|
Comparación entre
tratamientos cognitivo-conductuales, cognitivos y conductuales para el juego
patológico y factores asociados a la eficacia: una revisión sistemática. |
|
Comparison of
cognitive-behavioral, cognitive, and behavioral treatments for pathological
gambling and factors associated with efficacy: a systematic review.
María Elena Cuevas Álvarez
maria.cuevas@umich.mx
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México
ORCID: 0000-0003-2111-3605
Roberto Oropeza Tena
roberto.oropeza@umich.mx
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México.
ORCID: 0000-0002-2561-2164
María Luisa Avalos Latorre
luisa.avalos@academicos.udg.mx
Universidad de Guadalajara, México.
ORCID: 0000-0002-1183-1518
Marina Liliana González Torres
liliana.gonzalez@edu.uaa.mx
Universidad Autónoma de Aguascalientes, México.
ORCID: 0000-0002-0146-7660
Reyna Jazmín Martínez Arriaga
reyna.martinez@academicos.udg.mx
Universidad de Guadalajara, México.
ORCID: 0000-0002-0146-7660
|
ARTÍCULO |
Recibido: 06|07|2025 • Aprobado: 19|11|2025 |
RESUMEN
El objetivo de esta revisión sistemática fue
comparar la eficacia de ensayos clínicos aleatorizados y estudios de eficacia
de tres enfoques de tratamiento para el juego patológico: conductual, cognitivo
y cognitivo-conductual. La eficacia se evaluó en términos de la tasa de
finalización del tratamiento, el cambio clínico significativo, la meta
terapéutica, la modalidad (individual o grupal) y el uso de manuales, además de
identificar las técnicas psicológicas más utilizadas entre los tres enfoques. Se
realizó una búsqueda de artículos en las bases de datos Dialnet, SciELO,
PubMed, Latindex, Science Direct, SpringerLink y PsycNET (entre el año 2000 y
2025). Se analizaron 12 artículos que cumplían con los criterios de inclusión. El
análisis confirmó la eficacia de los enfoques conductual, cognitivo y
cognitivo-conductual, con tasas de finalización y cambio clínico significativo
ligeramente superiores a las reportadas en investigaciones anteriores. Sin
embargo, cada enfoque mostró características distintas: el conductual fue
eficaz a corto plazo en retención y logro de cambios clínicos significativos,
pero sus alcances no perduraron. El cognitivo: logró resultados duraderos
respecto a cambios clínicos significativos, pero con altas tasas de abandono.
El cognitivo-conductual: mostró una eficacia intermedia en la finalización y
seguimiento de las intervenciones y un menor logro de cambios clínicos
significativos. La meta terapéutica de abstinencia y/o juego controlado generó
los mejores resultados clínicos. La modalidad grupal fue efectiva para fomentar
la tasa de finalización, mientras que la individual logró cambios clínicos
significativos más elevados. La evidencia sobre el uso de manuales de
tratamiento no fue concluyente. Las técnicas de tratamiento más empleadas
fueron la reestructuración cognitiva, la prevención de recaídas y el control de
estímulos.
Palabras clave: Juego patológico, intervenciones
psicológicas, resultados terapéuticos, evaluación de la eficacia.
ABSTRACT
The aim of this systematic review
was to compare the effectiveness of randomized controlled trials and efficacy
studies of three treatment approaches for pathological gambling: behavioral,
cognitive, and cognitive-behavioral. Effectiveness was assessed in terms of
treatment completion rate, clinically significant change, therapeutic goal,
modality (individual or group), and use of manuals, in addition to identifying
the most frequently used psychological techniques among the three approaches. A
search for articles was conducted in the databases Dialnet, SciELO, PubMed,
Latindex, ScienceDirect, SpringerLink, and PsycNET (between 2000 and 2025).
Twelve articles that met the inclusion criteria were analyzed. The analysis
confirmed the effectiveness of the behavioral, cognitive, and
cognitive-behavioral approaches, with completion rates and clinically
significant change slightly higher than those reported in previous research.
However, each approach showed distinct characteristics: the behavioral approach
was effective in the short term in retention and achieving clinically
significant changes, but its effects were not sustained. Cognitive therapy
achieved lasting results in terms of significant clinical changes, but with
high dropout rates. Cognitive-behavioral therapy showed intermediate
effectiveness in intervention completion and follow-up, and a lower rate of
significant clinical changes. The therapeutic goal of abstinence and/or
controlled gambling generated the best clinical results. Group therapy was effective
in promoting completion rates, while individual therapy achieved higher rates
of significant clinical changes. Evidence regarding the use of treatment
manuals was inconclusive. The most frequently used treatment techniques were
cognitive restructuring, relapse prevention, and stimulus control.
Keywords:
Pathological
gambling, psychological interventions, therapeutic outcomes, efficacy
evaluation.
|
|
Introducción
El juego
patológico (JP) es un trastorno adictivo que se caracteriza por la pérdida de
control de impulsos asociada a la conducta de juego, la cual implica el azar y
las apuestas. Genera una dependencia
emocional que se traduce en una necesidad imperante de continuar jugando y una
tolerancia a realizar apuestas cada vez más altas para sentir un mayor grado de
excitación y conlleva consecuencias negativas en las
esferas familiar, social, laboral, educativa, económica y legal (Asociación
Americana de Psiquiatría [APA], 2014). Esta problemática se vincula
principalmente con una alta comorbilidad de diversos trastornos clínicos. Entre
ellos, destacan la depresión (Moreira et al., 2023), la ansiedad (Echeburúa et
al., 2014), el riesgo suicida (Chee y Lui, 2021; Verdura-Vizcaíno et al., 2015)
y el consumo de drogas, tanto legales (Labrador et al., 2021) como ilegales
(Dowling et al., 2015; Hasanović et al., 2021).
A pesar de
sus graves consecuencias, la prevalencia global del JP está en aumento,
impulsada por la creciente disponibilidad de lugares de juego físicos (casinos)
y el fácil acceso a las apuestas en línea (Marcos y Chóliz; 2019, Ofori et al.,
2020). Se estima que un 1.29% de la población adulta mundial padece este
trastorno y un 2.43% son diagnosticados como jugador problema (Calado y
Griffiths, 2016; Gabellini, et al., 2023). En México, la Encuesta Nacional de
Adicciones, Alcohol y Tabaco 2016-2017 (Villatoro et al., 2018) reportó que un
0.3% de la población entre 12 y 65 años cumplía los criterios de JP, con una
prevalencia del 0.4% específicamente en adolescentes.
Para
abordar el JP, se han utilizado diversos enfoques terapéuticos, principalmente
el cognitivo-conductual, el conductual y el cognitivo (Pfund et al., 2023). El
conductual busca modificar directamente el comportamiento a través de técnicas
como la desensibilización sistemática o el control de estímulos. El cognitivo
se enfoca en reestructurar patrones de pensamiento distorsionados. Floros
(2018) refiere que estos dos enfoques se combinan para formar la Terapia Cognitivo-Conductual
(TCC).
Aunque la
TCC es ampliamente reconocida por su eficacia en el tratamiento del JP (Bücker
et al., 2019; Jiménez-Murcia et al., 2019; Matheson et al., 2019; Oei et al.,
2018), la investigación aún enfrenta un desafío clave: la falta de revisiones
sistemáticas que comparen directamente la eficacia entre los enfoques
conductual, cognitivo y cognitivo conductual. Esta comparación directa podría
ofrecer información valiosa sobre las tasas de eficacia de cada uno.
Realizar
una revisión sistemática sobre los tratamientos para el Juego Patológico (JP)
es fundamental para la medicina basada en evidencia. Este tipo de estudio
permite contar con evaluaciones rigurosas enfocadas en la Práctica Basada en la
Evidencia (PBE) (Sánchez-Meca y Botella, 2010). Este tipo de estudio consolida
de forma rigurosa la evidencia actual sobre la eficacia terapéutica, lo cual es
crucial en un campo en constante evolución (Gabellini et al., 2023). Además,
facilita la identificación de lagunas de investigación y las áreas que
necesitan más estudio; proporciona una base empírica sólida para que los
clínicos seleccionen las intervenciones más efectivas y para el desarrollo de
guías de práctica clínica y políticas de salud (Potenza et al., 2019); y actúa
como un insumo crítico para la discusión académica, impulsando el avance
científico y la innovación en modelos de intervención.
En este
contexto, la presente revisión
sistemática tuvo como objetivo general comparar los efectos de tres
tipos de intervenciones (conductual, cognitiva y cognitivo-conductual) en el
tratamiento del JP, a partir de dos factores clave: 1) la tasa de finalización: porcentaje de
participantes que completaron el tratamiento y/o los seguimientos. 2) El cambio clínico significativo: porcentaje
de jugadores que lograron la abstinencia o que ya no cumplían con los criterios
diagnósticos al finalizar la intervención y/o durante los seguimientos.
Los objetivos secundarios fueron: identificar los elementos específicos (meta terapéutica, modalidad grupal o
individual, y uso de un manual) que contribuyen a elevar la eficacia de dichas
intervenciones, así como
determinar qué técnicas de tratamiento fueron las más empleadas por los tres
enfoques.
Método
Esta
investigación se llevó a cabo siguiendo los lineamientos para la realización de
revisiones sistemáticas, conforme a la declaración PRISMA 2020 (Page et al.,
2021). La búsqueda se llevó a cabo en las bases de datos Dialnet, SciELO,
PubMed, Latindex, Science Direct, SpringerLink y PsycNET. Se realizó en inglés
y español, empleando los descriptores MeSH en combinación con operadores
booleanos (OR y AND). Las palabras clave utilizadas, en español, fueron: juego,
juego patológico, ludopatía AND terapia psicológica, tratamiento
cognitivo-conductual, tratamiento conductual, tratamiento cognitivo; y en
inglés: gambling, gambling disorder, pathological game, pathological gambling,
ludopathy AND psychological therapy, cognitive treatment, cognitive behavioral
therapy, behavioral treatment.
Los
criterios de inclusión fueron: 1) Estudios que abordaran el tratamiento del JP
mediante los enfoques cognitivo, conductual
o cognitivo-conductual. 2) Que detallaran sus resultados en términos de tasa de finalización y cambio clínico
significativo, con evaluaciones en postest
y seguimiento.
Se
excluyeron aquellos estudios donde los participantes presentaban un trastorno comórbido; las
intervenciones se dirigían a familiares
del jugador; o se
centraban exclusivamente en la prevención
de recaídas.
En esta
revisión, se incluyeron estudios publicados entre 2000 y 2025. Se consideraron
tanto los Ensayos Controlados Aleatorizados (ECA) como sus equivalentes
lógicos, definidos como investigación de eficacia. La decisión de incluir estos
últimos se fundamentó en la perspectiva de la Asociación Americana de
Psicología (2006), la cual reconoce su viabilidad cuando los ECA no son factibles.
Dado que el objetivo de nuestra investigación era comparar la tasa de
finalización y el cambio clínico significativo, como indicadores de eficacia,
no era viable limitar el análisis exclusivamente a los ECA.
Mediante
una primera búsqueda exhaustiva, se identificaron un total de 251 estudios.
Tras eliminar 129 duplicados, quedaron 122 artículos que fueron sometidos a una
revisión por título y resumen. Este proceso resultó en la selección de 59
estudios para su análisis a texto completo, de los cuales, finalmente, 12
cumplieron con todos los criterios de inclusión (ver Figura 1).
Figura 1
Diagrama de flujo PRISMA


![]()




![]()

![]()

![]()
Figura 1 (continua)


![]()


![]()

Resultados
Como
resultado final de la búsqueda exhaustiva, se seleccionaron 12 estudios, todos
publicados en inglés, ya que no se encontró ninguno en español que cumpliera
con todos los criterios de inclusión. Se evaluó el riesgo de sesgo utilizando
la Escala de Jadad (Jadad et al., 1996). Los resultados revelaron que todos los
estudios presentan una baja calidad metodológica (ver Tabla 1). Esto se
atribuye principalmente a que ninguno empleó el doble ciego y, además, cuatro
estudios no realizaron el proceso de aleatorización.
Tabla 1
Evaluación del riesgo de sesgo
|
Estudio |
Aleatorización: ¿Se describió el estudio como aleatorizado? |
¿El método de aleatorización fue adecuado? |
Cegamiento (enmascaramiento): ¿Se describió el estudio como "doble
ciego"? |
¿El método de cegamiento fue adecuado? |
¿Se describieron las pérdidas de seguimiento y los abandonos? |
Calidad metodológica |
|
Dowling et al. (2006) |
No |
No |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Dowling, et al. (2007) |
Sí |
Sí |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Dowling et al. (2009) |
No |
No |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Echeburúa et al. (2000) |
No |
No |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Ladouceur et al. (2003) |
Sí |
Sí |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Lloret et al. (2014) |
Sí |
Sí |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
McIntosh et al. (2016) |
Sí |
Sí |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Milton et al. (2002) |
Sí |
Sí |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Petry et al. (2008) |
Sí |
Sí |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Smith et al. (2015) |
Sí |
Sí |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Toneatto (2016) |
Sí |
Sí |
Sí |
Sí |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
|
Zhuang et al. (2018) |
No |
No |
No |
No |
Sí |
Alto riesgo de sesgo |
La muestra
total de los 12 estudios se conformó por 799 participantes. En relación con la
edad, la muestra total tenía un promedio de 41.45 años, con un rango de 31.9 a
47.5 años. Respecto al sexo, el porcentaje de hombres que participaron fue del
60% y el de mujeres, del 40%. El enfoque terapéutico predominante en estas
investigaciones fue el cognitivo-conductual, identificado en ocho estudios; el
cognitivo se encontró en tres, y el conductual también fue empleado en tres.
Las tasas de finalización para los tres
enfoques fueron las siguientes: el conductual
registró la mayor tasa en el postest (88%), aunque disminuyó significativamente
durante el seguimiento (68%); el cognitivo-conductual presentó
una tasa del 81 % en el postest, con una ligera disminución en el seguimiento (71%); y
el cognitivo obtuvo la menor tasa en el postest (76%), mostrando la mayor
reducción durante el periodo de seguimiento (62%).
Los
resultados del cambio clínico significativo para los tres enfoques fueron: el
conductual logró el porcentaje más alto tanto en el postest (85%) como en los
seguimientos (82%); el cognitivo también alcanzó un porcentaje elevado (77%) en
el postest y (75%) en los seguimientos); mientras que el cognitivo-conductual,
aunque fue efectivo, registró el porcentaje más bajo de los tres (62%) en ambos
momentos de evaluación.
La
eficacia de las metas terapéuticas, evaluada mediante la tasa de finalización,
arrojó los siguientes resultados: la de abstinencia presentó la tasa de
finalización más alta (88 %), casi igualada por la de abstinencia y/o juego
controlado (87%). La de juego controlado tiene una tasa de finalización menor
(77%).
Por otra
parte, la eficacia evaluada a través del cambio clínico significativo reveló
hallazgos distintos: la meta combinada de abstinencia y/o juego controlado tuvo
el mayor porcentaje (82%) al finalizar el tratamiento. La de abstinencia se situó
en un 67%, un porcentaje inferior al de la combinada, y la de juego controlado
presenta la eficacia más baja, con un 51%(ver tabla 2).
Tabla 2
Tasas de finalización, cambio clínicamente
significativo y resultados de eficacia
|
Estudio |
Grupos (n) |
Tasa de finalización |
Cambio clínicamente significativo |
Objetivo del tratamiento |
Resultados generales |
||||
|
Post % (n) |
Seg. (meses) |
% (n) |
Post |
Seg. (meses) |
% (n) |
||||
|
*Dowling
et al. (2006) |
Cognitivo-conductual
(n=19) |
*100
% (n=19) |
6 |
*84
% (n=16) |
*84
% (n=16) |
6 |
*89
% (n=16) |
Abstinencia
y/ o juego controlado |
Las
participantes mostraron una significativa mejora durante el período de
tratamiento, y se mantuvo durante el seguimiento a los 6 meses. |
|
*Dowling et al. (2007) |
Cognitivo-conductual
individual (n=14) |
*86
% (n=12) |
6 |
*86
% (n=12) |
*92
% (n=12) |
6 |
*92
% (n=12) |
Abstinencia y/ o juego
controlado |
Ambos tratamientos
fueron significativos. No obstante, a los 6 meses de seguimiento, el 92% de
los participantes en terapia individual ya no cumplían criterios de
diagnóstico de (JP), frente al 60% de los de terapia grupal. |
|
Cognitivo-conductual
grupal (n=17) |
*100
% (n=17) |
*88.2
% (n=15) |
65
% (n=10) |
60
% (n=9) |
|||||
|
*Dowling
et al. (2009) |
Cognitivo-conductual
abstinencia (n=25) |
76
% (n=19) |
6 |
72
% (n=18) |
*84 % (n=21) |
6 |
*89
% (n=22) |
Abstinencia y/ o juego
controlado |
Al completar el
seguimiento de 6 meses, el 89% de las jugadoras que seleccionaron la
abstinencia, en comparación con el 82% que seleccionó el juego controlado, ya
no cumplía con los criterios de JP. |
|
Cognitivo-conductual
juego controlado (n=16) |
75
% (n=12) |
69
% (n=11) |
*83
% (n=14) |
*82
% (n=13) |
|||||
Tabla 2 (continua)
|
*Echeburúa et al.
(2000) |
Conductual
individual (n=23) |
*100
% (n=23) |
12 |
*82.6
% (n=19) |
*100
% (n=23) |
12 |
*83
% (n=20) |
Abstinencia |
Al finalizar la
intervención se logró una tasa de finalización cercana al 100%. |
|
Conductual
grupal (n=23) |
100
% (n=23) |
78
% (n=18) |
100
% (n=23) |
78
% (n=18) |
|||||
|
Control (n=23) |
91
% (n=21) |
52
% (n=12) |
91
% (n=21) |
52
% (n=12) |
|||||
|
Ladouceur et al.
(2003) |
Grupo
cognitivo (n=34) |
74
% (n=34) |
24 |
65
% (n=22) |
88
% (n=30) |
24 |
68
% (n=23) |
Abstinencia |
Los resultados
indicaron que el 88% de los jugadores ya no cumplían con los criterios de
diagnóstico de JP. |
|
Grupo
control (n=25) |
100
% (n=25) |
100
% (n=25) |
20
% (n=5) |
20
% (n=5) |
|||||
|
Lloret et al. (2014) |
Cognitivo-conductual
(n=21) |
67
% (n=14) |
6 |
62
% (n=13) |
48
% (n=10) |
6 |
62
% (n=13) |
Abstinencia |
Los resultados
mostraron una mejora significativa en el comportamiento de JP tanto al final
del tratamiento como a los 6 meses de seguimiento. |
|
Cognitivo-conductual
+ hipnosis (n=28) |
64
% (n=18) |
61
% (n=17) |
61
% (n=17) |
61
% (n=17)) |
|||||
|
McIntosh
et al. (2016) |
Cognitivo-conductual
+ mindfulness (n=23) |
87
% (n=20) |
6 |
43
% (n=10) |
70
% (n=16) |
6 |
30
% (n=7) |
Juego controlado |
Al finalizar la
intervención, el tratamiento basado en TCC + mindfulness mostró ser efectivo
para reducir el comportamiento de JP, sin embargo, durante los seguimientos
el tratamiento TCC mostró una mayor eficacia. |
|
Mindfulness
+ Cognitivo Conductual (n=28) |
68
% (n=19) |
29
% (n=8) |
43
% (n=12) |
25
% (n=7) |
|||||
|
Cognitivo-conductual
(n=26) |
73
% (n=19) |
27
% (n=7) |
50
% (n=13) |
27
% (n=7) |
Tabla 2 (continua)
|
Milton
et al. (2002) |
Cognitivo-Conductual
(n=20) |
35
% (n=7) |
9 |
50
% (n=10) |
30
% (n=6) |
9 |
35
% (n=7) |
Juego controlado |
La intervención TCC + complementos
mostraron mejoras superiores al finalizar el tratamiento en comparación con
el tratamiento TCC. A
los 9 meses de seguimiento, no hubo diferencias en el resultado entre ambos
tratamientos. |
|
Cognitivo-Conductual
+ complementos (n=20) |
65
% (n=13) |
55
% (n=11) |
60
% (n=12) |
45
% (n=9) |
|||||
|
*Petry
et al. (2008) |
Cognitivo-conductual
juego controlado (n=16) |
*95
% (n=38) |
9 |
*85
% (n=34) |
47
% (n=18) |
9 |
38
% (n=13) |
Juego controlado |
Entre la semana 6 y el
mes 9, la intervención TCC + EM evidenció una reducción significativa en la
conducta de JP |
|
Entrevista
motivacional (n=55) |
*95
% (n=52) |
*88
% (n=48) |
42
% (n=22) |
44
% (n=21) |
|||||
|
Consejo
breve (n=37) |
*94
% (n=35) |
*88
% (n=31) |
46
% (n=16) |
45
% (n=14) |
|||||
|
*Smith,
et al. (2015) |
Cognitiva (n=44) |
66
% (n=29) |
6 |
50
% (n=22) |
79
% (n=23) |
6 |
79
% (n=23) |
Juego controlado |
Ambos tratamientos mostraron una mejoría
comparable en la reducción de JP tanto al finalizar la intervención, como
durante los seguimientos |
|
Conductual (n=43) |
49
% (n=21) |
42
% (n=18) |
*83% (n=19) |
*83% (n=19) |
Tabla 2 (continua)
|
*Toneatto (2016) |
Cognitiva (n=25) |
88
% (n=22) |
12 |
72
% (n=18) |
63
% (n=13) |
12 |
79
% (n=14) |
Abstinencia |
Las cuatro intervenciones
mostraron una mejora significativa como resultado del tratamiento y esta se
mantuvo durante todo el período de seguimiento. |
||
|
Conductual (n=24) |
100
% (n=24) |
71
% (n=17) |
58
% (n=14) |
82
% (n=14) |
|||||||
|
Entrevista
motivacional (n=22) |
86
% (n=19) |
68
% (n=15) |
47
% (n=9) |
87
% (n=13) |
|||||||
|
Intervención
Minina (n=28) |
*96
% (n=27) |
*82
% (n=23) |
61
% (n=17) |
81
% (n=19) |
|||||||
|
Zhuang, et al. (2018) |
Cognitivo-conductual
(n=42) |
*100
% (n=42) |
6 |
*88
% (n=37) |
40
% (n=17) |
6 |
50
% (n=21) |
Juego
controlado |
Se identificó una mayor reducción en la
conducta de juego en la condición de TCC+ mindfulness en comparación con la
condición de actividades sociales. |
||
|
Actividades
sociales (n=42) |
100
% (n=42) |
78
% (n=33) |
19
% (n=7) |
12
% (n=5) |
|||||||
|
Resultados
de eficacia |
|||||||||||
|
|
|
Enfoque terapéutico |
Meta terapéutica |
Formato |
Manual |
||||||
|
Total |
TCC |
cognitivo |
conductual |
Abstinencia
y/ juego
controlado |
Abstinencia |
Juego controlado |
Grupal |
Individual |
Sí |
No |
|
|
Tasa de finalización (postest) |
82 % |
81 % |
76 % |
87 % |
87% |
88% |
77% |
86% |
81% |
87% |
86% |
|
Tasa de finalización (seguimiento) |
73 % |
71 % |
62 % |
68 % |
80% |
72% |
60% |
71% |
56% |
63% |
72% |
|
Cambio clínico significativo (postest) |
60 % |
62 % |
77 % |
85 % |
82% |
67% |
51% |
58% |
75% |
59% |
68% |
|
Cambio clínico significativo (seguimiento) |
61 % |
62 % |
75 % |
82 % |
82% |
68% |
43% |
58% |
64% |
60% |
60% |
Nota: Tasa de finalización es
expresada como el porcentaje de participantes que comenzaron el tratamiento y
completaron el mismo y/o los seguimientos.
El cambio
clínicamente significativo es expresado como el porcentaje de jugadores
patológicos que alcanzaron la abstinencia o ya no cumplían con los criterios
diagnósticos de jugador patológico al finalizar la intervención y/o durante los
seguimientos.
Los estudios
marcados con un asterisco (*) son aquellos que reportaron las tasas de eficacia
más altas (80 % o superior), tanto en el postest como en el seguimiento. Estos
resultados se alcanzaron en al menos uno de los criterios evaluados: tasa de
finalización o cambio clínico significativo, dentro de alguno de sus grupos de
intervención.
Respecto a
la modalidad de intervención, la terapia grupal fue la más frecuente,
identificada en ocho de los estudios analizados. En términos de tasa de
finalización, la terapia grupal mostró una eficacia ligeramente superior en el
postest (86%) frente a la individual (81%). Esta diferencia se mantuvo durante
los seguimientos, ya que la modalidad grupal conservó un 71%, superando el 56%
de la individual. No obstante, el cambio clínico significativo presentó un
patrón distinto en ambas modalidades: en el postest, la individual alcanzó un
75% frente al 58% de la grupal. Durante los seguimientos, la grupal mantuvo un
58%, mientras que la individual experimentó un leve descenso al 64% (ver tabla 2)
De los 12
estudios incluidos en esta revisión, siete (58.3%) utilizaron un manual de
tratamiento. La eficacia evaluada mediante la tasa de finalización arrojó
resultados similares: en el postest, los tratamientos con manual registraron una tasa ligeramente superior (87%) frente a los tratamientos sin
manual (86%). Sin embargo, en los seguimientos, los tratamientos sin manual
demuestran una mejor retención (72% Vs. 63% con manual).
Por otra parte, la eficacia evaluada a través del cambio clínico
significativo, reveló los siguientes hallazgos: los estudios sin manual
alcanzan un mayor porcentaje en el postest (68% vs. 59% con manual); no
obstante, durante los seguimientos, ambas modalidades alcanzaron el mismo resultado
(60%).
Se identificaron 17 tipos diferentes de
técnicas. Las más empleadas fueron la reestructuración cognitiva (reportada en
10 estudios), la prevención de recaídas (en siete) y el control de estímulos
(en seis). En contraste, las menos utilizadas incluyeron el manejo de
emociones, la parada de pensamiento y las estrategias de afrontamiento, siendo
cada una mencionada únicamente en un estudio (ver Tabla 3).
Tabla 3
Características de las intervenciones
|
Estudio |
Enfoque |
Técnicas |
Formato |
Cantidad de Sesiones
(tiempo en minutos) |
Uso de manual |
Seg. meses |
|
|
Dowling, et al. (2006) |
Cognitivo-conductual
|
1. Control de
estímulos 2. Actividades
placenteras 3.
Reestructuración cognitiva 4. Solución de
problemas |
5.
Entrenamiento en asertividad 6. Prevención
de recaídas 7.
Desensibilización sistemática |
Individual |
12 (90) |
Sí |
6 |
|
Dowling, et
al. (2007) |
Cognitivo-conductual |
1. Control de
estímulos 2. Actividades
placenteras 3.
Reestructuración cognitiva 4. Solución de
problemas |
5.
Entrenamiento en asertividad 6. Prevención
de recaídas 7.
Desensibilización sistemática |
Grupal e
individual |
12 (90) |
Sí |
6 |
|
Dowling et al.
(2009) |
Cognitivo-conductual |
1. Control de
estímulos 2. Actividades
placenteras 3.
Reestructuración cognitiva 4. Resolución
de problemas |
5.
Entrenamiento en asertividad 6. Prevención
de recaídas 7.
Desensibilización sistemática |
Grupal e
individual |
12 (90) |
No |
6 |
|
Echeburúa, et
al. (2000) |
Conductual |
1. Control de
estímulos 2. Relajación
progresiva |
3. Exposición
en vivo 4. Prevención
de recaídas |
Grupal e
individual |
- |
No |
1, 3, 6 y 12 |
|
Ladouceur et
al. (2003) |
Cognitivo |
1. Reestructuración
cognitiva |
2. Prevención
de recaídas |
Grupal |
10 (120) |
No |
6, 12, 24 |
|
Lloret et al.
(2014) |
Cognitivo-conductual |
1. Control de
estímulos 2. Relajación
progresiva 3. Parada de
pensamiento |
4. Exposición
en vivo 5.
Reestructuración cognitiva 6.
Desensibilización sistemática |
Grupal |
11 (180) |
No |
6 |
|
McIntosh, et
al. (2016) |
Cognitivo-conductual |
1. Reestructuración
cognitiva 2.
Identificación de disparadores |
3.
Afrontamiento de disparadores 4.
Establecimiento de metas |
Individual |
7 (60) |
Sí |
3 y 6 |
|
Milton, et al.
(2002) |
Cognitivo-conductual |
1.
Reestructuración cognitiva |
2. Resolución
de problemas 3. Prevención
de recaídas |
Grupal |
8 (90) |
Sí |
6 y 12 |
Tabla 3 (continua)
|
Petry et al.
(2008) |
Cognitivo-conductual |
1.
Identificación de disparadores |
2.
Afrontamiento de disparadores 3.
Entrenamiento en asertividad |
Grupal |
4 (50) |
No |
9 |
|
Smith, et al.
(2015) |
a) Cognitivo b) Conductual |
1.
Establecimiento de metas 2.
Reestructuración cognitiva 3. Prevención
de recaídas |
4. Control de
estímulos 5.
Desensibilización sistemática 6. Exposición
en vivo |
Individual |
12 (60) |
Sí |
3 y 6 |
|
Toneatto
(2016) |
a) Cognitivo b) Conductual |
1.
Reestructuración cognitiva 2. Control de
estímulos |
3. Estrategias
de afrontamiento 4. Actividades
placenteras |
Grupal |
6 (60) |
Sí |
1 |
|
Zhuang, et al.
(2018) |
Cognitivo-conductual |
1.
Reestructuración cognitiva |
2. Manejo de
emociones 3. Prevención
de recaídas |
Grupal |
8 (180) |
Sí |
6 |
Discusión
Esta
revisión sistemática analizó 12 estudios con el objetivo de evaluar la eficacia
de tres enfoques terapéuticos: cognitivo-conductual, conductual y cognitivo,
dirigidos al tratamiento del JP, centrándose en la tasa de finalización del
tratamiento, el cambio clínico significativo, el objetivo terapéutico, las
modalidades de intervención, el uso de manuales de tratamiento y la
identificación de las técnicas de tratamiento más utilizadas.
En esta
investigación, la tasa de finalización global de los estudios analizados fue
del 82% al concluir la intervención, disminuyendo al 73% durante los
seguimientos Esta disminución es consistente con la literatura, la cual señala
un incremento en el riesgo de abandono y recaída a partir de la quinta sesión
(Jiménez et al., 2005). Esto subraya la necesidad de incluir técnicas
específicas para aumentar la motivación y mejorar el grado de adherencia y
permanencia de los participantes durante las primeras sesiones.
Además, el
abandono representa un reto significativo para el tratamiento del JP con tasas
que oscilan entre el 14% y el 50% (Melville et al., 2007). La literatura
identifica diversos factores de riesgo que contribuyen a este fenómeno. Según
Jiménez et al. (2005), el abandono está asociado a la gravedad de la problemática
de juego, la elevada impulsividad, la búsqueda de sensaciones y el nivel de
severidad de la psicopatología comórbida. Por su parte, las razones
manifestadas por los participantes incluyen la aversión al formato grupal, la
falta de motivación y cuestiones prácticas como enfermedades, dificultades de
desplazamiento o falta de tiempo (Carlbring et al., 2010). Además, Milton et
al. (2002) destacaron que el consumo elevado de sustancias fue un factor
principal en el abandono de sus muestras.
El
análisis reveló que los tres enfoques (cognitivo-conductual, conductual y
cognitivo) pueden ser efectivos en el tratamiento del JP. En promedio, los tres
lograron tasas de finalización que oscilaron entre el 76% y el 88% durante el
postest y del 62% al 71% durante los seguimientos. En cuanto al cambio clínico
significativo, entre un 62% y 85% de los participantes, lograron la meta, al
finalizar el tratamiento y en un 62% al 82% durante los seguimientos. Estos
resultados superan levemente los porcentajes reportados en estudios previos
(Carlbring et al., 2010; Carlbring y Smith, 2008; Larimer et al., 2012; Petry
et al., 2006), en los cuales se identificó que menos de la mitad de los
pacientes completaba con éxito un tratamiento para el JP.
Los
resultados obtenidos en cada uno de los enfoques permiten identificar algunas
similitudes o diferencias entre ellos: el conductual fue el enfoque que logró
un mayor efecto, ya que un 88% de los pacientes finalizaron el tratamiento y un
85% alcanzaron un cambio clínico significativo, durante los seguimientos, la
tasa de finalización disminuyó a un 68% y el cambio clínico significativo
disminuyó ligeramente a un 82%. Nuestros resultados respaldan lo indicado por
Smith et al. (2015), en cuyo estudio menciona que las terapias conductuales
representan tratamientos eficaces para abordar los problemas de juego y esto se
puede deber principalmente al uso de la técnica de control de estímulos.
El
cognitivo-conductual fue el segundo enfoque en lograr mayores cambios en la
tasa de finalización (81%) y logró una mejor retención en los seguimientos
(71%) que los otros dos enfoques. No obstante, los participantes de este
enfoque fueron los que menos alcanzaron el cambio clínico significativo, tanto
al terminar la intervención (62%), como en los seguimientos (62%). Este
resultado difiere con lo reportado en investigaciones anteriores en las cuales
se considera a la TCC como un enfoque eficaz para el tratamiento del JP (Bücker
et al., 2019; García-Caballero et al., 2018; Jiménez-Murcia et al., 2019;
Matheson et al., 2019; Oei et al., 2018).
El
cognitivo registró la menor tasa de finalización al concluir el tratamiento
(76%) y una disminución en el seguimiento (62%). No obstante, un gran
porcentaje de los participantes (77% en el postest y 75% en los seguimientos)
lograron un cambio clínico significativo. Estos resultados son consistentes con
lo reportado por Smith et al. (2015) ya que en su estudio refiere que las
terapias cognitivas son tratamientos viables y eficaces para los problemas de
juego, es posible que este resultado este asociado al uso de la técnica de
reestructuración cognitiva, debido a que se considera que las distorsiones
cognitivas asociadas al JP, es factor muy importante para explicar el
mantenimiento de la conducta de juego (Domínguez, 2009; Ribeiro, et al., 2021).
Los
objetivos secundarios se orientaron a determinar qué elementos específicos se
asociaban a la eficacia de las intervenciones, incluyendo la meta terapéutica,
la modalidad (grupal o individual) y el uso de un manual.
Se
identificó que las metas terapéuticas también influyeron en la eficacia. La de
juego controlado fue abordada en varios estudios (McIntosh et al., 2016; Milton
et al., 2002; Petry et al., 2008; Smith et al., 2015; Zhuang et al., 2018); sin
embargo, los estudios con esta meta obtuvieron el cambio clínico significativo
más bajo (51%). Este resultado es consistente con la postura de Echeburúa et
al. (2014), quienes señalan que los logros obtenidos con este objetivo son aún
inconsistentes y no parecen superar los logrados con la meta de abstinencia. No
obstante, es contradictorio a lo encontrado por Ladouceur et al. (2003) al
indicar que la meta de juego controlado puede ser efectiva como un paso inicial
para aumentar la autoeficacia.
La meta de
abstinencia logró cambios medios en comparación con las otras dos, al asociarse
a tasas de finalización del 88% y un cambio clínico del 67% (Echeburúa et al.,
2000; Ladouceur et al., 2003; Lloret et al., 2014; Toneatto, 2016). La
combinación de abstinencia y/o juego controlado (Dowling et al., 2006, 2007,
2009) fue la que permitió a los participantes alcanzar las mayores tasas de
finalización (87%) y el cambio clínico significativo más alto (82%). Este
resultado coincide con lo mencionado por Ladouceur (2005), quien refiere que
las altas tasas de abandono en el tratamiento podrían estar vinculadas a que la
abstinencia total es la única meta establecida. Por lo tanto, sugerir el juego
controlado como una meta inicial podría ayudar a los participantes a sentirse más
capaces de lograr sus objetivos, lo que eventualmente los llevaría a aceptar la
abstinencia completa.
Al
analizar las modalidades de intervención para el JP, la evidencia revela que
tanto la terapia grupal como la individual son efectivas para ayudar a los
participantes a que logren la meta de abstinencia y/o juego controlado. Este
resultado es consistente con la investigación de Ladouceur et al. (2003),
quienes concluyeron que ambos formatos son igualmente eficaces. En sentido
opuesto, Dowling et al. (2007) sugirieron que el tratamiento individual es
ligeramente más efectivo que el grupal.
Este
análisis arrojó fortalezas distintas para cada modalidad. La terapia grupal
destaca por una mayor tasa de finalización, logrando que más participantes
completen el tratamiento, y esta ventaja se mantiene en los seguimientos. Sin
embargo, la terapia individual demuestra una superioridad en el cambio clínico
significativo.
Esto
podría indicar que los beneficios sociales y de apoyo de la modalidad grupal
contribuyen a la retención. En este sentido, Dowling et al. (2007) y Ladouceur
et al. (2003) destacan varios beneficios del tratamiento grupal: la
normalización de la conducta de juego, el sentido de pertenencia y aceptación,
el apoyo mutuo entre participantes, la reducción de los estigmas de vergüenza y
culpa, el aprendizaje vicario, el apoyo en la solución de problemas y el
fomento de habilidades de comunicación. Por otro lado, la modalidad individual
en el JP permite un trabajo terapéutico adaptado a las necesidades específicas
de cada paciente, lo que se traduce en un mayor cambio clínico significativo
(Petry et al., 2006).
El
análisis del uso de manuales de tratamiento (presentes en 7 de los 12 estudios)
arrojó resultados ambiguos. En el postest, los tratamientos con manuales (87%)
mostraron una tasa de finalización similar a aquellos sin manual (86%). No
obstante, durante los seguimientos, los tratamientos sin manual demostraron una
mayor adherencia (72%) en comparación con el 63% de los que usaron manual. El
cambio clínico significativo fue mayor en el postest en los tratamientos sin
manual (68%) que en los que sí lo usaron (60%). No obstante, en los
seguimientos, ambos grupos se igualaron, registrando un 60% de cambio clínico
significativo, independientemente del uso o no del manual.
Esta
ambigüedad se vincula directamente con las ventajas y desventajas del uso de
manuales en el ámbito clínico. Por una parte, la principal ventaja es que
aseguran la fidelidad y consistencia del tratamiento, al administrarlo tal como
fue diseñado y probado en la investigación, lo cual es crucial para facilitar
su replicación (Ladouceur et al., 2003). Por otra parte, la principal
desventaja radica en la rigidez que imponen, lo que dificulta la adaptación del
tratamiento a las necesidades individuales de cada paciente.
En el
análisis de las técnicas más utilizadas, la reestructuración cognitiva y la
prevención de recaídas emergen como componentes fundamentales de los
tratamientos para el JP, lo que es consistente con el marco teórico de la TCC.
A pesar de su uso frecuente, resulta difícil concluir cuáles técnicas o
combinaciones se asocian con una mayor eficacia. Esto se debe a que las
intervenciones cognitivo-conductuales suelen ser modelos de tratamiento que
integran múltiples técnicas, lo cual dificulta aislar la contribución única de
cada componente a los resultados generales.
Limitaciones
Esta
revisión sistemática presenta
las siguientes limitaciones:
En primer lugar, los 12 estudios incluidos
fueron clasificados con baja calidad metodológica
según la escala de Jadad. La ausencia
de doble ciego en todos los estudios y la falta de reporte o inadecuación del proceso de aleatorización en
cuatro de ellos limitan seriamente la
validez interna de los hallazgos.
En segundo lugar, aunque la búsqueda se realizó en inglés y español, la
inclusión se restringió a estudios publicados
únicamente en inglés. Este hecho podría introducir un sesgo de publicación y,
consecuentemente, limitar la representatividad de los hallazgos a contextos culturales
o idiomas distintos.
Finalmente,
la revisión excluyó estudios
donde los participantes presentaban un trastorno
comórbido. Dado que el JP se asocia con una alta comorbilidad, esta
exclusión limita la generalidad de los
hallazgos, ya que la presencia de otros trastornos es frecuente y puede
influir en la respuesta al tratamiento.
Conclusiones
Esta
revisión sistemática reafirma la eficacia general de los enfoques
cognitivo-conductual, conductual y cognitivo en el tratamiento del JP, con
tasas de finalización y cambio clínico significativo similares a las reportadas
en otros estudios (Bücker et al., 2019; Jiménez-Murcia et al., 2019; Matheson
et al., 2019; Oei et al., 2018). No obstante, la comparación entre los tres
enfoques revela matices importantes: el enfoque conductual es eficaz para obtener
mayores tasas de retención y de logro de objetivos al finalizar la intervención;
sin embargo, estos logros no se mantienen consistentemente en el seguimiento.
Por su parte, el enfoque cognitivo muestra eficacia en el logro de objetivos
tanto al finalizar la intervención como en los seguimientos, pero sus
participantes registran las mayores tasas de abandono en el postest y en los
seguimientos. Finalmente, el enfoque cognitivo-conductual demostró ser
medianamente eficaz, con una tasa intermedia de finalización y seguimiento, y
un menor porcentaje de logros de objetivos clínicos.
Respecto a
la meta terapéutica, un abordaje flexible que combine abstinencia y/o juego
controlado parece generar mejores resultados clínicos. En lo que se refiere a
las modalidades de intervención, las grupales son eficaces para fomentar la
adherencia y el soporte social, mientras que las individuales sobresalen al
conseguir resultados clínicos más significativos y personalizados. Finalmente,
el uso de manuales de tratamiento arrojó resultados no concluyentes, lo que
podría indicar que la habilidad del terapeuta para ajustar la terapia a cada
persona resulta tan importante como seguir un protocolo establecido.
Referencias
Asociación Americana de Psiquiatría. (2014). Manual Diagnóstico y Estadístico de los
Trastornos Mentales (DSM-V). Médica Panamericana.
American Psychological Association, Presidential Task Force on
Evidence-Based Practice. (2006). Evidence-based practice in psychology. American Psychologist, 61(4), 271–285. https://www.apa.org/pubs/journals/features/evidence-based-statement.pdf
Bücker, L., Westermann, S., Kühn, S. y Moritz, S. (2019). A self-guided
Internet-based intervention for individuals with gambling problems: Study
protocol for a randomized controlled trial. Trials,
20(1). https://doi.org/10.1186/s13063-019-3176-z
Calado, F. y Griffiths, M. D. (2016). Problem gambling worldwide: An update and systematic
review of empirical research (2000-2015). Journal
of Behavioral Addictions, 5(4), 592-613. https://doi.org/10.1556/2006.5.2016.073
Carlbring, P., Jonsson, J., Josephson, H. y Forsberg, L. (2010).
Motivational Interviewing versus Cognitive Behavioral Group Therapy in the
Treatment of Problem and Pathological Gambling: A Randomized Controlled Trial. Cognitive Behavior Therapy, 39(2), 92-103.
https://doi.org/10.1080/16506070903190245
Carlbring, P. y Smit, F. (2008). Randomized trial of internet-delivered
self-help with telephone support for pathological gamblers. Journal of Consulting and Clinical
Psychology, 76(6), 1090-1094. https://doi.org/10.1037/a0013603
Chee, T. T. y Lui, Y. S. (2021). Pathological Gambling, Gambling Disorder, and Problem
Gambling Among the Chinese Ethnic Population Living in Western Countries: Is
Culture a Sufficient Explanation for the Reported Excess Rates? Journal of Gambling Studies, 37(3), 927-945.
https://doi.org/10.1007/s10899-021-10012-7
Domínguez, A. M. (2009). Epidemiología y factores implicados en el
juego patológico. Apuntes de Psicología,
27(1), 3-20. https://doi.org/10.55414/ng41z603
Dowling, N. A., Cowlishaw, S., Jackson, A. C., Merkouris, S. S.,
Francis, K. L. y Christensen, D. R. (2015). Prevalence of psychiatric
co-morbidity in treatment-seeking problem gamblers: A systematic review and
meta-analysis. Australian and New Zealand
Journal of Psychiatry, 49(6), 519-539. https://doi.org/10.1177/0004867415575774
Dowling, N., Smith, D. y Thomas, T. (2006). Treatment of Female
Pathological Gambling: The Efficacy of a Cognitive-Behavioral Approach. Journal of Gambling Studies, 22(4), 355-372.
https://doi.org/10.1007/s10899-006-9027-3
Dowling, N., Smith, D. y Thomas, T. (2007). A comparison of individual
and group cognitive-behavioural treatment for female pathological gambling. Behavior Research and Therapy, 45, 2192-2202.
https://doi.org/10.1016/j.brat.2006.11.003
Dowling, N., Smith, D. y Thomas, T. (2009). A Preliminary Investigation
of Abstinence and Controlled Gambling as Self-Selected Goals of Treatment for
Female Pathological Gambling. Journal of
Gambling Studies, 25(2), 201-214. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19199009/
Echeburúa, E., Fernández-Montalvo, J. y Báez,
C. (2000). Relapse prevention in
the treatment of slot-machine pathological gambling: Long-term outcome. Behavior Therapy, 31(2), 351-364.
https://doi.org/10.1016/s0005-7894(00)80019-2
Echeburúa, E., Salaberría, K. y Cruz-Sáez, M.
(2014). Nuevos retos en el tratamiento del juego patológico. Terapia Psicológica, 32(1), 31-40. https://scielo.conicyt.cl/pdf/terpsicol/v32n1/art03.pdf
Floros, G. D. (2018). Gambling disorder in adolescents: Prevalence, new
developments, and treatment challenges. Adolescent
Health, Medicine and Therapeutics, 9, 43-51. https://doi.org/10.2147/AHMT.S135423
Gabellini, E., Lucchini, F. y Gattoni, M. E.
(2023). Prevalence of problem gambling: A
meta-analysis of recent empirical research (2016–2022). Journal of Gambling Studies, 39(3), 1027-1057. https://doi.org/10.1007/s10899-022-10180-0
García-Caballero, A., Torrens-Lluch, M.,
Ramírez-Gendrau, I., Vallés, V. y Aragay, N. (2018). Eficacia de la
intervención motivacional y la terapia cognitivo conductual para el tratamiento
del juego patológico. Adicciones, 30(3),
219-224. https://doi.org/10.20882/adicciones.965
Hasanović, M., Kuldija, A., Pajević, I.,
Jakovljević, M. y Hasanović, M. (2021). Gambling Disorder as an Addictive Disorder and Creative
Psychopharmacotherapy. Psychiatria
Danubina, 33(4), 1118-1129. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35354178/
Jadad, A. R., Moore, R. A., Carroll, D., Jenkinson, C., Reynolds, J. M.,
Gavaghan, D. J. y McQuay, H. J. (1996). Assessing the quality of reports of
randomized clinical trials: Is blinding necessary? Controlled Clinical Trials, 17(1), 1-12. https://doi.org/10.1016/0197-2456(95)00134-4
Jiménez, S., Álvarez, E., Gómez, M., Granero,
R., Neus, M., Gómez, M., Jaurrieta, N., Sans, B., Rodríguez, J. y Vallejo, J.
(2005). Análisis de la eficacia de dos modalidades de tratamiento
cognitivo-conductual grupal para el juego patológico. Psicología Conductual, 13(3), 495-510. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1404334
Jiménez-Murcia, S., Granero, R.,
Fernández-Aranda, F., Aymamí, N., Gómez-Peña, M., Mestre-Bach, G., Steward, T.,
Pino-Gutiérrez, A., Mena-Moreno, Vintró-Alcaraz, C., Agüera, Z.,
Sánchez-González, J., Moragas, L., Codina, E. y Menchón, J. M. (2019). Developmental trajectories of gambling severity after
cognitive-behavioral therapy. European
Psychiatry, 60, 28-40. https://doi.org/10.1016/j.eurpsy.2019.04.001
Labrador, F. J., Estupiñá, F. J.,
Vallejo-Achón, M., Sánchez-Iglesias, I., González-Álvarez, M., Fernández-Arias,
I., Labrador, M. y Bernaldo-de-Quirós, M. (2021). Exposure of adolescent and youth to Gambling advertising: a systematic
review. Annals of Psychology, 37(1),
149-160. https://doi.org/10.6018/analesps.428921
Ladouceur, R. (2005). Controlled gambling for pathological gamblers. Journal of Gambling Studies, 21(1), 49-59.
https://doi.org/10.1007/s10899-004-1923-9
Ladouceur, R., Sylvain, C., Boutin, C., Lachance, S., Doucet, C. y
Leblond, J. (2003). Group therapy for pathological gamblers: A cognitive
approach. Behaviour Research and Therapy,
41(5), 587-596. https://doi.org/10.1016/s0005-7967(02)00036-0
Larimer, M. E., Neighbors, C., Lostutter, T. W. y Cronce, J. M. (2012).
Randomized controlled trial of a brief intervention for problem gambling
delivered by phone. Journal of Gambling
Studies, 28 (3), 449-469. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2011.03776.x
Lloret, D., Montesinos, R. y Capafons, A.
(2014). Waking self-hypnosis efficacy in
cognitive-behavioral treatment for pathological gambling: An effectiveness
clinical assay. International Journal of
Clinical and Experimental Hypnosis, 62(1),
50-69. https://doi.org/10.1080/00207144.2013.841474
Marcos, M. y Chóliz, M. (2019). Mujer y juego
online. Propuesta de tratamiento de un caso de adicción a videobingo. Información Psicológica, 117, 65-78. https://doi.org/10.14635/IPSIC.2019.117.7
Matheson, F. I., Hamilton-Wright, S., Kryszajtys, D. T., Wiese, J. L.,
Cadel, L., Ziegler, C., Hwang, S. W. y Guilcher, S. (2019). The use of
self-management strategies for problem gambling: A scoping review. BMC Public Health, 19, 445. https://doi.org/10.1186/s12889-019-6755-8
McIntosh, C. C., Crino, R. D. y O’Neill, K. (2016). Treating problem
gambling samples with cognitive behavioural therapy and mindfulness-based
interventions: A clinical trial. Journal
of Gambling Studies, 32(4),
1305–1325. https://doi.org/10.1007/s10899-016-9602-1
Melville, K. M., Casey, L. M. y Kavanagh, D. J. (2007). Patient factors
that predict dropout from face-to-face gambling treatment. Journal of Gambling Studies, 23(4),
517–529. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2007.02.004
Milton, S., Crino, R., Hunt, C. y Prosser, E. (2002). The effect of
compliance-improving interventions on the cognitive-behavioural treatment of
pathological gambling. Journal of
Gambling Studies, 18(2), 207-229.
https://doi.org/10.1023/a:1015580800028
Moreira, D., Azeredo, A. y Dias, P. (2023). Risk factors for gambling disorder: A systematic
review. Journal of Gambling Studies, 39(2),
483-511. https://doi.org/10.1007/s10899-023-10195-1
Oei, T. P. S., Raylu, N. y Lai, W. W. (2018).
Effectiveness of a self-help
cognitive behavioural treatment program for problem gamblers: A randomized
controlled trial. Journal of Gambling
Studies, 34(2), 581–595. https://doi.org/10.1007/s10899-017-9723-1
Ofori, S., Christensen, D., Awosoga, O., Lee, B. y Jackson, A. (2020). Efectos de
la percepción de la disponibilidad de juegos de azar en la gravedad del juego
problemático. Journal of Gambling
Studies, 36, 1065-1091. https://doi.org/10.1007/s10899-020-09930-9
Page, M., McKenzie, J., Bossuyt, P., Boutron,
I., Hoffmann, T., Mulro, C., Shamseer, L., Tetzlaff, J., Akl, E., Brennan, S.,
Chou, R., Glanville, J., Grimshaw, J., Hróbjartsson, A., Lalu, M., Li, T.,
Loder, E., Mayo-Wilson, E., McDonald, S. y McGuinness, L. (2021). Declaración
PRISMA 2020: una guía actualizada para la publicación de revisiones
sistemáticas. Revista Española de
Cardiología, 74(9), 790-799. https://doi.org/10.1016/j.recesp.2021.06.016
Petry, N. M., Ammerman, Y., Bohl, J.,
Doersch, A., Gay, H., Kadden, R., Molina, C. y Steinberg, K. (2006). Cognitive-behavioral therapy for pathological
gamblers. Journal of Consulting and
Clinical Psychology, 74(3),
555-567. https://doi.org/10.1037/0022-006X.74.3.555
Petry, N. M., Weinstock, J., Ledgerwood, D. M. y Morasco, B. (2008). A
randomized trial of brief interventions for problem and pathological gamblers. Journal of Consulting and Clinical
Psychology, 76(2), 318-328. https://doi.org/10.1037/0022-006X.76.2.318
Pfund, R. A., King, S. A., Forman, D. P., Zech, J. M., Ginley, M. K.,
Peter, S. C., McAfee, N. W., Witkiewitz, K. y Whelan, J. P. (2023). Effects of
cognitive behavioral techniques for gambling on recovery defined by gambling,
psychological functioning, and quality of life: A systematic review and
meta-analysis. Psychology of Addictive
Behaviors, 37(7), 936–945. https://doi.org/10.1037/adb0000910
Potenza, M. N., Balodis, I. M., Derevensky,
J., Grant, J. E., Petry, N. M., Verdejo-Garcia, A. y Yip, S. W. (2019). Gambling disorder.
Nature Reviews Disease Primers, 5(1),
51. https://doi.org/10.1038/s41572-019-0099-7
Ribeiro, E. O., Afonso, N. H. y Morgado, P.
(2021). Non-pharmacological treatment of
gambling disorder: A systematic review of randomized controlled trials. BMC Psychiatry, 21(1), 105. https://doi.org/10.1186/s12888-021-03097-2
Sánchez-Meca, J., y Botella. (2010).
Revisiones sistemáticas y meta-análisis: herramientas para la práctica
profesional. Papeles del Psicólogo, 31 (1), 7-17. https://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1792.pdf
Smith, D. P., Battersby, M. W., Harvey, P. W., Pols, R. G. y Ladouceur,
R. (2015). Cognitive versus exposure therapy for problem gambling: Randomized
controlled trial. Behaviour Research and
Therapy, 69, 100-110. https://doi.org/10.1016/j.brat.2015.04.008
Toneatto, T. (2016). Single-session interventions for problem gambling
may be as effective as longer treatments: Results of a randomized control
trial. Addictive Behaviors, 52, 58-65. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2015.08.006
Verdura-Vizcaíno, E. J., Fernández-Navarro, P., Vian-Lains, A., Ibanez,
A. y Baca-García, E. (2015). Características sociodemográficas y
comorbilidad de sujetos con juego patológico e intento de suicidio en España. Revista Colombiana de Psiquiatría, 44(3), 159-165. http://www.redalyc.org/pdf/806/80643082006.pdf
Villatoro, J. A., Resendiz, E., Bustos, M.
N., Mujica, A. R., Medina-Mora, M. E., Cañas, V., Soto, I. S., Fleiz, C. y
Romero, M. (2018). Magnitude and extent
of gambling disorder in the Mexican population. Salud Mental, 41(4),
1-11. https://doi.org/10.17711/SM.0185-3325.2018.024
Zhuang, X. Y., Wong, D. F. K., Ng, T. K., Jackson, A. C., Dowling, N. A.
y Lo, H. H. (2018). Evaluating the Effectiveness of an Integrated
Cognitive-Behavioural Intervention (CBI) Model for Male Problem Gamblers in
Hong Kong: A Matched-Pair Comparison Design. Journal of Gambling Studies,
34 (3), 969-985. https://doi.org/doi:10.1007/s10899-018-9747-1