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El paso de
la Universidad del Bajío A. C. (UBAC) a la Universidad de la Salle Bajío
(2000). Hacia una historia de la educación universitaria lasallista en León,
Guanajuato. |
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The transition from
the University of Bajío A.C. (UBAC) to the University of de La Salle Bajío
(2000). Towards a history of lasallian university education in León, Guanajuato.
Larisa González Martínez
larisa.gonzalez.martinez@hotmail.com
Universidad Virtual del Estado de Guanajuato, México
ORCID: 0000-0003-1364-0990
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ARTÍCULO |
Recibido:
12|10|2025 • Aprobado: 08|12|2025 |
RESUMEN
Este
artículo reconstruye el paso de la Universidad del Bajío (UBAC) a la
Universidad De La Salle Bajío, en la ciudad de León, Guanajuato. Para esta
investigación documental, se hizo uso de revistas lasallistas de la biblioteca
del Noviciado Interdistrital Nuestra Sra. de Lourdes, periódicos del Archivo
Histórico Municipal de León (AHML) y evidencia procedente de Internet Archive. Este trabajo sitúa el proceso gradual de cambio de identidad de
la Universidad del Bajío dentro del fenómeno de la denominación de los colegios
lasallistas, y se propone como un medio para el estudio de las élites leonesas. También se concluye que la historiografía
lasallista presenta una visión positiva y virtuosa de las relaciones entre los
Hermanos y que los discursos lasallistas sobre la ocasión estudiada están
marcados por la Iglesia posconciliar y las directrices de los Hermanos de las
Escuelas Cristianas sobre la participación de los seglares en su instituto.
Palabras
clave:
Hermanos de las Escuelas Cristianas; Familia Lasallista; Congregaciones
Educadoras; Élites Mexicanas; Universidad Católica.
ABSTRACT
This article reconstructs the transition from the University of Bajío
(UBAC) to the University of La Salle Bajío, in the city of León, Guanajuato.
For this documentary research, a corpus of sources was used, consisting of
Lasallian magazines from the library of the Interdistrict Novitiate Our Lady of
Lourdes, newspapers from the Municipal Historical Archive of León (AHML), and
evidence from the Internet Archive. This work situates the gradual process
of identity change of the University of Bajío within the phenomenon of the
naming of the Lasallian colleges, and is proposed as a means for the study of
the Leonese elites. It is also concluded
that Lasallian historiography presents a positive and virtuous view of the
relationships between the Brothers and that Lasallian discourses on the
occasion studied are marked by the post-conciliar Church and the guidelines of
the Brothers of the Christian Schools on the participation of lay people in
their institute.
Keywords: Brothers of The Christian
Schools; Lasallian Family; Educational Congregations; Mexican Elites; Catholic University.
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Introducción
La
Universidad La Salle Bajío es un centro de educación superior que se localiza
en la ciudad de León, Guanajuato, y cuya fundación ocurrió en 1968 de la mano
del Dr. Manuel de Jesús Álvarez Campos (Momax, Zacatecas, 14 de julio de 1910 -
Ciudad de México, 7 de junio de 2000), quien pertenecía a los Hermanos de las
Escuelas Cristianas (o Hermanos de La Salle), una congregación religiosa
educadora fundada en 1680, en Francia, por Juan Bautista De La Salle. A lo
largo de los años, esta universidad ha cambiado de nombre de tal forma que se
ha llamado Instituto Tecnológico de Estudios Superiores A.C. (1968), Instituto
Tecnológico de León A. C. (1971), Universidad del Bajío A. C. (1973),
Universidad De La Salle Bajío (2000) y Universidad La Salle Bajío a partir del
año 2023 (Urbina, 2023).
Metodología
La
presente investigación forma parte de un esfuerzo mayor por elaborar la
historia de la Universidad La Salle Bajío desde el campo de conocimiento de la
historia del tiempo presente, que se aboca al “estudio de los procesos actuales
y de los vivos” (Vicente Ovalle, Vilchis Ortega y Allier Montaño 2020, 15). Y
es que entre los muchos temas en los que se ha enfocado esta parcela de
conocimiento se encuentra la educación, como lo ponen en evidencia los trabajos
existentes sobre el tema (Jiménez, 2023; Madrigal Gaytán, 2017). Se tiene,
además, el objetivo de reconstruir lo sucedido en el inicio de la cuarta de las
etapas de vida de la Universidad, es decir, el paso de la Universidad del Bajío
(UBAC, como también se le conocía) a la Universidad De La Salle Bajío.
Para
ello, se hizo una investigación documental y se conformó un corpus de fuentes
compuesto por documentos que provienen de tres repositorios. El primero de
ellos es la biblioteca del Noviciado Interdistrital Nuestra Sra. de Lourdes de
Lagos de Moreno, Jalisco, en donde pudo consultarse la revista La Salle en México Norte. Un espacio
más, es el Archivo Histórico Municipal de León (AHML), en donde se revisaron
los periódicos a.m. y El Heraldo de León.
Desafortunadamente,
acceder a las fuentes elaboradas desde la propia Universidad La Salle Bajío es
muy complicado, lo cual es una “frontera epistémica” (Vicente Ovalle, 2020, p.
299) dado que la imposibilidad de consultar esta categoría de documentos
establece “límites a lo que se puede conocer” (Vicente Ovalle 2020, 298). Ante
esto, una parte de la evidencia que sustentó este texto se obtuvo de Internet
Archive, “un repositorio digital especializado en la recopilación y
conservación de medios efímeros” (Mayagoitia y González Aguilar, 2017, p. 157).
Cabe
señalar que, para la elección de las dos últimas categorías de fuentes
mencionadas, hubo dos criterios. El primero de ellos fue la cercanía temporal
con el acontecimiento estudiado (por lo cual se eligieron documentos en un
rango de tiempo que va de 1998 a enero del 2000), mientras que el segundo fue
que las fuentes fueran aquellas “con las que trabaja la historia del tiempo
presente”, por ser “enteramente típicas de nuestro presente histórico” (Vilchis
Ortega, 2020, p. 315): El internet y los diarios (Sánchez Parra, 2020).
El nombre como un medio para estudiar
los conflictos internos de los Hermanos de La Salle
El
1 de septiembre de 1976 el Hermano Mariano Ramírez D. (del Distrito México-Sur)
dirigió una carta al Periódico Excelsior,
en la cual podían leerse las siguientes palabras:
SEÑOR
director: Ya estamos cansados de ver en los periódicos: Se impartirá enseñanza
de acuerdo con los métodos lasallistas.
Esto es un engaño, ya que para poder aplicar una metodología es
necesario conocerla, practicarla y renovarse continuamente en las fuentes
prístinas del lasallismo.
El
lasallismo no es sólo una metodología; es una historia, una tradición, un
continuo ir al origen, para tener el espíritu propio que es el motor que mueve
a toda la maquinaria de una escuela lasallista.
Fundar
una universidad o una escuela no es lo mismo que establecer un banco, una
compañía o un comercio.
Los
que se dedican a organizar un establecimiento educativo deben tener educación
pedagógica, filosófica, científica y sobre todo vocación para poder comprender
todas las intrincadas facetas que tiene el ser humano.
No
basta reunir al personal docente y tener un edificio para constituir una
institución educativa.
El
profesor debe cumplir determinadas exigencias que tienen que ver con la
preparación científica, pedagógica y moral; no cualquier persona puede
improvisarse como maestro. Los antiguos decían con razón: No de cualquier leño
se hace un Hermes. Los edificios deben reunir condiciones indispensables para
que los niños y los jóvenes puedan desenvolverse bien en la escuela.
Hay
muchas escuelas que cumplen todos los requisitos de construcción que se
requieren, los maestros idóneos para desarrollar programas previstos y llegar a
la meta propuesta por los directores, pero a pesar de tener todos los medios,
falta lo más importante, que es el ideal que arrastra. Me refiero al espíritu, que anima a cualquier
institución pedagógica.
Las
universidades o escuelas en donde se tiene por objeto la enseñanza pura de la
ciencia, no educan al hombre, lo instruyen.
La
educación debe ser integral; es decir, hay que educar al hombre en su
totalidad, de acuerdo a sus aptitudes y capacidades sicosomáticas, para lo cual
se necesita dedicación esmerada, que no se paga con nada, porque los valores superiores
no tienen precio.
Tenemos
ante nuestra vista muchas casas de estudio en donde vemos las aulas llenas de
alumnos, que no reciben más que instrucción, muchas veces mal impartida, no por
la ineptitud del maestro, sino por falta de dedicación.
La
ciencia sola, dice Aristóteles, hace al hombre salvaje, porque el hombre no es
únicamente materia, sino una mezcla somático-consciente armoniosa, con
inquietudes metafísicas.
El
anzuelo que ponen en los anuncios de periódicos, de nuevas escuelas en donde se
enseñará con los métodos lasallistas es, en la mayoría de los casos, un
engaño. Bien sabemos que las imitaciones
desmerecen mucho del modelo original. (Ramírez D., 1976, pp. 9-11)
Este
texto ofrece la oportunidad de realizar numerosos análisis, pero la idea que
destaca, es el enorme celo que los lasallistas manifestaban cuando se trataba
del nombre de sus métodos y escuelas. Esto, definitivamente, no se trataba de
un tema menor, pues la presencia del adjetivo lasallista implicaba (o debía significar), en primer lugar, que el
centro educativo era dirigido por los Hermanos de las Escuelas Cristianas y
que, por tanto, su obra y funcionamiento se fundamentaban en el carisma de la
congregación religiosa y la espiritualidad de Juan Bautista De La Salle, su
fundador. Por otra parte, también es cierto que las obras educativas de los
religiosos de La Salle eran parte de la Iglesia y, por tanto, debían obediencia
a la jerarquía de la Iglesia católica, concretamente, a la diócesis en la que
estuvieran ubicadas.
Todo
lo anterior es especialmente relevante, dado que las ideas expresadas por el
Hermano Mariano Ramírez D. permiten ver que los religiosos de La Salle habían
sostenido (o sostenían) diversas querellas con escuelas que no habían sido
fundadas por su instituto religioso y que llevaban un nombre o un adjetivo que
los involucraba directamente, por estar vinculado a su carisma y a su
espiritualidad. No obstante, esta cuestión es más compleja de lo que aparenta a
simple vista, pues, incluso, un centro educativo reconocido como lasallista
(aunque podía ocurrir, por diversas razones, que no llevara directamente el
nombre de La Salle), alcanzaba este título sin necesidad de una intervención
directa de los Hermanos, aunque sí de su guía.
Tal
es el caso de las escuelas de extensión, cuyo título, de acuerdo con los
propios Hermanos de La Salle, significaba que “un director nombrado y orientado
por los lasallistas” (que podía ser un seglar de su confianza que, incluso,
laboraba en alguno de sus centros educativos), abría y administraba un colegio
conforme a la pedagogía de Juan Bautista De La Salle “cuyo nombre tomaría”. Si
bien los Hermanos no estaban directamente presentes en las actividades
cotidianas de este tipo de institutos, su creación implicaba “un cierto
compromiso” de dirigirlos algún día (Grousset y Meissonnier, 1983b, p. 433).
Antes
de continuar debe decirse, también, que en sus relatos históricos los
lasallistas hablaron de una expansión de su obra a través de la mera asesoría de
centros educativos (Grousset y Meissonnier, 1983b). Esto hace pensar que dichas
escuelas no eran ni siquiera dirigidas por un seglar de confianza, aunque sí
contaban con la asesoría y el visto bueno de los religiosos de La Salle.
Así,
la historia elaborada por los Hermanos de La Salle sobre su labor en México
menciona a colegios que surgieron como centros de extensión. Cabe mencionar que
esta narración histórica también da cuenta de los cambios de nombre que se
dieron en instituciones que terminarían bajo la tutela lasallista, aunque
iniciaran como colegios de extensión. Ejemplos de todo lo anterior ocurrieron
en Acapulco (Guerrero), Chihuahua (Chihuahua), Ciudad Victoria (Tamaulipas),
Delicias (Chihuahua), Fresnillo (Zacatecas), La Piedad (Michoacán), Matamoros
(Tamaulipas), Monclova (Coahuila) y Tehuacán (Puebla) (Grousset y Meissonnier,
1983b).
La
historia lasallista consigna, también, colegios que no pudieron continuar bajo
la dirección de los Hermanos (Grousset y Meissonnier, 1983b), pero que
conservaron el nombre de La Salle, una vez que los religiosos se retiraron. En
esta categoría destaca, indudablemente, el colegio La Salle de Tuxtla Gutiérrez
(Chiapas), que quedó en las manos de “varios exhermanos, a quienes mucho
apreciamos” (Grousset y Meissonnier, 1983b, p. 236). Un caso similar fue el del
Colegio De La Salle de Matamoros, que quedaría bajo la dirección del profesor
Vicente Cebada, “gran amigo lasallista”, y a quien los Hermanos expresaron
“honor y gratitud” por su “acertada dirección” (Grousset y Meissonnier, 1983b,
p. 318). Las fuentes lasallistas refieren, a su vez, que en Fresnillo pasó algo
parecido, por lo que el colegio siguió operando con el mismo nombre e igual
“filosofía cristiana” que inspirara “su acción moralizadora” (Grousset y Meissonnier,
1983b, p. 266).
Ciertamente,
no todo podía ser positivo en su totalidad, y lo consignado en el relato
histórico lasallista permite pensar que seglares anteriormente vinculados con
los Hermanos, pudieron haber fundado centros educativos que se hacían promoción
haciendo uso del nombre de sus antiguos empleadores. Partiendo de esta idea y
de lo previamente expuesto, no es difícil imaginar que estos establecimientos
educativos pudieron surgir, también, de la mano de antiguos lasallistas, que
pudieron dejar su condición de consagrados por diversos motivos y sin mantener
una relación cordial con la congregación. Todo lo anterior no descarta, además,
el hecho de que hubiera particulares ajenos a la congregación dispuestos a
hacerse promoción, aprovechando la identidad de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas.
Todo
lo ya expuesto permite vislumbrar el por qué el cambio de nombre a la
universidad De La Salle Bajío es una cuestión importante que debe ser
analizada. Así, un primer acercamiento para esta cuestión es, sin duda, el
libro Universidad De La Salle Bajío. Su
origen y trayectoria del arquitecto Alejandro Mejía Tenorio. Aunque, es
necesario señalar que esta obra presenta algunas dificultades para el
historiador, de las cuales se destacarán dos, comenzando por el particular
punto de vista desde el cual se narran los acontecimientos.
Y
es que, dado el perfil del autor, en esta narración histórica sobre el
surgimiento e historia de la universidad De La Salle Bajío se privilegia un
análisis centrado en el levantamiento de los edificios que conforman este
centro universitario y la construcción de la infraestructura que permite su
funcionamiento, dejando de lado otros ejes de estudio no menos fascinantes y
relevantes. Por otra parte, los hechos narrados son muy breves, por lo cual se
dejaron de lado muchos acontecimientos y aspectos, como pudo comprobarse a
través de la revisión de la prensa local, que proporcionó otros detalles sobre
las situaciones que se narran. Antes de terminar con este apartado, es necesario
señalar que la narración histórica que los lasallistas hicieron sobre su obra
en México también dedica un corto espacio a la UBAC, aunque es aún más breve
que lo contado por Mejía Tenorio (Grousset y Meissonnier, 1983b).
Una
vez dicho lo anterior, hay que mencionar que para entender los cambios de
nombre de la universidad es necesario dirigir la mirada hacia su fundador, el
Hermano Manuel de Jesús Álvarez Campos quien, de acuerdo con Mejía Tenorio,
inició su proyecto “sin importarle si había recursos económicos o autorización
de sus superiores” (Mejía Tenorio, 2002, p. 118). Pese a esta actitud tan
temerariamente proactiva, la realidad es que, con el tiempo, este religioso de
La Salle obtendría el permiso escrito para la realización de sus gestiones “con
la condición de que no usara el nombre ni el escudo Lasallista” (Mejía Tenorio,
2002, p. 121).
Es
probable que el riesgo que implicaba una empresa tan grande como la fundación
de una universidad (en especial, en el plano económico), hiciera que las autoridades
de los Hermanos de La Salle tomaran esta decisión. Sin embargo, durante 20 años
el nombre de la universidad no reflejó sus verdaderos orígenes, lo cual hace
preguntarse el por qué el instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas
demoró tanto en considerar públicamente a la universidad De La Salle Bajío como
parte de sus centros educativos creados en México.
Una
posible respuesta puede encontrarse, nuevamente, en las acciones del Hermano
Manuel Álvarez Campos, de quien Mejía Tenorio señaló que durante veinte años
dirigió a la universidad “como si estuviera en una hacienda mexicana de finales
del siglo XIX, ya que ejercía un control absolutista que nada se hacía sin su
conocimiento y su consentimiento” (Mejía Tenorio, 2002, p. 186). No es difícil
visualizar que estos comportamientos debieron ser muy problemáticos en una
institución como la de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, conformada por
laicos consagrados que poseían una regla y realizaban votos, como el de la
obediencia, cuya importancia era grande (Gallego, 1998).
De
hecho, en la narración de Mejía Tenorio se ofrecen detalles que permiten ver al
carácter de Don Manuel Álvarez Campos como un factor que pudo propiciar
escenarios de conflicto (Mejía Tenorio, 2002) o, por lo menos, dificultades en
la comunicación con los otros Hermanos y las autoridades de la congregación,
como sí existe evidencia en el relato de Mejía Tenorio sobre la universidad,
quien se permite narrar conflictos entre Manuel Álvarez Campos y otros Hermanos
de La Salle (Mejía Tenorio, 2002), algo insólito en las narraciones históricas
producidas al interior del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas
o elaboradas por sus colaboradores.
Así,
Mejía Tenorio habla en las primeras páginas de su libro sobre la “fuerte
personalidad” del Hermano Álvarez Campos quien, a su vez, “sabía muy bien lo
que quería” y “no se andaba por las ramas”. Resultado de lo anterior fue que,
como narra Mejía Tenorio, él tuviera oportunidad de experimentar “algo de sus
exabruptos” (Mejía Tenorio, 2002, párr. 2). En otra parte de la narración
histórica sobre la universidad, Mejía Tenorio (2002) se refiere al Hermano
Manuel Álvarez Campos como un “hombre serio y tesonudo” (p. 102), que podía
experimentar enojos y que, también, era dueño de una gran tenacidad (pp. 108,
110).
Como
se dijo líneas arriba, los atributos del carácter de Don Manuel Álvarez Campos,
pudieron ser una seria dificultad para el ejercicio del voto de obediencia y,
también, de la virtud moral de la humildad, poniendo en aprietos a su trabajo
cotidiano en las instituciones educativas lasallistas. Una prueba de lo
anterior puede encontrarse en el texto de Mejía Tenorio, según el cual, Álvarez
Campos “ya había probado las mieles de fundar y dirigir una universidad” (la
ULSA Ciudad de México), por lo cual “dirigir dos colegios en Provincia ya no
llenaba sus aspiraciones”, además de que “se sentía con fuerzas para realizar
vuelos de mayor altura” (Mejía Tenorio, 2002, p. 113).
Sin
embargo, antes de continuar con la presente investigación, es necesario
establecer matices. Y es que, aunque la personalidad de Álvarez Campos era
dominante en la universidad, las fuentes señalan inequívocamente que los
lasallistas siempre estuvieron enterados de lo que se hacía, e incluso,
estuvieron presentes en las diversas etapas de la historia de la universidad,
colaborando, incluso, activamente en sus procesos, en el desarrollo de su
infraestructura, en su gobierno y en el ejercicio de la labor docente (Mejía
Tenorio, 2002).
Tiempo
después esta participación lasallista se extendería, también, a la elaboración
misma del relato histórico de la institución, a través de la colaboración con
su autor mediante su testimonio y asesoría, o bien, con la entrega de
documentación (Mejía Tenorio, 2002). Todo esto permite preguntar cómo era
entendida la obediencia entre los Hermanos de La Salle y hasta qué punto había
“espacios libres para la toma de decisiones autónomas” (Fechner, 2017, p. 24),
como otros investigadores lo han estudiado para otros religiosos.
Analizar
estos detalles no es un tema sin importancia, pues este estudio permite hacer
algunos planteamientos necesarios para la crítica historiográfica de las
narraciones históricas generadas por los Hermanos de La Salle y sus asociados,
ya sea sobre la obra de este instituto religioso en México, o sobre el caso
concreto de la antes Universidad De La Salle Bajío. Y es que los textos que
nacieron de la pluma de los religiosos lasallistas poseen una visión
internalista, en la que el elogio y las miradas positivas se hacen presentes,
como ocurre en los relatos de otras congregaciones religiosas.
En
su momento, este fenómeno fue expuesto por Zermeño Padilla (2002), quien puso
en evidencia el hecho de que los religiosos consagrados (entre ellos, los
lasallistas) se deben a la Iglesia, lo cual condiciona la elaboración de sus
relatos históricos. A su vez, el jesuita Michel de Certeau (2006), afirmó que
los miembros de congregaciones religiosas conforman sus historias con una
cuidadosa selección de testimonios y hechos, debido a la poderosa influencia
que tiene su tradición (en la cual la espiritualidad es muy relevante) y sus
orígenes.
Para
complementar estas ideas, en este punto deben mencionarse las interesantes
reflexiones de Quarleri (2005), quien en su estudio sobre los jesuitas de la
Provincia del Paraguay a finales del siglo XVII y principios del XVIII, hizo
hallazgos muy interesantes para este artículo. Entre ellos se encuentra la
constatación de que “los desórdenes y la heterogeneidad interna como las tensiones
entre jesuitas” (pp. 153-154) son notables vacíos historiográficos.
Para
explicar este fenómeno, la autora señala que “la propia Compañía de Jesús
construyó, sobre sí misma, la imagen de una institución fuertemente cohesionada
y homogénea, basada en el mutuo control y abocada prioritariamente a la
evangelización y a la educación” (Quarleri, 2005, p. 154). A su vez, “los
historiadores de la Orden continuaron con esta línea e incluso reforzaron la
perspectiva encomiástica sobre las actividades de los jesuitas” (2005, p. 154).
Esto propició que “la historiografía no jesuítica” llegara a reproducir
“ciertas características institucionales, tales como la uniformidad interna, la
disciplina, la organización y la eficiencia” (2005, p. 154).
La
realidad es que puede decirse que en la Compañía había una gran diversidad
entre sus miembros, lo que propició su división en facciones, la existencia de
enemistades, además de conflictos y contradicciones de carácter interno (como
ha sido investigado), aún con “cadenas de obediencias, evaluación y control”
(Quarleri, 2005, pp. 155, 158, 170) al interior de la orden.
Considerando
lo previamente expuesto, debe decirse que los lasallistas, al igual que otras
congregaciones y órdenes religiosas, además de relatar su historia en términos
muy encomiásticos, hacen un retrato muy positivo de sus miembros en este tipo
de textos. Por ello, aunque el conflicto –entendido como “un fenómeno de
incompatibilidad entre personas o grupos” (Pérez-Archundia y Gutiérrez-Méndez,
2016, p. 164)– es “normal, ubicuo e inevitable” y una “característica inherente
a la existencia humana” (Bercovitch, 2009, p. 3), la realidad es que las
referencias a este tipo de situaciones entre los miembros de los Hermanos de
las Escuelas Cristianas son muy escasas (Grousset y Meissonnier, 1982; Grousset
y Meissonnier, 1983a; Grousset y Meissonnier, 1983b) –casi nulas y
en ocasiones solamente se expresan situaciones en donde hubo molestias entre
Hermanos, aunque no necesariamente conflictos– en los relatos históricos
lasallistas que se enfocan en su obra en México.
Así pues, la vida consagrada al
interior de los Hermanos de las Escuelas Cristianas se retrata como un proyecto
armónico, en el que las relaciones existentes entre los miembros de la
congregación son cordiales y hay unión a pesar de las muchas vicisitudes
experimentadas, desde las dificultades propias de la fundación de un colegio,
hasta la revolución, la muerte o el exilio. Por otra parte, la imagen que se
plasma de los religiosos de La Salle en sus obras es casi intachable, piadosa,
leal, fiel, valiente, etcétera.
Para
explicar esto, hay que recordar que todos y cada uno de los lasallistas
representaban a su instituto y a la Iglesia, por lo cual su comportamiento
debía ser ejemplar, tal y como ocurría con otros religiosos consagrados
(Quarleri, 2005). A su vez, la falta de conflictos en las historias redactadas
por los Hermanos de La Salle puede explicarse por la visión que sobre el
conflicto tenía la tradición católica, según la cual el conflicto era “una
muestra más de la incapacidad de los seres humanos de contener su egoísmo y su
ambición” (Busquet Durán, s. f., p. 7). Considerando esto, no sorprende el
deseo por retratar las virtudes de los Hermanos más que sus defectos y sus
conflictos, en las historias producidas por la congregación.
Ante
este escenario, es necesario traer nuevamente a cuenta el trabajo de Mejía
Tenorio (2002) sobre la Universidad De La Salle Bajío, pues a diferencia de lo
que sucede en las narraciones históricas de los Hermanos (como se ha explicado
líneas arriba), este proyecto sí se permite presentar a los religiosos de La
Salle desde una perspectiva menos encomiástica (mostrando facetas que se pueden
catalogar de menos positivas), a la vez que narra conflictos existentes entre los
Hermanos, concretamente, entre Manuel de Jesús Álvarez Campos y su proyecto
educativo universitario con otros lasallistas.
A
este complejo panorama hay que añadir un factor más: que el texto de Mejía
Tenorio (2002) da pistas sobre el hecho de que, en la creación y desarrollo de
la universidad, hubo más opiniones e intereses involucrados. Es más, puede
afirmarse que, en muchas ocasiones, los seglares se hicieron presentes en esta
larga historia ejerciendo presión, moviendo su propia agenda y siendo partícipes
de los conflictos, pues muchas veces sus intereses no coincidían con los de la
institución ni con los de los Hermanos. Ciertamente, estas alusiones son breves
y, en ocasiones, sólo se puede vislumbrar lo sucedido, pero es importante no
perder de vista estas informaciones cuando se trata de la labor lasallista en
México y del caso particular de la antigua Universidad De La Salle Bajío.
Por
ello, Mejía Tenorio (2002) menciona a “personas que entusiasmaron a Don Manuel
para fundar una universidad, sin importarles si él tenía dificultades en
conseguir la autorización de sus superiores” (p. 155). En otro pasaje de su
obra, Mejía Tenorio (2002) narra, también, cómo en algún punto de la historia
de la universidad los “más cercanos colaboradores” del Hermano Álvarez Campos
“le habían cantado dulcemente al oído para que les vendiera la Universidad” (p.
188).
Por
todo esto, no sorprende que el traspaso de la UBAC a los Hermanos (y su
consiguiente cambio de nombre) fuera difícil, lo cual se vio dificultado por
las resistencias propias de su fundador, quien, de acuerdo con las fuentes,
esperó a que los Hermanos dieran el primer paso en las gestiones (Mejía
Tenorio, 2002). Al final los religiosos lasallistas terminarían aceptando a la
universidad como una más de sus instituciones educativas, aunque esto sería
gradual, como se verá pronto.
Antes
de concluir, debe decirse que, a pesar su inicial renuencia, las fuentes
lasallistas narran que la entrega de la entonces UBAC a los Hermanos no fue el
producto de un arranque o de la coerción. De hecho, Mejía Tenorio (2002)
establece que el Hermano Álvarez Campos había tomado “una decisión pensada y
meditada con todo detenimiento” (Mejía Tenorio, 2002, p. 188), rechazando otras
propuestas, pues no había venido “a esta dimensión a hacer negocios de tipo
económico, sino que su único objetivo era la formación educativa” (Mejía
Tenorio, 2002, p. 188). Como se vio previamente, los conflictos ocurren cuando,
a nivel individual o grupal se tienen metas, valores e intereses antagónicos (Pérez-Archundia
y Gutiérrez-Méndez, 2016), no obstante, en el caso del Hermano Álvarez Campos y
la universidad ha podido verse que la tradición (tan importante para Michel de
Certeau), los votos, la vivencia de la fe y otros factores permiten llegar a
acuerdos y resolver conflictos desde una perspectiva más amigable y persuasiva,
lo cual demuestra la complejidad en las relaciones entre religiosos, sobre las
cuales no todo está dicho.
El proceso de cambio de imagen
institucional
El
jueves 27 de enero del año 2000, el periódico a.m. de la ciudad de León, Guanajuato (México) se hizo eco de los
cambios que estaban ocurriendo al interior de la UBAC. Así, el periódico
informaba que, luego de 32 años, la Universidad del Bajío se integraría a la
red de universidades lasallistas (García, 2000). Como resultado de esto, en la
universidad se haría un cambio gradual en materia de imagen institucional, por
lo cual se adecuarían y cambiarían poco a poco la “papelería, documentación,
credenciales, anuncios publicitarios, y páginas Web en Internet” (Se convierte
UBAC en Universidad de La Salle, 2000, p. 1).
Los
rastros que la Universidad del Bajío dejó en la red así lo confirman. Para
explicar esto, se debe comenzar por decir que los vestigios que ha conservado
Internet Archive permiten pensar que, antes del cambio de nombre de la
Universidad del Bajío a Universidad De La Salle Bajío, el sitio web de este
centro educativo tuvo muy pocos cambios (permaneciendo casi inalterable), por
lo menos en el año 1998 (Universidad del Bajío 1998). Sin embargo, para 1999,
se puede ver una actualización en el sitio web (Universidad del
Bajío, 1999c).
Una
vez establecido lo anterior, debe señalarse que, aún antes de convertirse en la
Universidad De La Salle Bajío en el año 2000, en el sitio web de la Universidad
podían encontrarse referencias sobre los Hermanos de las Escuelas Cristianas,
Juan Bautista De La Salle (Universidad del Bajío, 1998; Universidad del Bajío,
1999b) y las instituciones educativas lasallistas (una señal más de la
identidad lasallista de la institución y de que había un cierto reconocimiento,
pese a no ser oficialmente un centro educativo de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas). En el registro hecho por la Wayback machine el 10 de febrero de
1999, el imagotipo de la Universidad del Bajío comenzó a ser acompañado por una
imagen en la que se podía ver la firma de Juan Bautista De La Salle, fundador
de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Es necesario señalar que esta firma
también formaba parte del fondo de algunas de las secciones del sitio web de la
Universidad (Universidad del Bajío, 1999a).
La aparición de la firma de Juan Bautista
De La Salle junto con el imagotipo de la Universidad del Bajío no es un tema
menor. Y es que la presencia de estos elementos juntos puede interpretarse como
un momento de transición, en el que el viejo escudo de la universidad –que
también tenía símbolos lasallistas, como la estrella– coexistía con elementos
lasallistas más evidentes, como anunciando su futuro reconocimiento entre los
centros educativos de La Salle.
De hecho, esto se aprecia mejor en los
medios impresos locales (Universidad del Bajío.
Curso reformas fiscales 2000, 2000; Universidad del Bajío. Curso reformas fiscales 2000, 2000;
Universidad del Bajío. Curso reformas
fiscales 2000, 2000; Universidad del Bajío.
Curso reformas fiscales 2000, 2000; Admisiones 2000 Universidad De La Salle
Bajío, 2000; Admisiones 2000 Universidad De La Salle Bajío; 2000), que
repitieron esta fórmula. Sin embargo, en los periódicos locales, la firma de La
Salle oculta parcialmente el logo de la UBAC, lo cual puede interpretarse como
una manera de anunciar los cambios que llegarían en el año 2000, concretamente,
que la identidad lasallista sustituiría todo lo relacionado con la UBAC.
Una
vez que se llevó a cabo la ceremonia en la cual se efectuó el cambio de nombre
de la universidad, la imagen institucional de los anuncios en el periódico dio
un cambio radical, por lo cual se comenzó a presentar el nuevo logo de la
recién nombrada Universidad De La Salle Bajío. Cabe señalar que, en Internet
Archive, el cambio que se observa es aún más lento, pues todavía al 20 de mayo
del 2000 en este repositorio puede apreciarse la imagen institucional anterior
y el imagotipo nuevo puede visualizarse hasta el registro del 20 de junio del
2000 (Universidad del Bajío, 1999; Universidad De La Salle Bajío, 2000).
El
nuevo imagotipo de la Universidad era complejo, en primer lugar, por su forma,
que estaba constituida por “tres chevrones entrelazados en forma circular y
dotados de movimiento” (Campos, 2000, p. 5). El número tres tenía varios
significados, como “tres siglos de lasallismo; tres grandes valores” (Campos,
2000, p. 5) –que eran la fe, la
fraternidad y el servicio (Significado del nuevo logotipo de la Universidad La
Salle Bajío, 2000)–, “tres décadas de la universidad en esta región; la
búsqueda de la excelencia, rumbo al tercer milenio” (Campos, 2000, p. 5).
A
su vez, el centro del imagotipo era “un triángulo, figura geométrica que
proyecta estabilidad” (Campos, 2000, p. 5), mientras que, en general, el logo
podía ser visto como una letra D “que se remite al nuevo nombre: De La Salle”
(2000, p. 5). Sobre este último aspecto se difundió en los medios que el logo
invitaba “a estar a trabajar o a estudiar en De la Salle, sino a Ser de la
Salle, hoy” (Significado del nuevo logotipo de la Universidad La Salle Bajío, 2000,
p. 9). Para concluir con este punto hay que señalar que los colores del nuevo
logotipo de la universidad eran los del Instituto de los Hermanos de las
Escuelas Cristianas, los cuales, a su vez son los de la bandera de Francia,
lugar de origen de su fundador y de la congregación.
Cabe
señalar que la publicidad sobre el cambio de la universidad no sólo se llevó a
cabo a través de la aparición del imagotipo de la institución en diversos
medios. De hecho, en El Heraldo de León, que
fue el medio impreso que mayor espacio y detalle dedicó al evento, apareció un artículo muy elogioso, que
resaltaba el “desarrollo y crecimiento” (Martínez Puente, 2000, p. 9) de la
universidad, de tal forma que podía destacar en un campo competido, como la
educación en León (Martínez Puente, 2000). Incluso Mario Peña, director de
relaciones e imagen fue citado en el artículo, asegurando que el éxito de la
universidad se debía al “desarrollo estratégico” de sus acciones, el respaldo
de tres siglos de una institución de carácter mundial como el Instituto de los
Hermanos de las Escuelas Cristianas, los 90 años de trabajo lasallista en
México “y una inteligente apertura a las innovaciones” (Martínez Puente, 2000,
p. 9).
El cambio de la Universidad en la voz
de los Hermanos de las Escuelas Cristianas
La
ceremonia en la cual se reveló el nuevo nombre de la Universidad, que se
realizó el 27 de enero del año 2000 por la tarde (La UBAC cambia de
denominación a: Universidad de La Salle Bajío, 2000), en el auditorio Rosa
Campos (Martínez Puente, 2000) recibió la atención de los periódicos locales.
Gracias a ello, es posible saber diferentes aspectos del evento que no fueron
tratados por Mejía Tenorio, lo cual constituye un importante vacío
historiográfico sobre el devenir histórico de la ciudad de León, la historia de
las obras lasallistas en la ciudad y lo acontecido durante los años en los que
la universidad ha funcionado.
Una
de estas omisiones en el trabajo de Mejía Tenorio fue el recuento de los
diferentes discursos que se realizaron para la ocasión, y que son muy
importantes por lo que dicen y/o se puede interpretar de ellos. Así pues, sobre
la ceremonia en la cual formalmente la UBAC pasó a ser la Universidad De La
Salle Bajío, hay que comenzar por destacar la participación del Hermano Rodolfo
Vivanco Polidura, visitador y presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad
en ese momento, quien pronunció un interesante discurso a todos los presentes
(Ramírez, 2000). Desafortunadamente, los periódicos de la época sólo mencionan
algunos fragmentos, pese a lo cual se puede obtener información muy valiosa si
se la revisa a la luz de lo que se discutía en el Instituto de los Hermanos de
las Escuelas Cristianas.
Así,
las palabras del Hermano Rodolfo Vivanco reconocieron el compromiso de la
Universidad con los más necesitados, para lo cual se había implementado el
servicio social universitario, que estaba involucrado con causas de carácter
social. La responsabilidad de los centros educativos lasallistas con los más
vulnerables puede leerse en otros textos producidos en el pasado por los
Hermanos de las Escuelas Cristianas, quienes, en sus escritos, se referían a su
esfuerzo para que sus instituciones educativas propiciaran el mejoramiento de
la sociedad (Consejo General, 1989), ya fuera mediante acciones concretas, o
bien, a través de la sensibilización de los estudiantes hacia todo tipo de
situaciones injustas (Johnston, 2000).
Por
otra parte, en su discurso, el Hermano Vivanco, expresó el deseo y el
compromiso de propiciar dentro de la Universidad “la convivencia social entre
las diversas clases” (Ramírez, 2000, p. 16). Estas palabras no fueron
gratuitas, pues, en sus escritos, los Hermanos de La Salle expresaron la
importancia de promover la integración y la unidad (Consejo General, 1989) en
sus centros educativos, de tal forma que se debía trabajar en la construcción
de relaciones más fraternas y de una verdadera vida comunitaria entre los
miembros de sus comunidades educativas, facilitando que nadie se sintiera
excluido (Consejo General, 1989).
Cabe
mencionar que un momento muy relevante en su discurso fue cuando el Hermano
Vivanco reconoció la labor de todos los que habían “dedicado sus días y sus
noches” a la Universidad. Siendo más específico, Rodolfo Vivanco Polidura,
mencionó que la construcción de la Universidad De La Salle Bajío había sido una
labor compartida, pues en esta misión habían tenido que ver “todos los que aquí
laboran, desde el que barre, pasando por el personal administrativo, docente, y
también por el directivo” (Ramírez, 2000, p. 16).
Antes
de continuar, es preciso decir que estas palabras no nacen de un mero acto de
reconocimiento y cortesía, pues, en realidad, dan cuenta de cómo en la ciudad
de León, Guanajuato, se adaptaban y seguían las directrices de un largo proceso
histórico. Y es que, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, en el
Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas se buscó una plena
integración entre los seglares y los religiosos de La Salle, lo cual implicaba,
a su vez, un mayor involucramiento de los no consagrados en el trabajo, la
organización y la toma de decisiones de los centros educativos lasallistas en
todos los niveles. Es necesario precisar que, para que todo lo anteriormente
mencionado tuviera lugar, era vital dotar a los seglares de una misión y una
identidad (Consejo General, 1989) compartida con los religiosos lasallistas de
todo el mundo, la cual debía sustentarse en el carisma del Instituto y en la
espiritualidad de Juan Bautista De La Salle (González Martínez, 2024).
Antecedentes
de este proceso se pueden encontrar en las sociedades de antiguos alumnos de la
Tercera República Francesa (1870-1940), la Confederación Mundial de Antiguos
Alumnos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (fundada en 1958), la
Confederación Lasallista Mundial de 1976 y la publicación de la Carta a la Familia Lasallista en 1989
(González Martínez, 2024).
Este
último documento, además de ser fundamental en el proceso previamente descrito,
permite entender otro fragmento del discurso de Vivanco Polidura, quien dijo
que todos estos colaboradores habían “logrado seguir con los preceptos de San
Juan Bautista de la Salle” (Ramírez, 2000, p. 16). Para explicar esto, es
necesario abrir un paréntesis y decir que el rector (el Hno. C.P. Juan Roberto
López González) también tomó la palabra para hacer una sinopsis histórica de la
Universidad. De acuerdo con el periódico El
Heraldo de León, mediante esta revisión histórica era posible establecer
una continuidad con la obra de Juan Bautista De La Salle (La UBAC cambia de
denominación a: Universidad de La Salle Bajío, 2000). A través de esta acción
vuelve a observarse lo que antes se explicó con ayuda de Michel de Certeau:
Para las congregaciones religiosas su pasado es muy importante, de tal forma
que es una influencia muy poderosa en sus obras presentes, un fenómeno en el
cual la Universidad De La Salle Bajío no fue la excepción.
Cabe
mencionar que el rector, al igual que Vivanco Polidura, hizo, también, un
“reconocimiento pleno a todas aquellas personas que contribuyeron en diferente
medida a lograr la culminación de esta obra lasallista”, personas que
“desinteresadamente hace más de 30 años se sumaron a la tarea de crear una gran
universidad” (Ramírez, 2000, p. 16).
Como
se dijo previamente, todas las obras lasallistas y los seglares que colaboraran
con los Hermanos de las Escuelas Cristianas debían tener un sello fundamentado
en el carisma de la congregación, y la espiritualidad y la pedagogía
desarrolladas por Juan Bautista De La Salle. Por ello, al final de la Carta a la Familia Lasallista se habla
sobre la necesidad de estudiar con cuidado cada una de las obras desarrolladas
por el instituto, con el propósito de verificar el grado en el que eran fieles
a la espiritualidad y el pensamiento lasallista (Consejo General, 1989).
Varios
años después, en su carta pastoral de enero del 2000, y con un discurso
claramente influenciado por la exhortación apostólica postsinodal Vida consagrada de Juan Pablo II, el
Hermano superior general John Johnston se refirió a la reorganización de las
obras lasallistas. Esta acción, que implicaba decidir cuáles obras debían
cerrarse y cuáles otras debían mantenerse conllevaba guiarse, entre otros
aspectos no menos importantes, por un
criterio muy relevante: la salvaguarda del “sentido propio del carisma”, es
decir, que los centros educativos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas
debían ser auténticamente lasallistas (Johnston, 2000, pp. 56-58).
Considerando
estas palabras, las ideas de Vivanco Polidura y del Hermano Juan Roberto López
González son un reconocimiento al carácter lasallista de la Universidad De La
Salle Bajío y de su personal, lo cual es significativo en un momento en el que
desde la Iglesia (como puede leerse en Vida
consagrada) y el instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas se
llamaba, de ser necesario, a la simplificación de tareas y la reducción de las
obras.
No
es posible continuar sin hacer una breve reflexión sobre las palabras que se
dedicaron a los alumnos en el evento. Y es que, volviendo al discurso del
Hermano Vivanco, los jóvenes vivían “dormidos por los medios de comunicación
que los agobian” (Ramírez, 2000, p. 16), aunque en la recién nombrada
Universidad De La Salle Bajío, se había logrado subsanar un poco esta falla, al
poder “impartir una educación integral y dignificada de los que aquí estudian”
(2000, p. 16). En otro momento de su discurso, este religioso aludió al hecho
de que el objetivo de la Universidad había sido muy claro y preciso en todo
momento, pues lo más importante había sido siempre “darle a los hombres razones
para amar, vivir y morir, pero siempre con valores íntegros” (2000, p. 16).
Es
imposible no ver en estas palabras una clara influencia de Juan Bautista De La
Salle, quien, en sus Reglas comunes de
los Hermanos de las Escuelas Cristianas, estableció que los Hermanos debían
esforzarse por la salvación de los niños que les fueron confiados (Salle,
2001). Si bien en la universidad los estudiantes ya eran de una edad mucho más
adulta, nada impide pensar que la obligación impuesta por De La Salle a sus
religiosos se extendía a este tipo de alumnos.
Analizar
los discursos que se pronunciaron requiere mencionar que el Superior General,
el Hermano John Johnston, elaboró una reflexión para la comunidad
universitaria. En ella expresó que “adoptar este nombre es un acto y un
compromiso”, además de que dijo, también, que “las instituciones lasallistas
como centros que se inspiran en los valores evangélicos deben ofrecer una
escala de valores alternativa, modelo inspirador para la sociedad” (La UBAC
cambia de denominación a: Universidad de La Salle Bajío, 2000, p. 9). Antes de
avanzar, debe decirse que estas palabras deben ser leídas a la luz de dos de
las misiones que las congregaciones educadoras y sus instituciones educativas
realizaban para la Iglesia, especialmente, durante la segunda mitad del siglo
XIX y la primera mitad del siglo XX: apoyar el proyecto evangélico que hacía
frente a la secularización y proporcionar una formación moral y religiosa
(Vanderstraeten, 2014).
Para
seguir con el relato de lo sucedido durante la ceremonia, es necesario señalar
que en el evento había otros religiosos de La Salle presentes, al igual que
otras autoridades de la Universidad. Tal fue el caso del Hermano César Rangel
Barrera (director de Formación integral y Pastoral Universitaria y ex rector de
la Universidad La Salle México), el Hermano Andrés Govela Gutiérrez
(vicerrector académico), el Hermano Ronaldo Henderson Calderón (exrector) y el
Hermano Manuel Álvarez Campos (La UBAC cambia de denominación a: Universidad de
La Salle Bajío, 2000).
El
Heraldo de León dedicó a la ceremonia
de cambio de nombre de la Universidad una plana completa a color de la sección
de información local. Gracias a ello es posible saber que el director de
relaciones e imagen de la universidad, el Lic. Mario Peña Dodero, presentó el
nuevo imagotipo, si bien los Hermanos Henderson Calderón y Álvarez Campos
fueron quienes develaron la placa con la imagen de este nuevo símbolo, como
acto culminante del evento. Posteriormente, se realizó un brindis de honor en
el salón de los cristales del auditorio Universum Nostrum, en donde se hizo un
obsequio conmemorativo a los invitados (Universidad De La Salle Bajío, 2000).
El cambio de la universidad como una
ventana para el estudio de las élites leonesas
Para
iniciar con este apartado es necesario dirigir nuevamente la mirada hacia la
participación del Hermano Manuel Álvarez Campos en la ceremonia de cambio de
nombre de la universidad, que puede leerse de diversas maneras y que tiene
varias implicaciones. Así, dos posibles lecturas de este momento en la historia
de la universidad son el reconocimiento y que, probablemente, la figura, la
presencia y la autoridad del Hermano Manuel aún eran necesarias e importantes,
pese a los cambios hechos en la rectoría de la institución.
Aún
hay otras interpretaciones que pueden hacerse, pero para ello hay que ir un
poco hacia atrás para narrar un acontecimiento que tuvo lugar días antes del
cambio de nombre de la universidad. Y es que el 14 de enero del 2000 el
fundador de la universidad recibió un reconocimiento por parte del Club Rotario
Ejecutivo. Dicho evento, que se llevó a cabo en el Hotel La Estancia, tuvo como
objetivo reconocer la labor docente de varios personajes cuya obra tuvo un gran
impacto en la educación de los habitantes de León, por lo que contó con la
asistencia de Fernando Rivera Barroso, secretario de educación del Estado de
Guanajuato, por invitación de Verónica Domínguez de Palos, presidenta del club.
Cabe señalar que todos los educadores reconocidos obtuvieron su distinción de
parte de las “damas del consejo consultivo” y la embajadora del club, después
de lo cual hubo una comida (Gómez, 2000, p. 1).
Además
del fundador de la futura Universidad De La Salle Bajío, hubo otros
homenajeados, como Abraham Domínguez Vargas (“escritor y maestro de
declamación”), Aurelia Gutiérrez Ríos (con 40 años de servicio), Carlos Arturo
Navarro Valtierra (director del Archivo Histórico Municipal), Carmen García de
Villegas (Directora de la Normal Oficial por 22 años), Feliciano Toledo Sánchez
(fundador del Complejo Educativo Alfa), Guillermina Longoria Pérez (educadora
por 40 años), José Lira Arroyo (“fundador del Instituto Leonés y de la Escuela
de las Madres Blancas”), María Concepción Flores Montúfar (directora de la
Escuela Normal Superior del Instituto América), María de la Luz Chico Lozano
(directora de preescolar del Colegio Constancia y Trabajo durante 50 años) y
María de los Ángeles Zúñiga Luna (fundadora de la EPCA y la Escuela Comercial
Bancaria) (Gómez, 2000, p. 1).
En
su estudio sobre la élite empresarial y su interés en las políticas
gubernamentales de León, Guanajuato, Collazo Pérez realizó varias entrevistas a
diferentes actores políticos y sociales, que, entre otros temas, dejaron ver la
existencia de élites religiosas y/o eclesiásticas y la importancia de las
órdenes religiosas en el plano educativo de la localidad, por ser las
responsables de administrar las universidades más importantes de León (Collazo
Pérez, 2018).
Estas
élites vinculadas a la Iglesia católica establecieron relaciones con el resto
de las élites del municipio (no siempre pacíficas o armoniosas, pero sí muy
reales), entre ellas, las económicas. Sobre estas últimas, Collazo Pérez
menciona (a través del testimonio de uno de los entrevistados) la existencia de
códigos necesarios para el acceso y pertenencia a estas esferas tan altas de la
sociedad leonesa. Uno de ellos es la integración al Club Rotario o al Club
Campestre “donde una acción vale cientos de miles de pesos, y cobran un
mantenimiento de doce mil pesos al mes…pero si se quiere estar en la élite
[empresarial], hay que pagar eso” (Collazo Pérez, 2018, p. 166).
Considerando,
entonces, lo descrito por Collazo Pérez es posible proponer una interpretación
más al reconocimiento hecho al fundador de la Universidad De La Salle Bajío por
el Club Rotario y por la misma institución que él había creado: Que estas
distinciones son una prueba de los vínculos que se habían establecido con las
élites leonesas para el desarrollo de la obra lasallista en el municipio y en
el proceso de fundación de la universidad, de tal forma que reconocer al
Hermano Manuel era, también, un guiño de y a los miembros de la élite que le
habían respaldado en su empresa educativa.
Una
vez dicho lo anterior, es necesario regresar a la ceremonia de cambio de nombre
de la Universidad del Bajío a Universidad De La Salle Bajío, en la cual, más
importante para el tema de este apartado, fue el reconocimiento que se hizo en
el evento a los benefactores que contribuyeron en la obra, concretamente, a
Arturo Velázquez Villalpando, Salvador Díaz Villalpando, Jorge González
Márquez, Pedro Michel, Jesús Martínez Herrera. Unas destacadas figuras del
ámbito empresarial de la ciudad reconocidas fueron los empresarios
inmobiliarios Alejandro Arena García (que si bien nació en la Ciudad de México
colaboró con muchas instituciones educativas de León, Guanajuato), su esposa
Concepción Torres Landa de Arena y sus hijos Alejandro y Fernando Arena Torres
Landa (Universidad De La Salle Bajío, 2000).
La
universidad conserva la evidencia de la participación entusiasta de la familia
Arena en su construcción y desarrollo, pues el primer edificio de la
Universidad recibió el nombre de Alejandro Arena García –probablemente porque,
de acuerdo con Grousset y Meissonier, Arena García proporcionó el dinero
necesario para levantarlo (Grousset y Meissonnier, 1983b)–, mientras que la
segunda edificación construida se llamó Concepción Torres Landa de Arena.
Ciertamente, Alejandro Arena García no sólo colaboró con los lasallistas, a
quienes apoyó, también, para la creación del Colegio La Salle Panorama. De
hecho, Mejía Tenorio (2002) menciona que este empresario hizo donación de
terrenos en León al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
y al Colegio Miraflores.
Mejía
Tenorio (2002) colocó, además, en palabras muy sencillas las posibles
motivaciones que llevaron a Alejandro Arena García a involucrarse fuertemente
en el desarrollo de la infraestructura educativa del municipio de León a través
de la donación de terrenos. Y es que, de acuerdo con este autor, “la filosofía
de Don Alejandro Arena García, estaba plasmada en estas palabras: ‘Si traigo
educación a León, tengo clientes’” (2002, p. 130). Muchos años después, Collazo
Pérez inicialmente trataría de explicar el interés de la élite empresarial de
León en el “desarrollo de infraestructura educativa como parte de una política
cuasi-inmobiliaria” (Collazo Pérez, 2018, p. 215), pero la realidad es mucho
más compleja, como lo han demostrado varios trabajos de investigación.
Así,
para explicar el interés del empresariado leonés en el ámbito educativo y su
colaboración con la obra lasallista, hay que comenzar por decir que esta élite
posee diversos elementos identitarios, entre los que se encuentra una profunda
devoción católica que le hizo ser leal hacia la Iglesia y sus iniciativas
(Montero Oropeza et al., 2021; Collazo Pérez, 2018). Esta religiosidad
experimentada en el hogar se vivió, también, en la escuela, pues gran parte de
los empresarios de la ciudad de León estudiaron en escuelas católicas (y,
posteriormente, mandaron a sus hijos a estudiar en ellas), en especial en el
Instituto Lux (jesuita) y en los centros educativos lasallistas –de hecho, en
el trabajo de Collazo Pérez se menciona a la Universidad De La Salle Bajío como
responsable de la formación de las élites políticas– (Valdés Kilian, 1986;
Collazo Pérez, 2018).
Para
entender esta cuestión, hay que centrarse en el pensamiento educativo de la
Iglesia que recorrió un largo camino hasta llegar a su consolidación durante
diferentes momentos del siglo XX (Torres Septién, 1997), a través de documentos
como la Encíclica Divini Illius Magistri de 1929, la declaración Gravissimum
Educationis (1965) del Concilio Vaticano II, el documento La
escuela católica de 1977 o las conclusiones de la II Conferencia General
del Episcopado Latinoamericano (CELAM) de Medellín en 1968. Si bien son muchas
las ideas educativas que se contienen en todos estos documentos, es necesario
señalar que para la Iglesia no debía dejarse de lado su labor en la educación
de las élites políticas, económicas y culturales (II Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano, 2007), por lo cual, con su trabajo, los Hermanos de
la Salle estaban cumpliendo con este deber.
En
este punto hay que mencionar que hay otros factores que llevaron al
empresariado leonés a involucrarse en el ámbito educativo, especialmente
privado y católico, como es el caso de la Universidad De La Salle Bajío. Así,
primero hay que decir que los empresarios de la localidad se ven a sí mismos
como líderes (incluso de carácter moral) cuya influencia es positiva y
necesaria para la sociedad (Montero Oropeza et al., 2021). Por otra parte, la
influencia social que ejercen a través de su involucramiento en proyectos
educativos les permite aumentar su base patrimonial y obtener prestigio y
notoriedad que, a su vez, les facilitan el acceso a las altas esferas del
poder. Finalmente, es necesario señalar que la influencia del empresariado
leonés en el sector educativo local, especialmente cuando se trata del nivel
superior, como es el caso de la Universidad De La Salle Bajío, obedece a sus
intereses económicos y productivos (Collazo Pérez, 2018).
Para
finalizar con los festejos que se realizaron con motivo del paso de la
Universidad del Bajío a la Universidad De La Salle Bajío, debe decirse que en
la ceremonia también se hizo un homenaje a algunos de los primeros maestros, entre
los que también había políticos, funcionarios y empresarios, como el Hermano
César Rangel Barrera, Daniel Padilla Martín, Eliseo Martínez Pérez, Elmer
Losson Ovando, Federico Plascencia Pérez y Humberto Pérez Calvillo (Universidad
De La Salle Bajío, 2000).
Conclusiones
Para
los Hermanos de las Escuelas Cristianas el nombre de sus colegios era una
cuestión sumamente relevante, pues proporcionaba a sus centros educativos un
distintivo que significaba que sus métodos se fundamentaban en la pedagogía y
la espiritualidad del educador francés Juan Bautista De La Salle, su fundador.
Sin embargo, un centro educativo lasallista podía obtener esta denominación por
varios procesos, como el de los colegios de extensión. Esta última situación, y
la lectura de las fuentes existentes, permiten vislumbrar conflictos con personas,
del universo lasallista o no, que llegaron a abrir colegios haciendo uso del
calificativo lasallista.
Por
ello, el cambio de nombre de la UBAC a la Universidad De La Salle Bajío es
importante, pues, además, este proceso permite plantear una revisión y una
crítica historiográfica a las fuentes históricas existentes sobre esta
institución y sobre la obra de los Hermanos de La Salle en México. Y es que, a
través de estas acciones, puede dimensionarse mejor el papel que jugó el
Hermano Manuel de Jesús Álvarez Campos en la fundación de la Universidad, cuyo
carácter complejo, además de los intereses y las acciones de los seglares que
lo acompañaron en su empresa, pudieron retrasar el reconocimiento de esta
universidad como una institución lasallista. No es posible continuar sin
mencionar que la figura de Álvarez Campos y la obra de Mejía Tenorio ayudan a
comprender mejor las relaciones que pudieron tejerse entre los Hermanos de las
Escuelas Cristianas, entre ellas, las conflictivas, que no siempre se señalan en
la producción historiográfica lasallista.
En
este punto hay que señalar que los discursos que los Hermanos elaboraron para
el cambio de identidad de la universidad, que fue gradual, como pudo
constatarse en los medios electrónicos e impresos consultados, hacen eco de las
ideas de Juan Bautista De La Salle, la Iglesia posconciliar y el papado de Juan
Pablo II, además del proyecto de la Familia Lasallista.
Finalmente,
debe concluirse que la ceremonia de cambio de nombre de la Universidad, y algunos
acontecimientos previos, da cuenta de las relaciones existentes entre la élite
leonesa y los religiosos de la Salle, todo ello motivado por las
características específicas de las altas esferas del poder en el municipio como
la devoción católica, el deseo de preservar su influencia y su capital
económico o su imagen autopercibida de liderazgo en la localidad.
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