internacionales a pesar de haber estado
presentes en el campo desde antes de su consolidación como disciplina. Aunque
ha aumentado el número de mujeres internacionalistas, aún persisten barreras
estructurales. Según el Reporte en el Estatus de las Mujeres de la American
Political Science Association (APSA) de 2005, el “clima institucional
inhóspito” persiste, reflejándose, por ejemplo, en la desproporción de género
en la metodología utilizada en Relaciones Internacionales (Maliniak, Oakes, Peterson, y Tierney, 2008). Este sesgo metodológico plantea la posibilidad de que conceptos
clave hayan sido creados bajo perspectivas masculinas, limitando la inclusión
de enfoques diversos. En la siguiente tabla se comparan algunos conceptos de
Relaciones Internacionales propuestos por hombres y su reformulación por
mujeres.
Tabla
3.
Conceptos
de Relaciones Internacionales reformulados por mujeres
|
Concepto |
Formulación |
Reformulación |
|
Poder |
La política internacional es una lucha por el
poder y el interés nacional (Morgenthau, 1948). |
Cuestiona la visión masculina del poder,
destacando que el poder no solo es coercitivo, sino también relacional y
basado en cooperación (Tickner, 1988). |
|
Anarquía |
El sistema internacional es anárquico, lo que
genera una estructura de autoayuda entre los Estados (Waltz, 1979). |
Destaca que la anarquía y la seguridad están
construidas desde una visión masculina que invisibiliza a las mujeres (Enloe,
1989). |
|
Seguridad |
La seguridad se refiere a la ausencia de
amenazas a la soberanía estatal (Buzan, 1991). |
La seguridad debe centrarse en las personas y no
solo en los Estados, incluyendo violencia de género y desigualdades
estructurales (Sjoberg, 2009). |
|
Interdependencia |
Las relaciones internacionales están marcadas
por interdependencia compleja, donde la economía y la política son
inseparables (Keohane & Nye, 1977). |
La interdependencia también debe analizar las
relaciones de género y cómo estas afectan la economía global (Sylvester,
1994). |
Fuente: Elaboración propia
Este cuadro muestra cómo mientras
Morgenthau (1948) y Waltz (1979) conceptualizan el poder y la anarquía desde
una visión centrada en el Estado y la competencia, Tickner (1988) y Enloe
(1989) parten de las dinámicas de cuidado, cooperación y la violencia
estructural contra las mujeres, que según Sjoberg (2009), no puede dejar de
estar incluida en las problemáticas de seguridad, ignoradas por Buzan (1991).
Estas reformulaciones ponen en evidencia cómo la teoría y la práctica de la
política internacional se enriquecen con los aportes femeninos (Sylvester,
1994). Por tanto, la participación equitativa de las mujeres en la academia
debe ser acompañada de la reconfiguración de los marcos teóricos que rigen la
disciplina, integrando experiencias y problemáticas que han sido históricamente
marginadas.
El Índice de Brecha de Género
Global, establecido por el Fondo Monetario Internacional, que mide esta brecha
en áreas clave como salud, educación, economía y política, da cuenta de la
doble y triple jornada laboral, que reflejan la sobrecarga de trabajo para las
mujeres, quienes, además de sus roles en el mercado laboral, deben asumir
labores domésticas y, en algunos casos, cuidado de sus familias (Rodríguez,
2001; Silvia, 2003; Escalante, 2020). En 2010, un estudio en los Estados
Unidos, por ejemplo, reveló que solo el 19% de los profesores de tiempo
completo en ciencias políticas eran mujeres (Stegmaier, Palmer, y van
Assendelft, 2011), quienes además enfrentan barreras como la dificultad para
balancear la vida laboral y familiar, un clima institucional poco favorable, y
la falta de reconocimiento para la investigación colaborativa. Este sesgo
también se refleja en la citación de trabajos, donde los aportes de las mujeres
son rara vez reconocidos.
En relación a esta brecha,
encontramos cuatro principales barreras a las que las mujeres en la academia de
Relaciones Internacionales deben enfrentarse: primero, el que las mujeres dejen
su profesión en la academia por carreras alternativas; en segundo lugar, las
segundas (incluso terceras) jornadas, es decir, que las mujeres académicas se
vean obligadas a intentar conciliar sus vidas laborales y familiares, en
especial considerando que los años de edad reproductiva de las mujeres suelen
coincidir con una alta demanda académica asociada con la titularidad y
promoción; en tercer lugar, y probablemente una de las cuestiones más
complicadas a resolver, es el clima institucional muy comúnmente nada amigable
para las mujeres, lo anterior al fallar en proporcionar la mentoría y apoyo
necesarios para que las mujeres tengan éxito; finalmente, a pesar de los
cambios realizados a los instrumentos de evaluación internos y externos,
prevalece la idea de otorgar mayor reconocimiento a investigación de autoría
individual que a la investigación colaborativa (Stegmaier, M., Palmer, B., y
van Assendelft, L., 2011).
Las académicas deben enfrentarse
a más dificultades que sus contrapartes masculinas sin importar la disciplina,
sin embargo, pareciese que esto se ve incluso más marcado en la disciplina de
las Relaciones Internacionales, solo se necesita revisar los diversos planes de
estudios en el mundo y los autores, mayoritariamente varones que se enseñan
para darnos cuenta de ello. La invisibilidad de los aportes de las mujeres
sigue siendo una constante y se suma la poca relevancia dada a la producción
científica de las mujeres feministas en las Relaciones Internacionales que han
dejado una huella innegable a los aportes disciplinares, que merecen ser
nombrados y reivindicados por las académicas de la disciplina.
Conclusiones
A lo largo de la historia de
las Relaciones Internacionales, los conceptos y teorías fueron desarrollados en
un entorno dominado por hombres, lo que excluyó las experiencias y voces de las
mujeres, tanto en términos de las perspectivas teóricas como de las políticas
internacionales. Según True (2017), al centrarse en las experiencias
masculinas, los conceptos de seguridad, poder y estado se desarrollaron sin
tomar en cuenta cómo las experiencias femeninas y de otros actores sociales
podrían haber transformado estas concepciones. Las académicas feministas, como
Tickner (1988), impulsaron un cambio crucial en este enfoque, mostrando que las
Relaciones Internacionales no solo deberían centrarse en los intereses de los
Estados, sino que deben reconocer y analizar las experiencias y perspectivas de
género, transformando así la disciplina hacia una comprensión más inclusiva y
equitativa.
El hecho de que no se estudien
más los trabajos de las mujeres en la disciplina es una limitación para la
propia evolución de las Relaciones Internacionales, pues se están excluyendo
enfoques que podrían proporcionar explicaciones más complejas y enriquecedoras
de los eventos internacionales. Además de integrar los aportes de las mujeres
en el currículo académico, es urgente crear un entorno que permita a las
mujeres en la disciplina desarrollarse profesionalmente sin que sus
aspiraciones académicas se vean afectadas por la falta de equilibrio con sus
vidas personales.
Es de suma importancia además,
prestar atención a los temas y problemas de estudio planteados desde la visión
crítica de las mujeres feministas en el corpus disciplinario de las Relaciones
Internacionales, entre los que destacan algunos de los propuestos en el trabajo
de Moure (2019): el análisis urgente de la violencia de género en el ámbito de
desarrollo de los conflictos armados que vincula a los enfoques
interseccionales y pos/de/coloniales en el feminismo; la deconstrucción del
binomio sexo/género al respecto de su implicación con el binomio guerra/paz muy
presente en los análisis clásicos de las relaciones internacionales; los
procesos de explotación que amenazan a las poblaciones y al planeta, como la
expropiación violenta de tierras y la destrucción ecológica; o la recepción de
las agendas feministas transformadoras en las instituciones de gobernanza
internacional que han llevado a acusaciones de cooptación del feminismo por
parte de élites e instituciones neoliberales. Todas estas dimensiones enmarcan
los desafíos a los que las mujeres y feministas de las Relaciones
Internacionales se seguirán enfrentando de cara la realidad moderna y la
necesidad de contar con un enfoque crítico más allá de las visiones masculinas
en la disciplina.
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[1] Las “Relaciones Internacionales” (con mayúsculas) son la disciplina
académica que estudia las interacciones globales entre actores como Estados y
organizaciones internacionales, mientras que las “relaciones internacionales” (en minúsculas) se refieren a las
interacciones específicas entre estos actores. La disciplina se enfoca en
teorías y metodologías, mientras que el objeto de estudio analiza eventos y
relaciones concretas entre países y actores del entorno internacional (Burchill
& Linklater, 2013, p. 1).
[2] Max
Horkheimer, por ejemplo, distinguía entre teoría tradicional y crítica,
señalando que esta última rechaza el positivismo y su aparente neutralidad
(Horkheimer, 2002 / 1937, p. 230).
[3] Además de
los esfuerzos angloamericanos por formalizar la disciplina, la Sociedad de
Naciones impulsó su incorporación en las universidades para responder a las
necesidades diplomáticas de la época. Según Michael Riemens, su objetivo era
consolidar los estudios internacionales como una disciplina académica y
científica, promoviendo conferencias y debates en sus asambleas, lo que llevó a
la creación de la Comisión Internacional de Relaciones Intelectuales (Ochoa,
2011).